El nuevo Paris-Photo se centra en México y en la arquitectura

Un total de 93 galerías participan en la séptima edición del salón

Noventa y tres galerías especializadas y diez editores se han dado cita en la capital francesa con motivo de la séptima edición del salón Paris-Photo, con México como país invitado. En sólo tres días, desde ayer y hasta el próximo domingo, más de 50.000 personas desfilarán por los salones subterráneos del Louvre para descubrir las imágenes que se ofrecen a la curiosidad de los hipotéticos compradores.

La edición de 2003 privilegia dos áreas: la del país invitado, que es México, y la de la foto de arquitectura. De México se muestran no sólo las imágenes de Manuel Álvarez Bravo, clásico ya entre los grandes maestros, sino también las de gente como Juan Vázquez, especializado en suministrar fotos para la páginas periodísticas de sucesos, las de Daniela Rossell, que propone una galería de retratos de mujeres ricas de una fuerza crítica extraordinaria; las de Miguel Calderón, que "provienen todas de la estética y la demanda televisiva", o las de Gabriel Orozco, Damián Ortega, Santiago Sierra o Francis Als, así como las de Enrique Mentinides, recientemente redescubiertas por galerías berlinesas y londinenses que han sabido poner de relieve su especial talento para adaptar el universo mexicano a los códigos del cine negro.

George Fessy, Walker Evans, Thomas Struth, Stéphane Couturier, Jean Marc Bustamante, Gabriele Basilico, Hilla Becher, Serrano, son algunos de los nombres que se presentan como sucesores de Atget, Strand o Stiglitz, grandes figuras de la foto de arquitectura. El género tiene una difícil salida comercial, porque sus imágenes son estimadas estrictamente instrumentales, de utilización interna y reservadas al mundo profesional. "La colaboración entre Lucien Hervé y Le Corbusier", dice Rick Gazella, director artístico del salón parisiense, "ha demostrado que era posible ver las fotos como una obra autónoma". Los fotógrafos lamentan "la exigencia de objetividad" que reclaman los arquitectos sin tener en cuenta lo que la arquitectura y el urbanismo moderno le deben al cine y a la foto tanto en el terreno de su popularización como en el de una mayor aceptación.

La foto del XIX sigue interesando a los coleccionistas. El caso de Richebourg, que abrió taller en París en 1841, es un ejemplo: el fotógrafo se especializó en proporcionar imágenes para los servicios judiciales, una innovación ligada a la mentalidad científica del momento y que hoy se ha transformado en una impresionante serie de retratos. Otro gran nombre de la prehistoria de la fotografía, Félix Nadar, ha sido escogido por sus retratos psicológicos, pero también por sus vistas de un París desierto. Las escuelas pictoricista y etnográfica permiten también descubrir corrientes dominantes durante el cambio de siglo, muy marcadas por la voluntad artística o científica. Otras galerías prefieren centrarse en personajes más próximos que Lallemand y Hart, es decir, los Mapplethorpe, Cartier-Bresson, Berenice Abott, Brassai o William Klein, figuras del reportaje periodístico. El japonés Ryuji Miyamoto, del que coincide una exposición en la Fundación Cartier, aporta otra manera de abordar la realidad del paisaje urbano con figuras. La moda tiene también sus nombres míticos bien representados: Irving Penn, Horst P. Horst y Steven Kelen son las estrellas en este sector.

Euforia

El salón se ha abierto en un contexto eufórico porque algunas galerías acaban de vender clichés de Edward West o William Eggleston por varios cientos de miles de dólares, pero también porque la legislación francesa, que ya en 1991 redujo el tipo de IVA que graba la fotografía para equipararlo al que rige para las obras de arte, ha precisado aún más al diferenciar la fotografía artística o meramente comercial de la de aficionado, estableciendo unos baremos de tiraje máximo y una obligatoriedad de firma. La nueva reglamentación administrativa es demasiado reductora para parte de la fotografía contemporánea, que se complace en la mezcla de géneros. Basta recordar las declaraciones del fotógrafo Walker Evans, para quien "un documento tiene utilidad mientras que el arte es realmente inútil, pero el arte, que nunca es un documento, puede adoptar el estilo de éste".

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Fotografía <i>Fiesta campera</i>, <i>Sevilla</i> (1965), de Ramón Masats (Galería Kowasa, Barcelona).
Fotografía <i>Fiesta campera</i>, <i>Sevilla</i> (1965), de Ramón Masats (Galería Kowasa, Barcelona).

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