Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Diferencias

Ya se ha iniciado la campaña electoral y no ha podido comenzar con mejor pie. Se ha iniciado una campaña que permite conocer la forma de gobernar por parte de los partidos mayoritarios. Algo que es fundamental para marcar el sentido del voto, si es que el elector está entre una de las opciones mayoritarias. En este caso es fácil la diferencia. Sólo hay que escuchar lo que dicen unos y otros.

Un ejemplo. El pasado jueves comenzaron su campaña PSOE-A y PP-A. Basta leer las manifestaciones que se realizaron su líderes en estos actos para saber qué entienden por gobernar cada uno de ellos, y conocer como van a desarrollar su proyecto si consiguen alcanzar el poder.

Pues bien, por lo leído, resulta que el PSOE-A por boca de su presidente, Manuel Chaves, apuesta por un gobierno comprometido con poner coto a la precariedad laboral y por un gobierno comprometido con la investigación, la universidad y el desarrollo económico. Por parte del PP-A, y por boca de la señora Martínez, se apuesta por calificar al gobierno de la Junta de Andalucía de prepotente, y sigue insistiendo en llamar mentiroso al presidente de la Junta.

Es la diferencia que existe entre gobernar y tirar un euro. Es la diferencia que existe entre quienes quieren gobernar, como tantos otros, y quienes mantienen un desprecio absoluto a las reglas no ya democráticas, sino de educación y respeto.

Es la diferencia que existe entre gobernar para los ciudadanos y gobernar exclusivamente en contra de un partido, y justificar su proyecto con el insulto.

Confíemos en que, cuando las elecciones pasen, se recupere el talante que debe presidir una sociedad democrática, donde los excesos verbales y las tensiones se consuman en el propio interior de quienes los provocan. La elección la han puesto clara. No hay engaños.

Eso sí, mientras llega ese día y ese cambio, mañana -que ya es hoy- voy a celebrar un Día, el de Andalucía, para sentirme feliz por el hecho de ser de una tierra, que no quiere ni ha querido nunca el belicismo interior ni exterior como estandarte sino la palabra, el diálogo y el compromiso. Feliz Día.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS