FÚTBOL 15ª jornada de Primera División

El Barça paga sus carencias

El equipo azulgrana tuvo multitud de ocasiones para vencer al Rayo en Vallecas, pero concedió el empate

, MadridAl Barça no le bastaron dos goles, tres remates al palo y nueve ocasiones para imponerse al Rayo Vallecano, que aprovechó la inconsistencia de los defensas azulgrana para empatar el partido. En realidad, el Rayo no hizo nada novedoso. El Barça no acaba de encontrar atrás aquello que le sobra adelante. Se obliga a marcar demasiados goles para compensar las carencias de unos defensas que no le resuelven los problemas. No le queda otro remedio que convertir un altísimo número de sus oportunidades, de lo contrario se expone a padecer partidos como el de Vallecas, como el de Vigo, como tantos otros donde el Barça no logró poner la distancia que mereció.

En un equipo con la vocación ofensiva del Barça, hasta los defensas piensan como delanteros. Frank de Boer marcó el segundo gol de su equipo, pero colaboró en los dos tantos del Rayo. En el primero no despejó de cabeza un balón que circulaba sin dueño por la línea del área grande. También colaboró Gabri, que no detectó la llegada de Míchel, ni Petit, lento para obstaculizar el salto de Bolic. El segundo gol también habló mal de los defensas. El Barça estaba por delante, por fin en condiciones de mover la pelota y dar carpetazo al encuentro. No fue así. De repente, Bolic entró en el área para jugarse un mano a mano con De Boer. Es decir, el Barça no puso ninguna red de seguridad para preservar su ventaja. Se expuso innecesariamente y el Rayo lo aprovechó: Bolic le tiró el engaño al central holandés, que sacó la manita para desviar la pelota en el área. Pablo Sanz transformó el penalti y dejó las cosas como habían estado durante una hora.

RAYO VALLECANO 2-BARCELONA 2

Rayo Vallecano: Lopetegui; Alcázar, Ballesteros, Urbano (Bartelt, m.46), Mingo; Quevedo, Helder (Iván Iglesias, m.65), Pablo Sanz, Míchel, Setvalls (Mauro, m.90); y Bolic.Barcelona: Reina; Gabri, De Boer, Pettit, Sergi; Simao, Guardiola, Gerard, Luis Enrique, Overmars; y Kluivert (Alfonso, m.83). Goles: 1-0. M.4. Centro de Míchel desde la izquierda que cabecea Bolic sin oposición de Pettit. 1-1. M.7. Gerard recoge la pelota en el medio campo, quiebra a Urbano y cruza un gran derechazo desde fuera del área. 1-2. M.65. De Boer cabecea una falta sacada desde la izquierda por Guardiola. 2-2. M.72. Bolic levanta la pelota sobre De Boer, que da un manotazo al balón en el área. Pablo Sanz transforma el penalti. Árbitro: Undiano. Amonestó a Pablo Sanz, De Boer y Luis Enrique. Unos 15.000 espectadores en el estadio de Vallecas.

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Las dañinas concesiones defensivas impidieron la victoria del Barça, no tanto por la excelencia de su juego como por la facilidad para crear oportunidades. Sin apenas elaboración, con pelotazos a Overmars y Kluivert, caían las ocasiones con una frecuencia que obligaba a pensar en un cómodo triunfo. La actitud del equipo también era excelente. Gerard contestó con rapidez al primer gol del Rayo con una jugada de mérito. Se escapó con un regate largo de Urbano y sacó un tiro inapelable desde fuera del área. Urbano, un joven central de la casa, pasó por graves dificultades, claramente superado por el partido y por Kluivert, autor de un recital en el primer tiempo. Le faltó el gol, y esa lacra es capital en un delantero centro, pero su categoría no se discute. Por eso extrañó su sustitución en los últimos minutos, cuando a su equipo le apretaba la urgencia. Entró Alfonso, y pasó desapercibido.

El Rayo tampoco estuvo sobrado en el capítulo defensivo. Sufrió de lo lindo en cada llegada del Barça, especialmente en las arrancadas de Overmars. Pero si a Kluivert le falta claridad ante la portería, a Overmars le perdió en Vallecas su falta de precisión en el último pase. Por lo demás, le hizo un siete a Alcázar. Sobre la superioridad del Barça, habla la multitud de ocasiones que tuvo. Tres de ellas acabaron con remates al palo: un tiro seco de Simao, una vaselina de Kluivert y una parábola de Overmars desde el medio campo. También se vieron oportunidades perdidas por un palmo o despejadas por Lopetegui. Pero nada. El tenderete defensivo del Barça no funcionaba y el Rayo lo sabía. Le bastaba con muy poco para avisar a Reina.

Al equipo local le ayudó también su hábito al peculiar ecosistema de Vallecas, campo pequeño, estrecho, donde si pierdes el balón en el área contraria resulta tan peligroso como perderlo en el medio campo. En ese hábitat el Rayo se siente tan seguro que dificilmente capitula ante nadie. Y como el Barça no fue capaz de poner la ventaja suficiente, ocurrió lo previsto frente a unos defensas sospechosos. Llegó el empate y los jugadores azulgrana se quedaron pensando en lo crudo de su existencia: en los muchos goles que tienen que marcar para solucionar el perenne déficit defensivo, cosa que no ocurrió en Vallecas.

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