JOSÉ LUIS DE CASTRO PROFESOR DE RELACIONES INTERNACIONALES "En la guerra de Kosovo hubo una manipulación brutal con el léxico"

José Luis de Castro (Lasarte, 1965), profesor en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UPV, ha sido uno de los ponentes invitados en los Cursos de Derecho Internacional de Vitoria, que este año han celebrado su décimoctava edición. En su disertación, se refirió a la nueva "sociedad de la información" y a la importancia de los medios de comunicación en las relaciones internacionales. De Castro defiende una visión neutra, entre los defensores a ultranza de las tecnologías de la información y del "papanatismo mediático" y la posición "crítica o apocalíptica, que opina que las redes de comunicación siguen generando dependencia y un imperialismo cultural". Pregunta. Usted comparte muchos puntos de vista del Informe sobre Desarrollo Humano de la ONU. Respuesta. Sí, hay algunos datos bastante claros. Los países de la OCDE, con el 19% de la población mundial, suponen el 91% de todos los usuarios de Internet. Tailandia tiene más teléfonos celulares que toda África. Asia Meridional, donde vive el 23% de la población mundial, tiene menos del 1% de los usuarios de Internet. Otro dato que me ha dejado sorprendido: adquirir un ordenador le cuesta a un habitante medio de Bangla Desh más de ocho años de sus ingresos. El inglés predomina en el 80% de la red, cuando sólo uno de cada diez habitantes del mundo lo hablan... P. ¿Qué posición defiende usted respecto a los beneficios o perjuicios de las redes? R. La sociedad de la información no es igualitaria, pero tampoco es asimétrica en un sentido de dependencia Norte-Sur. Las redes no excluyen al Sur, sino a segmentos concretos de población, tanto del Norte como del Sur. Por otro lado, sí ayudan a la democratización y hay ejemplos concretos: el movimiento zapatista se extendió y pudo defenderse gracias a Internet. No todo es negativo en la red. La clave está en utilizarla bien. No descubro nada. P. ¿Cómo puede mejorar su uso? R. La ONU dice que deben recaudarse nuevos fondos para asegurar que la revolución de la información llegue al desarrollo humano, por ejemplo, implantando un impuesto sobre las patentes y destinar los fondos a implantarlas en países en desarrollo. P. ¿No es una propuesta un tanto utópica? R. No le daría demasiada importancia en cuanto a que se pueda materializar. Lo importante es que todos tomemos conciencia de que Internet no es el mejor de los mundos posibles, pero tampoco un elemento de absoluta dominación. Tampoco creo que sea tan factible el teletrabajo, la telecompra, el teleocio... como se está vendiendo, porque la comunicación directa no siempre es sustituible. Tenemos un ejemplo en que los líderes políticos, por muchas posibilidades de comunicación que haya, siguen viajando para entrevistarse entre ellos. P. En los cursos ha hablado sobre la intervención de los medios de comunicación en conflictos bélicos, en concreto en Kosovo. R. Ha habido variaciones en las últimas décadas. Vietnam es la máxima expresión de transparencia informativa, pero fue contraproducente para el Gobierno de EE UU. Eso no se ha repetido nunca más. En las Malvinas, el Reino Unido seleccionó a los periodistas, pero no vieron la guerra. Este modelo se aplicó en la guerra del Golfo de manera acentuada; es el mayor ejemplo de desinformación por exceso de información. Surgen así la ideología del directo y el efecto CNN, de modo que el periodista desaparece. Es una denuncia que hacen los propios periodistas. En Kosovo se han repetido los mismos esquemas, y además la manipulación ha sido brutal con el léxico. Se ha hablado de intervención armada, en vez de guerra; de daños colaterales y no de injustificados muertos civiles; de campañas aéreas, no de bombardeos. P. ¿Esa desinformación tiene a los medios como únicos responsables? R. No, por supuesto. Es algo estructural. P. Dice usted también que los medios de comunicación se han convertido ya en el segundo poder. R. Sí. Simplemente ocurre que la naturaleza del poder ha cambiado. Había tres poderes tradicionales, pero ahora está más difuso. El principal poder es el económico; el segundo, el mediático, y el tercero, el político. Cuando se tienen los dos primeros, conseguir el tercero es muy fácil.

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