El síndrome del ascensor

Es el síndrome del ascensor. La gente, cuando se ve encerrada en un lugar determinado, tiende a hablar entre sí. Aunque sea de trivialidades. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, convirtió una gran sala de la sede internacional en un ascensor gigante, en el que los máximos dirigentes de casi 150 países se encontraron cara a cara, sin asesores, ni traductores, ni agentes de seguridad.Y hablaron unos con otros. Incluso Bill Clinton y Fidel Castro hablaron. No sólo eso: se dieron la mano. La Casa Blanca negó al principio que hubiera habido contacto alguno, pero al final admitió que sí. El presidente cubano, de 74 años, dio la mano por primera vez en su vida a un presidente de Estados Unidos durante la preparación de la foto de familia de la cumbre. "Simplemente ocurrió.", explicó Clinton. "Había mucha gente en la habitación. estaba hablando con ellos cuando me di la vuelta y él estaba allí de pie. Aparentemente me había estado esperando...El encuentro duro sólo unos segundos. Eso es todo lo que pasó", declaró luego un sorprendido Clinton. No se sabe de qué hablaron, aunque muy probablemente fue una conversación de ascensor: el tiempo, o quizá el béisbol, al que Castro es muy aficionado.

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Para compensar, dadas las intensas protestas de la comunidad cubana en Estados Unidos y la importancia del voto cubano en las próximas elecciones presidenciales, Clinton dejó a Castro fuera de la lista de invitados a la fiesta que se celebró el jueves por la noche en el Museo Metropolitano de Nueva York.

Todo el mundo admite que, aunque los resultados tangibles de la Cumbre del Milenio son apenas perceptibles, se ha avanzado mucho en el terreno de las relaciones personales. El espacio era tan escaso, la agenda de actividades tan intensa y las incomodidades -embotellamientos, retrasos, escasez de hoteles y restaurantes-, tan comunes, que los líderes mundiales se han sentido por una vez casi iguales unos a otros. Por una vez, las limitaciones de la sede de naciones Unidas, envejecida y carente de cosas tan frecuentes hoy en día como un sistema de regulación de temperatura (sólo hay dos opciones: calefacción o aire frío), jugaron a favor de la convivencia.

En otras cumbres, los máximos dirigentes siempre están acompañados de su comitiva y son frecuentemente accesibles a los medios de comunicación. No en Nueva York. La información apenas fluyó al exterior, y cuando lo hizo fue a borbotones, en una mezcla de decenas de opiniones distintas. Pero dentro hubo, según fuentes de diferentes países, una calidez humana inusual en reuniones de este tipo.

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