Le Pen se autoelige jefe del Frente Nacional

Cualquier tiempo pasado fue mejor. Jean-Marie le Pen deberá pensar esto cuando hoy le reelijan, a través de un voto a mano alzada -la situación de debilidad no permite votos nulos o blancos-, presidente del Frente Nacional. Es el único candidato en un contexto en el que ya no es visto como jefe indiscutible sino como déspota inevitable."Hemos perdido la cuarta parte de nuestros afiliados", dijo ayer Le Pen al recordar "esa escisión que nos ha debilitado", en referencia a su enfrentamiento, en el mes de diciembre de 1998, con Bruno Mégret, actualmente al frente del minúsculo Mouvement National Républicain (MNR).

Pero Le Pen aún está convencido de que "todos los motivos que crearon el Frente Nacional -la inmigración masiva, la inseguridad creciente, el paro constante, la fiscalidad y la corrupción latente- siguen ahí y van a relanzar nuestro movimiento".

En las últimas elecciones europeas, el Frente Nacional obtuvo un 5,7% de los sufragios, la mitad de los conseguidos cinco años antes. En varias elecciones legislativas parciales celebradas después de la escisión ese porcentaje de 50% de votos evaporado se ha mantenido. El dato es relevante porque la menor fuerza electoral del Frente Nacional modifica el panorama electoral de las legislativas del 2002: la derecha clásica puede ganar. De ahí quizá, de la necesidad de dividir a la derecha democrática y de ofrecer tema de combate al Frente Nacional, que la izquierda desentierre el próximo 2 de mayo la vieja promesa del derecho a voto en las municipales para los extranjeros no comunitarios.

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