RELEVO EN LA CASA BLANCA

La dificultad del equipo económico

Los problemas económicos son la primera dificultad con que se topará George W. Bush. El presidente electo reconoció el viernes que le inquietaban las dificultades de grandes sectores industriales, como el automovilístico, y la reducción general del crecimiento. Su programa está encabezado, además, por una reducción de impuestos.Y, sin embargo, los nombramientos para el Tesoro y el Presupuesto son aún una incógnita. Esa incertidumbre empieza a inquietar a los parlamentarios republicanos. Sólo un nombre parece seguro. Lawrence Lindsey, el economista de 45 años que asesoró al candidato durante la campaña y confeccionó su plan para bajar los impuestos, seguirá cerca de Bush.

Muy probablemente, como director del Consejo Económico Nacional en la Casa Blanca. La influencia de Lindsey se ha convertido en una dificultad para cubrir la Secretaría del Tesoro y la dirección de la Oficina Presupuestaria: los aspirantes más cualificados no quieren ser simples subalternos del asesor presidencial. El secretario del Tesoro solía ser un segundón en el Gobierno estadounidense, emparedado entre el presidente de la Reserva Federal, a cargo de la política monetaria, y el director del Presupuesto, a cargo de la política fiscal.

La globalización económica, sin embargo, ha dado gran relevancia al cargo: el futuro secretario del Tesoro deberá reducir el déficit comercial, sofocar cualquier crisis que pueda surgir en Asia, Latinoamérica o Rusia (el efecto dominó es ahora bursátil y monetario) y manejar el cambio del dólar cuando las dificultades económicas domésticas empiecen a afectar la divisa.

Los principales candidatos proceden de Wall Street: Jack Hennesy (ex presidente de CS First Boston), Walter Shipley (ex presidente de Chase Manhattan) y Donald Marron (presidente de PaineWebber).

"Buscamos en Wall Street, pero no sólo allí", dijo el viernes un portavoz de Bush. Eso ha incluido en la lista al congresista tejano Bill Archer.

Para el presupuesto se apostaba por John Cogan, un economista de Stanford. Pero Cogan ha anunciado que, por razones familiares, no puede trasladarse a Washington. Ese vacío en la dirección del Presupuesto está abriendo las primeras grietas en el bando republicano. Los moderados temen que, si se nombra a un duro que intente imponer una reducción de impuestos drástica, los demócratas declararán la guerra.

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Los radicales creen, sin embargo, que esa reducción de impuestos es lo único no negociable, y que se debe aprovechar el previsiblemente breve impulso inicial de la presidencia para aprobarlo cueste lo que cueste.

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