MATANZA EN MADRID | Las víctimas

JAVIER MENGÍBAR JIMÉNEZ / Educador y ciclista

Psicólogo y profesor, 43 años. La historia de Javier ha quedado prendida para siempre a las riberas del Henares, al Parque Natural de los Cerros, esa zona que tantas veces recorrió en bicicleta de montaña junto a sus amigos y donde hoy (en el Cementerio Jardín) se guardan sus cenizas. Su amigo Santiago Fernández, profesor y vicedecano de la Universidad Autónoma, compartió con él 18 años de amistad, de amor por la pedagogía, por las nuevas tecnologías, cuyo uso y disfrute gustaba de enseñar a otros docentes, de pasión por la política y el pedaleo. Javier era agnóstico, militante del PSOE, hombre jovial, un manitas universal que siempre tenía a mano la herramienta justa y necesaria, tanto en casa, donde se construía hasta muebles, como en su práctica deportiva: "Cuando salíamos en bici, si Javier venía con nosotros, todo estaba controlado, estábamos tranquilos, él lo solucionaba todo". Trabajaba en el Ministerio de Educación, en el departamento de Cooperación Internacional.

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Allí había llegado tras estudiar Psicología (en esa época conoció a su esposa, con la que ha tenido dos hijas, Irene y Sara, de cinco y dos años), tras ejercer de profesor de instituto (en el Alonso de Avellaneda, de Alcalá de Henares) o asistir en otro en California... Nació en Lima (Perú) de familia española, cultivada, y creció rodeado de estímulos: era bilingüe, educado, inquieto, cosmopolita, viajero, lector empedernido de periódico, pasajero habitual del vagón número 1 en ese tren en el que perdió la vida. Era interventor de su partido (lo fue siempre) en el colegio Juan de Austria el día de las elecciones generales, y ese 14 de marzo Javier no pudo votar a los suyos, pero estuvo allí más presente que nunca en una mesa vacía, con su fotografía y su nombre.-

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