Un lenguaje fascinante

'El arte es una abstracción que conviene manejar para el lenguaje de las palabras y no caemos en la cuenta de que el arte, de suyo, también es un lenguaje fascinante, que cuando acierta plenamente en lo que queremos decir lo llamamos belleza, de cualquier orden que sea', afirmó ayer el pintor Gustavo Torner (Cuenca, 1925), que fue el encargado de pronunciar el discurso de contestación al nuevo académico de Bellas Artes, Francisco Calvo Serraller.

Torner elogió la argumentación de que el crítico se convierta en artista de la crítica e hizo un recorrido histórico tras afirmar que tales razonamientos se plantean en la creación artística sólo en determinados tiempos de la historia, 'en los que coincide el intenso interés por la obra artística, su crítica, lo que significa su valoración intelectual-artística y su historia, que es la comparación de sus similitudes y diferencias, también en el tiempo. Casi siempre en esos momentos aparece el afán por poseer esas obras, y de ahí su coleccionismo'. Según explicó el artista, 'no siempre ha sido así. Es más, lo ha sido relativamente poco, aunque ahora sí estamos en uno de esos momentos'.

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Torner señaló que 'si el hombre avanza en algo a través de los tiempos es un poco en libertad y algo más en conciencia, en darse cuenta de las cosas. Y, lógicamente, quiere saber, darse cuenta cabal de lo que es el arte. Y de ahí sus indagaciones, entre otras, las históricas y las críticas. Pero el arte, escurridizo, se escapa de entre los dedos'. 'El arte', dijo, 'no existe como cosa, sino como cualidad que tienen en común las obras de arte'.

El artista consideró un acierto hablar de un 'diálogo con la obra de arte, de la intuición, de la caricia. No se puede acariciar un concepto. El concepto se propone. Pero se puede acariciar a una persona y en todo caso a un objeto material en el que se encarna esa cualidad que es el arte'. Para concluir, destacó que 'también es verdad que la obra de arte, ahora, se quiere cada vez más desmaterializada'.

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