Entrevista:

''Tenemos que acabar con el Estado de malestar social"

Brasil, razona frecuentemente el presidente Fernando Henrique Cardoso, no es un país pobre, es un país injusto. Unos cuantos grupos privilegiados, de acuerdo a su teoría, tomaron hace décadas el control del Estado y lo convirtieron en un instrumento que profundizó la desigualdad. Su misión desde que asumió la presidencia en 1994, y que pretende continuar en un segundo mandato si consigue, como dicen todas las encuestas, la reelección en octubre, es acabar con ese Estado, que Cardoso define como "Estado de malestar social", y crear un sistema dinámico en el que sector público y la sociedad civil cooperen en la creación de riqueza. Labor urgente en una nación que, según un reciente estudio del Banco Mundial, concentra al 4% de los pobres del mundo y en la que cerca de 40 millones de personas sobreviven con menos de un dólar por día. Horas antes de viajar a Chile para participar en la Cumbre de las Américas y en vísperas de su visita a España, adonde llegará el martes, Cardoso, de 66 años, explica, desde su particular visión socialdemócrata, la receta para la modernización.Pregunta. Existen quejas de que el Plan Real, del que usted es autor, ha permitido que la economía marche bien, mientras, que la gente vive peor. ¿Es así?

Respuesta. Yo creo que nunca ha habido una reforma económica tan barata como ésta. Normalmente, cuando se sale de un periodo de una docena de años de inflación hay que aplicar medidas muy rígidas. Aquí se ha hecho un esfuerzo por combatir la inflación sin caer en la recesión. Con todo lo que hemos hecho desde 1994 hasta la fecha, la economía creció siempre. Si se suma, ese crecimiento, debemos tener un aumento del Producto Interior Bruto del 25% desde ese momento. Aun considerando los efectos de la crisis asiática, se espera que este año vamos a crecer un 2%, que no está mal teniendo en cuenta que la tasa de crecimiento de la población es de 1,4%. La renta promedio de los trabajadores ha aumentado también considerablemente. El dato y más preocupante es el nivel de empleo. Sin embargo, hasta el año pasado, la tasa de desempleo no había pasado de cinco y algo. No se trata de un dato alarmante. Este año ha subido un poco. Al final de año el índice de desempleo va a estar un poco por encima del 6%.

P. ¿Qué piensa usted corregir de su programa económico para su segundo mandato?

R. El programa económico no se ha completado. Para que se pueda mantener la inflación en niveles estables y retomar el crecimiento de un 3% al año es necesario seguir una política estricta de equilibrio fiscal, y el problema para combatir, el déficit fiscal es que son necesarias reformas estructurales que cuesta mucho aprobar en el Congreso, especialmente la reforma de la Seguridad Social. En el sector público, cuando alguien se jubilaba cobraba un 20% más del salario que tenía cuando estaba activo. Eso es insensato. Eso ya ha sido eliminado. Ahora voy a ver si el Congreso me aprueba una refórma que diga lo siguiente: una persona no podrá jubilarse si no, contribuye al menos durante 35 años a la Seguridad Social y tiene por lo menos 53 años de edad. Me parece muy razonable, pero aquí eso es un escándalo.

P. Supongo que es un escándalo porque afecta a aspectos esenciales del Estado de bienestar.

R. Ustedes pueden hablar de sociedades de bienestar. Aquí lo que tenemos son sociedades de malestar. Lo que yo quiero cambiar es el Estado de malestar y crear un Estado de bienestar social. Aquí lo que ocurre el que hay grupos privilegiados que controlan la parte importante del presupuesto. Lo que yo quiero es un Estado para todos.

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P. Pero parece, por las políticas que están de moda y que usted practica, que la mejor manera de crear un Estado para todos es, sencillamente, eliminar el Estado.

R. Siempre tiene que haber Estado. Yo estoy totalmente en contra de las teorías neoliberales. Yo no creo que el mercado deba ser el que decida el futuro. Tiene que haber Estado, principalmente en países como el nuestro, llenos de pobreza. Ahora bien, ese Estado debe ser reformado, y reformado ¿para qué? Actualmente tenemos un sistema de reparto; o sea, las generaciones futuras pagan por el bienestar de las generaciones anteriores. ¿Por qué no tener también un sistema intermedio en el que exista también capitalización; en el que se creen fondos de capitalización? El Estado no puede ser un instrumento que entorpece las decisiones.

