Crítica:TEATRO | MORT ACCIDENTAL D'UN ANARQUISTA | GREC 2001
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Refrescante aire de comedia

Volver a Dario Fo es casi un deber, porque en muchos sentidos está por descubrir. No sus obras, desde luego, pero sí esa forma tan especial, tan directa, inmediata, en que es necesario montarlas. No en vano el suyo es un teatro que deriva directamente de la commedia dell'arte sin la cual sería imposible explicar el fenómeno Fo, un premio Nobel cuando menos inusual, anticonvencional, un clown en Suecia. Es un teatro que a nosotros se nos escapa, hecho de trucos antiguos, de complicidades con el público establecidas de siglos, salidas previsibles y, sin embargo, eficaces, golpes cómicos inverosímiles pero aceptables porque la convención lo consiente.

También Mort accidental d'un anarquista sigue los mismos parámetros, una receta tan italiana como los espaguetis. Teatro concebido como panfleto, con temas de estricta actualidad. Pese a ello, Morte accidentale di un anarchico, una pieza ya de 1974, es de las obras de Dario Fo que parecen llamadas a superar la barrera del tiempo. Tal vez porque en esta ocasión el objeto de su comicidad punzante, política y socialmente agresiva, es la policía, perrazo asesino del poder, y el anarquista se ha acabado convirtiendo hoy en paradigma de toda lucha, cualquiera que sea su nombre, por la libertad. Está, además, la figura del loco, el bufón, que larga verdades como puños.

Volar desde comisaría

De hecho, el loco es el verdadero protagonista de esta pieza. Un loco que se cuela en comisaría y se hace pasar por un juez que investiga el caso de la muerte accidental de un anarquista que salió volando -en un raptus, según dicen los informes amañados- por una de las ventanas de la comisaría. El loco, de locura lucidísima, hará bailar la marimorena a los comisarios involucrados en esta muerte... accidental.

La dificultad de montar esta pieza está, en todo caso, en traducirla a nuestro lenguaje escénico, que nada tiene que ver con los generosos excesos de los cómicos italianos que reservan, precisamente, el gesto apenas apuntado para remarcar los momentos más significativos. Así están concebidos los diálogos, a golpe de gesticulación, tan ágiles que no consienten ni un segundo de introspección, de duda. Algo que Pere Planella resuelve sin titubeos, dándole a la obra de Fo un ritmo ajustado, preciso, para desatar la comicidad.

Y están los actores, Josep Minguell haciendo de loco. Joan Massotkleiner y Carles Martínez son dos comisarios de aire inconfundiblemente facha, a los que se suma un tercero, Oriol Genís, que acabará, junto con Míriam Alemany, desenredando el embrollo. Joan Cusó es un simple policía, algo ingenuo, casi tonto, que cae en todos los lazos que el loco le tiende. Minguell ha encontrado en esta ocasión el punto justo para arrastrar hacia su juego delirante a los policías en esta obra que se mantiene fresca, desternillante, como el primer día.

Los actores de Mort accidental d'un anarquista.
Los actores de Mort accidental d'un anarquista.

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