Alemania devuelve a Rusia un mosaico de la Cámara de Ámbar Esta joya florentina, fruto del expolio nazi, apareció en Bremen en 1997

Michael Naumann, ministro de Cultura de Alemania, entregó ayer a Rusia un mosaico perteneciente a la desaparecida Cámara de Ámbar y una cómoda rococó que formaba parte del mobiliario de esa sala que era el orgullo del Palacio de Catalina situado en el complejo palaciego Pushkin, cerca de San Petersburgo. A la ceremonia, que tuvo lugar en el citado palacio, asistieron el presidente electo, Vladímir Putin; el ministro de Cultura, Mijaíl Shvidkói, y otros altos funcionarios.

El mosaico florentino devuelto por Alemania es uno de los cuatro que adornaban la Cámara de Ámbar, considerada una auténtica joya artística. Tanto el mosaico como la cómoda revestida de ámbar aparecieron en febrero de 1997 en Bremen, cuando su dueño trató de vender las piezas. Se trataba del hijo de un oficial alemán que había participado en el desmontaje de la Cámara de Ámbar. Los nazis, en 1941, se llevaron del palacio los paneles desmontados de la magnífica sala, que fue trasladada a Königsberg (hoy el enclave ruso de Kaliningrado), entonces capital de la Prusia Oriental. La última vez que se vio la Cámara en esa ciudad fue en 1945, poco antes de que los alemanes se retiraran.

La Cámara de Ámbar fue creada en el siglo XVIII por el arquitecto Andreas Sluter para adornar el Gran Palacio Real en Berlín, en tiempos de Federico I de Prusia. Pero finalmente, inconclusa, se la destinó a una galería del castillo de Charlottenburg. En 1716, su sucesor, Federico Guillermo I, recibió al emperador Pedro el Grande de Rusia y decidió regalarle la Cámara.

Alegoría de los sentidos

El arquitecto Bartolomeo Rastrelli, por orden de Catalina II, fue el encargado de convertir la obra inconclusa en una de las maravillas del mundo de la época. Rastrelli creó los cuatro marcos de ámbar, en los que primero se pusieron espejos, después cuadros y finalmente los mosaicos florentinos, alegoría de los cinco sentidos del hombre. Olfato y Tacto es el devuelto por Alemania, y ya había sido reconstruido por los restauradores rusos que desde 1979 están rehaciendo poco a poco la obra maestra. El original ocupará su legítimo lugar, mientras que la copia será expuesta como cuadro en un caballete.

La Cámara de Ámbar ya está reconstruida en más de un 50% y los restauradores han prometido terminarla para el 2003, año en que San Petersburgo festejará el 300º aniversario de su fundación. En la financiación de estos trabajos participa Ruhrgas, la mayor empresa de gas de Alemania, que el año pasado anunció que invertirá 3,5 millones de dólares (casi 610 millones de pesetas) en la restauración de la Cámara.

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La suerte corrida por la Cámara de Ámbar continúa siendo un misterio. Nadie sabe con certeza si, como sostienen algunos, desapareció en un incendio o en un naufragio, si se encuentra en un sótano de Kalingrado o en algún lugar de Turingia.

Según una de las últimas hipótesis, sostenida por el explorador alemán Helmut Heinzel, la Cámara estaría en el poblado checo de Gora-Santa Catalina.

Desgraciadamente, Olfato y Tacto no puede servir de pista para encontrar el resto de la Cámara, ya que este mosaico desapareció en 1941, cuando se la desmontó del Palacio de Catalina y antes de que los nazis se la llevaran a Königsberg.

La delegación germana que trajo a Rusia el mosaico regresa con una valiosísima colección de 101 dibujos de la Galería de Bremen, entregados hace siete años a la Embajada de Alemania en Moscú por un ex soldado soviético. Mijaíl Shvidkói entregó el viernes en la capital rusa a su homólogo Michael Naumann el permiso para llevarse la colección.

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