P. En definitiva, neoliberalismo.

R. No es eso. Blair o Jospin, ¿son neoliberales? Hay que reconocer que el mercado existe, que es importante como instrumento de distribución de recursos, pero que no es todo. Lo que no puede ser es un Estado que interviene irracionalmente, que crea condiciones de desigualdad creciente en nombre de la igualdad. Yo creo que la sociedades del futuro van a ser sociedades en las que habrá más espacios públicos y menos espacios burocratizados, y hago una distinción entre público y estatal. Habrá que crear fórmulas de vinculación entre lo que llamamos sociedad civil, más activa, organizada, y el Estado. Eso no es neoliberalismo. Quizá Thatcher haya sido neoliberal, y ni siquiera ella logró destrozar la estructura del Estado británico. Pero aquí no deseamos destrozar el Estado.

P. ¿Se sitúa, pues, usted en el mismo espacio ideológico de Blair y Jospin?

R. Y ellos también me sitúan en ese espacio. Sí, claro. Blair lo ha dicho expresamente. Igual que Guterres en Portugal. Piensan lo mismo que yo pienso, grosso modo. En Francia la situación es un poco diferente. Quizá el socialismo francés sea un poco más vinculado a las ideas del Estado. El problema general es que las políticas públicas han sido acaparadas por los sectores más poderosos para reproducir la desigualdad, en perjuicio de amplios sectores de capas medias.

P. ¿Está consolidada la economía brasileña y su proyecto de reforma?

R. Yo creo que sí. Más que eso. Está consolidada la sociedad democrática. Lo importante es que el plan económico se hizo a sabiendas de la sociedad y con el respaldo de la sociedad. Hoy día, la sociedad brasileña dispone de mucha libertad y mucha información. La, gente toma conciencia de sus intereses. Aquí no podría pasar lo que pasó en otros países de América Latina y de Asia, que de pronto se descubrió que las cosas no eran como se decían.

P. Hace tres años decía usted que la reelección sería imposible. Seguramente hoy piensa de otra manera.

R. Todavía lo pienso. Es muy difícil la reelección. Yo soy más popular entre los pobres que entre los ricos. Por dos cosas: una, porque el control de la inflación les permitió comer, y dos, por que no hay ni atisbo de corrupción.

P. Usted ha sido siempre el dirigente latinoamericano más reacio al proyecto ALCA, y así se lo dijo personalmente a Clinton el año pasado. ¿Mantiene usted la misma posición?

R. A mí me gusta Clinton. Creo que, tiene valor, inteligencia, que es directo. Es una persona con quien uno se siente bien fácilmente. Cuando visitó Brasil yo le dije: 'Nosotros queremos la integración, pero no creemos que eso se pueda hacer en detrimento de Mercosur'. Y a él le pareció razonable. ALCA no se puede hacer destruyendo lo que. tenemos. Nosotros no queremos perder nuestra capacidad actual de diversificación de nuestro comercio. No queremos entrar en ALCA para estar encajonados. Nosotros queremos construir ALCA, pero cada quien tiene sus intereses y hay que discutirlo de forma global. No queremos discutir primero lo que interesa a Estados Unidos y después, nunca, lo que nos interesa a nosotros.

P. ¿Cuál es su punto de vista sobre la situación en Cuba?

R. Tarde o temprano, Cuba va a tener que tomar un camino distinto al actual. Nosotros nunca tuvimos una política ni, pro ni anti-Cúba. Nunca fuimos ni México, más próximo a Cuba, ni Argentina, más contrario. Nuestra política es cauta pero no hostil. Mi posición personal es que Fidel podía actuar más en los cambios internos, no entiendo por qué no lo hace, y creo que no lo va a hacer. Su discurso es, incluso en términos emocionados, el de mi mundo se acabó. Pero es que nadie debe conformarse con el fin de su mundo, tiene que adaptarse al mundo, al mundo que existe. Nuestra obligación es encontrar la manera de sacarle más provecho para el pueblo al mundo que existe. Es como cuando me preguntan si estoy a favor de la globalización; la globalización es un hecho, yo no defiendo la globalización, yo defiendo al pueblo, la libertad, la igualdad y trato de sacar más provecho para el pueblo en un marco de globalización.

P. ¿Cuánto han obtenido de las privatizaciones y cuánto más esperan obtener? R. El Estado brasileño es un Estado rico. Hasta la fecha hemos sacado un total de unos 25.000 millones de dólares. Los activos del Estado brasileño deben de estar entre los 100.000 y los 150.000 millones de dólares.

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