'Ariel Sharon nos defenderá'

Los 170.000 colonos israelíes han acogido con entusiasmo al nuevo primer ministro

'Asentamientos, seguridad y Sharon'. En la entrada de la colonia judía de Qiryat Arba ondea aún esta pancarta; son los últimos vestigios de la batalla electoral celebrada la pasada semana en Israel. El triunfo del líder ultranacionalista del partido Likud, Ariel Sharon, como primer ministro ha llenado de esperanzas al movimiento colono de Israel, que ha acogido su victoria en los comicios como si se tratara de la llegada de un nuevo mesías: 'Sharon nos defenderá'.

'Todos hemos votado por Sharon', asegura con orgullo Shlomo , vecino del asentamiento de Qiryat Arba, a medio centenar de kilómetros al sur de Jerusalén, uno de los más importantes y combativos de Cisjordania, en plena resaca electoral, mientras otea con aparente tranquilidad su futuro y asegura con firmeza que nadie conseguirá moverlos de esta población, construida hace 32 años, en la que viven aproximadamente 6.200 ciudadanos judíos, olvidándose de que lo hacen sobre un territorio usurpado al pueblo palestino.

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Durante los últimos cuatro meses los vecinos del asentamiento de Qiryat Arba, a las puertas de la ciudad palestina de Hebrón, han vivido sumidos en el miedo y la incertidumbre, provocadas por el acoso de la Intifada palestina y las promesas de los negociadores israelíes en el proceso de paz, que habían empezado a hablar en voz alta sobre la posibilidad de desmantelar algunos asentamientos, bloquear el crecimiento de otros e incluso trasladar ciertas poblaciones para agruparlas en bloques compactos y seguros.

Vivir en paz

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'Sólo queremos vivir en paz', continua Shlomo, administrativo de profesión y padre de cinco hijos, tratando de soslayar con una sola frase los capítulos más negros y tenebrosos de este asentamiento, como el protagonizado por el doctor Baruk Goldstein, un judío de origen estadounidense formado en la Universidad de Columbia, quien en una noche del Ramadán de 1994 irrumpió en la mezquita-sinagoga de Abraham para disparar con su arma automática contra los fieles musulmanes, que estaban rezando de espaldas al agresor; consumió entre dos y cuatro cargadores y asesinó a 30 palestinos.

Shlomo no tiene tiempo para más conversación; es la víspera de la fiesta del sabat y se dispone a sumarse a la manifestación convocada por todos los colonos de la región para protestar por los ataques de los palestinos, que en esta Intifada han matado a 14 de los suyos -sobre un total de 45 israelíes-, la mayor parte de ellos mientras conducían sus coches por las carreteras de Cisjordania. Los últimos han sido el doctor Samuel Gilli, un médico hematólogo, vecino del asentamiento cercano de Karmer Tzur, que fue tiroteado en plena carretera cuando volvía a su casa, después de una jornada de trabajo en el hospital cercano de Hadassa, y un colono de 35 años (no fue facilitada su identidad), que murió ayer al recibir un disparo en la cabeza cuando conducía hacia el asentamiento de Gush Etzión, en Cisjordania. Los enfrentamientos entre milicianos palestinos y el Ejército israelí se recrudecieron ayer después de esta muerte.

'Sharon nos defenderá', asegura a modo de despedida Shlomo, alzando la mano y señalando los carros de combate y blindados que el Ejército israelí ha desplazado en las últimas semanas a las entradas de los 194 asentamientos de Israel, para proteger de esta manera a los 170.000 colonos que habitan en ellos.

En esta víspera del sabat el Ejército israelí hará algo más; colocará en estado de sitio a todas las poblaciones palestinas situadas al pie de la carretera 60 que lleva de Jerusalén a Hebrón y custodiará a los manifestantes israelíes que bloquearán durante tres horas la ruta con su protesta. El triunfo de Sharon les ha hecho aún más invulnerables.

Ariel Sharon -Arik para los íntimos- se ha convertido a lo largo de su vida política en un ferviente abanderado del movimiento colono israelí. Su apoyo a la creación de los asentamientos lo dejó patente en la década de los años setenta, cuando en su condición de ministro de Agricultura del líder nacionalista Menahen Beguin (1977 a 1981) impulsó la construcción de numerosos enclaves en Cisjordania y Gaza, 64 en total. Estos pioneros del judaísmo confían en él hasta el punto de que están dispuestos a olvidar que en 1982, cuando era ministro de Defensa, ordenó arrasar y destruir el asentamiento de Yamit, en el Sinaí, sacrificado en aras del acuerdo entre Israel y Egipto.

Alma de colono

Sharon tiene el alma de un colono. Así lo confiesa en su autobiografía precoz, publicada en 1989 y titulada Guerrero, donde hace predicamento de la defensa a ultranza de la tierra: 'Cuando la tierra te pertenece físicamente, cuando conoces cada colina, vado y huerto, cuando tu familia está allí, entonces es cuando tienes el poder, no sólo física, sino también espiritualmente'.

Hasta hoy Sharon ha permanecido fiel a esta forma de pensar, aunque en sus últimas declaraciones efectuadas a la prensa, durante la campaña electoral, ha anunciado que no permitirá bajo su mandato la construcción de nuevos enclaves, aunque sí la extensión de los ya existentes.

A caballo de este singular proceso de paz, el líder de la extrema derecha israelí se dispone a proteger a todos sus colonos.

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