Reportaje:PERSONAJES

'La Boba' del 'cabezón'

D'Alessandro, la última perla del fútbol argentino, a punto de recalar en Europa, se distingue por sus regates burlescos

La demanda de buenos jugadores es incesante y las grandes fábricas del fútbol argentino no se detienen. El River acaba de conquistar el torneo Clausura de la liga, su título número 31, con seis chavales hechos en casa. Uno de ellos, el defensa central Martín Demichelis, de 22 años, será la próxima temporada el primer jugador argentino en la historia del Bayern Múnich. La cantera donde se modeló entre otros a Gallardo, Ortega, Aimar y Saviola, coloca ahora en el escaparate de joyas al goleador Fernando Cavenaghi, de 19 años, y a un media punta de estilo clásico, Andrés D'Alessandro, de 22 años, el padre de la boba.

La boba es la tarjeta de presentación del cabezón D'Alessandro, como le llaman los compañeros. Es una especialidad que consiste en retener el balón con el pie izquierdo, pisarlo hacia atrás y hacia delante para que el defensa abra sus piernas en un movimiento instintivo, meterlo por allí y pasar al rival. El túnel o caño desconcierta y humilla. El centrocampista Chacho Coudet, que pasó unos meses en el Celta y regresó esta temporada al River, fue el primero en llamar boba o tonta a la jugada en los entrenamientos. Coudet dice que "a pesar de ser muy simple, el cabezón la hace siempre y siempre se la comen los que le marcan". D'Alessandro no puede precisar desde cuando practica esta jugada, sólo recuerda las patadas que le ha costado: "Los defensas me pegan mucho porque creen que yo intento burlarme, pero a mi me sale así, naturalmente".

Nico, como le dicen en casa, era compañero y amigo de Saviola en las divisiones menores, pero tuvo que esperar un poco más para llegar a la primera división porque en su puesto estaba Aimar. Corriendo siempre desde atrás, Nico entró a última hora en el equipo titular de la selección Argentina entrenada por José Pekerman que ganó la Copa del Mundo sub-20 en 2001. Saviola, capitán y goleador, fue Balón de Oro y D'Alessandro, con sólo tres partidos jugados, Balón de Plata.

En ese torneo los aficionados pudieron comprobar al fin las condiciones de aquél pibe que a los 16 años, sin haber debutado todavía en primera, viajó a Inglaterra reclamado por el West Ham, pero el River pidió cinco millones de dólares.

Nacido en el barrio de La Paternal de Buenos Aires, territorio natural del Argentinos Juniors, donde vivió y debutó Maradona, una zona de clase media baja. Hijo de un taxista y ex jugador que no llegó a profesional, D'Alessandro se hizo jugador en la plaza y los afamados clubes de baby fútbol del barrio, como El Estrella de Maldonado, donde un caza talentos le descubrió y le llevó al River. Su historia es un cuento clásico. Admiraba a Maradona y también al uruguayo Rubén Paz, un mediapunta convertido en ídolo del Racing de Avellaneda.

En las imágenes de televisión de una Copa Libertadores ganada por el River se ve a un pequeño recoge pelotas que corre a abrazar al autor del gol de la victoria, ese es Andrés. Llevaba la cabeza rapada como ahora. Estudiaba en la escuela del club, donde jugaba los torneos de categorías menores. Luego, debutó en primera en mayo de 2000, marcó su primer gol en setiembre de 2001, participó en la conquista de tres ligas, superó las lesiones y el bajón de rutina y en el Clausura que acaba de concluir marcó el mejor gol del torneo y los más importantes para el equipo. El entrenador chileno del River, Manuel Pellegrini, le designó capitán para que se sintiera más responsable dentro del campo. Según Pellegrini, "Andrés tiene unas condiciones técnicas y físicas extraordinarias, pero será un jugador completo cuando toque más el balón de primera y logre controlar su temperamento ante las faltas que le cometen, eso a veces lo saca del partido". A la edad que D'Alessandro tiene ahora, 22 años, suele terminar para los pibes argentinos consagrados por el fútbol la parte del cuento que transcurre en su país. Su traspaso al fútbol europeo es inminente. El Wolfsburgo pagará unos 10 millones de dólares. Será uno de los 500 futbolistas argentinos que destacan por el mundo y, como del resto, en su país se sabrá de él por la televisión.

Bedoya, de Racing, agarra a D'Alessandro (Derecha) durante un partido del Clausura.
Bedoya, de Racing, agarra a D'Alessandro (Derecha) durante un partido del Clausura.AP

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS