Un inocente imputado

La prueba de cargo confirmada ayer por la policía abre una gran incógnita dentro de los asesinatos en serie firmados con naipes. Cuatro días antes de las pasadas elecciones municipales y regionales, el 21 de mayo, fue detenido el vecino de Alcalá de Henares, Francisco Javier A. T., de 26 años, como supuesto autor del doble homicidio del bar Rojas. Todo ello se ha venido abajo con la confesión de Alfredo Galán Sotillo, de 26 años, el pasado jueves.

De hecho, los policías siguieron a Francisco Javier A. T. hasta Portugal durante la Semana Santa. Las vigilancias fueron durante las 24 horas por especialistas de la Jefatura Superior de Policía de Madrid y por agentes de la Brigada de Policía Judicial, inclusive de secciones que poco tienen que ver con Homicidios.

Los mandos policiales fueron los que se empeñaron en su detención, tras más de un mes y medio de un férreo seguimiento. Entonces los investigadores de Homicidios se mostraron reacios del arresto. Pidieron más tiempo, pero no les fue concedido. La proximidad de las elecciones exigía resultados rápidos cara a la opinión pública.

Pero algo fallaba, como se ha demostrado ahora. La única prueba de cargo con la que contaban los investigadores era un reconocimiento fotográfico de una testigo protegida. Se trataba de la dueña del bar Rojas, que lo identificó a través de las imágenes que captaron los especialistas en vigilancias. Esta testigo se reafirmó en la rueda de reconocimiento practicada en el juzgado, dos días después de su detención.

El resto de eventuales pruebas falló estrepitosamente. Al menos, de momento. No se halló el arma homicida. El detenido tenía coartada: supuestamente estaba con su hermano en el bar que regenta la familia en el centro de Alcalá, cerca de la estación de Renfe. Tampoco se le podía relacionar con el resto de homicidios a pesar de que estaban perfectamente enlazados, ya que fueron cometidos con el mismo arma, una Tokarev del calibre 7,62. La juez de Madrid decretó su ingreso en prisión, pero fue puesto en libertad a las pocas semanas, dada la inconsistencia de las pruebas.

Una de las hipótesis de los investigadores es que el asesino del naipe no fuera una persona, sino dos. De hecho, entre Francisco Javier A. T. y Alfredo Galán existen numerosas coincidencias, entre ellas, la proximidad de sus domicilios. El primero reside en Alcalá de Henares y el segundo, en Villalbilla, un municipio cercano a la ciudad complutense. Hasta el momento, los investigadores no han hallado relación entre ambos sujetos.

Ahora, surgen varias preguntas. El vecino de Alcalá fue puesto en libertad sin fianza y con cargos. ¿Se mantendrá esta circunstancia al tener un asesino confeso? ¿Se pedirá responsabilidad a los mandos policiales por su actuación? Todo queda por el momento en el aire.

En lo que va de año, se han registrado en la región 60 homicidios, de los que han sido resueltos por la policía 38, lo que supone casi uno de cada tres. La confesión de Alfredo Galán ha permitido una gran rebaja en las estadísticas ya que han sido resueltos otros seis asesinatos.

Sobre la firma

F. Javier Barroso

Es redactor de la sección de Madrid de EL PAÍS, a la que llegó en 1994. También ha colaborado en la SER y en Onda Madrid. Ha sido tertuliano en TVE, Telemadrid y Cuatro, entre otros medios. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, está especializado en Sucesos y Tribunales. Además, es abogado y criminólogo.

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