GENTE

DE RICO A MONJE

Kazuo Inamori, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Kioto y de la compañía de telecomunicaciones DDI, además de fundador de una de las mayores empresas de electrónica japonesas, Kyocera, ha abandonado todo este mundanal ruido y se ha retirado a un monasterio budista. El empresario, que se dedicó durante cuatro décadas en cuerpo y alma a convertir Kyocera de pequeña empresa de cerámica en uno de los imperios de alta tecnología más grandes de Japón, con una facturación de casi 5.500 millones de dólares y más de 31.000 empleados en veinte países, ha decidido dar un salto mayor que el que va del botijo al chip y ha tomado los hábitos en el templo zen Empuku, fundado hace 2 10 años en la antigua capital, Kioto. Inamori había avisado el año pasado que cuando cumpliera 65 años dejaría sus afanes materiales para emplearse a fondo en el cultivo del espíritu, pero una operación de cáncer de estómago le obligó a posponer unos meses la contemplación, a la que ahora finalmente se ha entregado.-

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