El Festival de Málaga rinde homenaje a la carrera de Andrés Vicente Gómez

La última película a concurso no pasa del discreto telefilme

Esta coproducción hispano-norteamericana, no movió ayer un ápice los pronósticos de premios del festival malagueño. Entre otras cosas, porque a pesar de su buena voluntad y de su almibarado, soporífero contenido, se queda en telefilme. Y Una tarde con Gaudí, película fuera de concurso, es una tediosa historieta de americanas en Barcelona, de la que el propio Andrés Vicente Gómez, su productor, reconoció que era un filme 'correcto técnicamente, con actores americanos fuera de toda duda (Judy Davis y Juliette Lewis entre otros), pero a la que quizá le falte la inspiración de su directora'.

Gómez, que reconoció que ha retomado con el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, el abandonado proyecto de crear unos estudios y un parque temático sobre el cine en la ciudad, se definió como 'un productor de películas que están por encima de mis posibilidades y que ha hecho las que quería hacer' y se animó 'a tirarme 35 años más produciendo películas'. Entre sus obras más queridas descartó los mayores éxitos: 'ni Torrentes, ni Belle Epoque, me quedaría con obras como La verdad sobre el caso Savolta o La noche más larga'..

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Así las cosas, el palmarés final que hoy se dará a conocer parece un juego de dos, y ambas comedias: la notable Sin vergüenza, de Joaquín Oristrell, y Más pena que Gloria, de Víctor García León, sorprendente ópera prima. Juego de Luna podría llevarse algo, entre otras cosas porque el trabajo en ella de Ana Torrent es de gran fuste, aunque es bien cierto que no sería una exageración que Ángela Molina tuviera sus opciones por su magnético protagonismo en Sagitario. En cuanto a la actuación masculina, pocas dudas caben: Pepe Sancho ha compuesto un antihéroe majestuoso en El deseo de ser piel roja, de Alfonso Ungría.

Con el riesgo que supone hacer cábalas sobre las decisiones de cinco personas con gustos e, historiales diferentes por el cine, si el jurado pretende premiar la innovación, debería tener en cuenta a Sagitario, una de las películas más elegantes y estéticamente estimulantes que se han visto.

Y si se trata de apostar por un valor joven, a pesar de las debilidades de sus respectivos trabajos, conviene retener la inteligente mirada de dos debutantes: Sigfrid Monleón, director de La isla del holandés, y Gonzalo López Gallego, quien en Nómadas hace atisbar un talento superior a su film.

Por su parte, El juego de Cuba, parece el documental más apto para hacerse con los dos millones del premio. Esta obra del almeriense Manuel Martín Cuenca, con guión de él mismo y del cubano Alejandro Hernández, cuenta una historia subjetiva de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos a través del juego del béisbol.

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