Editorial:
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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Mas madera

POR SEXTA vez en lo que va de año, el Banco de España ha rebajado el tipo de interés de referencia y lo ha situado en el mínimo histórico del 4,75%. Esta reducción de 0,25 puntos se produce después de conocerse un IPC mediocre en noviembre, que elevó en una décima -hasta el 2%- la tasa interanual de inflación. Pero coincide también con las nuevas previsiones del FMI y la OCDE, que han rebajado en casi un punto las expectativas de crecimiento para 1998 por el impacto negativo de la crisis asiática.El entorno es complejo. Si bien en el interior los resultados momentáneos de la inflación no invitan a reducir el coste del dinero, el efecto de la crisis asiática en Europa parece exigir un nuevo recorte de tipos para apuntalar el crecimiento en los países industrializados. A ello se suma que el Banco de España debe rebajar los tipos españoles para aproximarlos a los alemanes a medida que avanza el calendario del euro.

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Se trata, pues, de una aproximación obligada, y no de un reconocimiento eufórico a las excelencias de la situación, como se pretende desde algunos sectores del Gobierno. Pero es, con todo, una decisión significativa. El hecho de que el banco no haya esperado a enero para rebajar el cuartillo es un indicio de que debe distribuir en un tiempo limitado un recorte de tipos más amplio de lo esperado. Una estrategia posible sería situar los tipos de interés en tomo al 4,25% a mediados de 1998 -puesto que no tiene por qué haber convergencia total hasta enero de 1999- y esperar hasta finales de año para el ajuste final, en función de lo que haga el Bundesbank, aunque los mercados son escépticos sobre una posible subida en Alemania, ya que perjudicaría sus perspectivas de crecimiento.

Hay que convenir con el vicepresidente Rato en que la rebaja es saludable para la economía. Abarata los créditos, reduce el Coste de las hipotecas y baja el coste financiero de las empresas, lo que les permite aumentar sus beneficios. Lo que no está tan claro es que se traduzca, al menos por ahora, en una mayor creación de empleo: los hechos recientes demuestran que, en un periodo prolongado de descenso de tipos y crecimiento sostenido, la generación de puestos de trabajo sigue siendo inferior a la necesaria para reducir el paro estructural. Que el descenso de la inflación y el abaratamiento del coste del dinero se traduzca en consumo, en inversión y en empleo es, en parte, tarea del Gobierno; y eso no se consigue sólo con invocaciones de manual. Si no se consigue, se habrá perdido una ocasión histórica.

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