Tribuna:ELECCIONES 2004
Tribuna
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14-M: Y hubo sorpresa...

El pasado domingo los españoles fuimos convocados a votar en las elecciones más tristes de nuestra democracia. Tres días antes, un atentado terrorista en Madrid, el más sangriento de la historia de Europa, se cobraba 200 víctimas mortales y dejaba heridas a cerca de 1.400 personas. La respuesta ciudadana en contra del terror ha sido contundente. Han sido muchas las personas que han mostrado en las calles su más absoluta repulsa a la violencia. Pero los ciudadanos también han querido manifestar en las urnas solidaridad con las víctimas y apoyo a la democracia. Esta es, desde luego, la primera lectura que hay que hacer de estas elecciones.

Para casi todos, la victoria de Zapatero ha sido inesperada. El líder socialista llega a la Moncloa con el apoyo de 10,9 millones de electores, tres millones más que en 2000. El PSOE obtiene el 43% del voto, 9 puntos por encima del porcentaje del voto logrado en los anteriores comicios. El PP pierde 700.000 votos, lo que supone, dado el incremento de la participación, una caída de casi 7 puntos porcentuales. Contra todos los pronósticos, los socialistas finalmente han aventajado a los populares en 5 puntos porcentuales, casi 2,3 millones de votos.

En este periódico, se anunciaba la semana pasada que aún había hueco para la sorpresa. Y lo ha habido. El análisis de lo sucedido debe ser cauteloso, pues aún no se dispone de encuestas postelectorales que permitan llevar a cabo una interpretación fundamentada. Pero sí es posible avanzar alguna hipótesis. En términos generales, todo apunta a que la victoria del PSOE se deba principalmente al aumento de la participación electoral, de casi 9 puntos porcentuales. Es bien sabido que en España la abstención es esencialmente de izquierdas. Los socialistas han dispuesto de un amplio conjunto de ciudadanos a los que movilizar, mientras que el PP apenas si ha podido arañar en la abstención. La sorpresa la han dado finalmente los indecisos de izquierda y centro izquierda que, a diferencia de lo ocurrido en 2000, han optado por votar. De ahí que la victoria de Zapatero se deba más al aumento de votos al PSOE que a la caída de votos al PP.

Por otro lado, el retroceso de IU parece indicar que los ciudadanos han votado estratégicamente a favor del PSOE, el único partido en la izquierda capaz de ganar las elecciones. Futuros análisis nos dirán en qué medida el voto útil es una respuesta al compromiso de Zapatero de no gobernar sin una mayoría de votos, o se debe más bien al deseo de algunos de desalojar de inmediato al PP del Gobierno.

La explicación más sonada atribuye el éxito del PSOE a una movilización de última hora, cuyo detonante esencial sería la matanza del 11 de marzo. Pero no es el atentado lo que contribuye a explicar el vuelco electoral, sino en todo caso la respuesta del Gobierno ante el trágico suceso. Estudios sobre terrorismo y voto muestran que los ciudadanos no hacen a sus gobiernos responsables de los efectos de las acciones terroristas. En España, el voto a los partidos en el Gobierno no ha dependido nunca del número de víctimas de ETA. Sin embargo, las mismas investigaciones muestran que los ciudadanos son enormemente sensibles a las reacciones de los gobiernos ante asuntos de los que de ningún modo se les puede responsabilizar. Los votantes no castigan los atentados, de la misma forma que no castigan la aparición de corruptos en las filas de un partido, pero sí la gestión que los gobiernos hacen de estos asuntos. Un presidente no es culpable de una matanza, como tampoco es culpable de que durante su mandato se corrompan miembros de su equipo, pero sí está en sus manos reaccionar con rapidez y firmeza, o no hacerlo. Es posible que en esta ocasión los ciudadanos hayan castigado al Gobierno, retirándole su apoyo o votando a la oposición, por lo que para muchos observadores nacionales e internacionales ha sido una pésima reacción ante la tragedia del 11-M. El Gobierno del PP no ha actuado con transparencia y ha pagado por ello.

La reacción del PP ante el atentado, además, no constituye un hecho aislado. Aznar entró en una guerra con el 90% de la opinión pública en contra. Los gobiernos democráticos no tienen por qué seguir ciegamente los dictados de las encuestas, pero en aquellas raras ocasiones en las que las decisiones políticas chocan tan de lleno con el sentir popular, sí que deben hacer esfuerzos extraordinarios por tratar de persuadir a los ciudadanos de las razones que fundamentan esas decisiones impopulares. Blair metió a su país en guerra pero terminó logrando, a base de diálogo, el respaldo mayoritario de los ciudadanos británicos. Aznar y su Gobierno no dieron buenas razones. No hicieron esfuerzos por explicar sus acciones. No justificaron suficientemente la posición de España en la guerra. El castigo del domingo es un castigo a un estilo de Gobierno.

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La movilización a favor del PSOE podría también responder a otros factores que apenas han sido mencionados. Las elecciones representan la ocasión para que los ciudadanos emitan su juicio sobre las políticas llevadas a cabo por los gobiernos. La valoración global del Ejecutivo ha caído considerablemente a lo largo de la legislatura. En abril de 2000, casi el 50% de los españoles consideraba que la gestión del Gobierno era positiva. En enero de 2004 sólo lo pensaba el 27%. Detrás de esa valoración global se esconden políticas y resultados. En esta legislatura, la inseguridad ciudadana y la vivienda se han convertido en el tercer y cuarto problema fundamental para los ciudadanos, tras el paro y el terrorismo. De hecho, la caída del voto al PP en estas elecciones es significativamente mayor en aquellas provincias en las que el precio de la vivienda es más alto. Igualmente, el PP pierde más votos en las circunscripciones que presentan índices de bienestar social más bajos: donde peor es la educación, donde peor es la sanidad y donde menos bienestar personal hay más se agudiza el castigo a los populares.

Finalmente, en la decisión de voto, especialmente, en la de los indecisos, pesa siempre el juicio contrafáctico que se haga. No sólo importa cómo es, cómo lo hace y cómo lo hará el partido que gobierna sino también cómo es, cómo lo habría hecho y cómo lo haría el partido contrincante. Es posible que la movilización de los indecisos se deba también a que Zapatero, su partido y su programa representen, en algunos sentidos, aspectos contrapuestos a lo que ha encarnado Aznar y los suyos. Votar socialista ha podido significar para algunos indecisos votar a un líder que promete un estilo de gobierno diferente, de transparencia y de diálogo, con un partido en el que no es uno el que decide y los demás detrás siguen, y con un programa que no ha ignorado que en España los ciudadanos sufren otros problemas además del nacionalismo. Que el bienestar social aún importa.

Belén Barreiro es profesora de Ciencia Política de la Universidad Complutense y miembro del Instituto Juan March.

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