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La tumba del cíclope

El político y economista Pascual Madoz ya enumeraba en su conocido diccionario, con datos de 1844, un total de 22 fundiciones plomizas aún en funcionamiento en Sierra de Gádor, con siete hornos reverberos ingleses (todos en Adra), tres del país (en Berja, Dalías e Instinción) y 23 castellanos distribuidos entre la capital y La Alpujarra almeriense. Los tres núcleos arquitectónicos que se pretenden poner en valor forman parte de un patrimonio autóctono, de evolución histórica que nace en la época romana, tal y como atestiguan documentos existentes.

Los investigadores del Centro Virgitano de Estudios Históricos (CVEH) no pasan por alto que, junto a la riqueza minera, la Sierra de Gádor generó también mitos y leyendas asociados a antiguas explotaciones y ocultos tesoros. Este centro, que tiene como objetivo resaltar la importancia de la infraestructura de una de las zonas mineras por excelencia en la península Ibérica, ha incidido asimismo en el aspecto mítico.

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Un patrimonio arruinado e ignorado

Capitaneado por el arqueólogo Lorenzo Cara, el CVEH ha explorado ese aspecto legendario con el que están asociadas en muchas ocasiones las minas. Los tesoros ocultos y sus feroces guardianes siempre han sido un poderoso acicate para la imaginación.

Un ejemplo de esta visión lo da la leyenda de la Sepultura del Gigante, en Laujar, construcción desmesurada que se creía tumba de un mítico cíclope. Este cíclope mantenía enconados rifirrafes con otro monstruo de su especie, que residía en Sierra Nevada. Ambos acabaron enterrados bajo las enormes piedras que se lanzaron.

De otro lado, el botánico francés Edmond Boisser cuenta, tras su viaje por la comarca en 1837, cómo el encargado de una mina de Berja le narraba las proezas del rey Salomón en la zona al abrir las entrañas de las rocas y marchar cargado de riquezas con toda su flota.

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