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Aforismos alterados

En la inversión financiera, como en los demás ámbitos de actividad, existen aforismos que tratan de concentrar la sabiduría adquirida a lo largo de muchos años. Uno de ellos, procedente del mundo anglosajón y aplicable a la inversión en Bolsa, afirma que hay que vender en mayo y salirse del mercado (In May sell and go away). Quien hubiera seguido ese consejo con su fondo de inversión de renta variable se habría perdido, por ahora, toda la revalorización acumulada en 2005. Por ejemplo, los fondos de inversión de renta variable española acumulaban hasta primeros de mayo una rentabilidad media de 0,63% (prácticamente nula, por tanto) mientras que desde mayo hasta hoy mismo esa rentabilidad media asciende a 12,27%. Esta comparación se puede hacer extensiva a prácticamente todos las variedades de fondos de renta variable, ya que la mayor parte de las bolsas hicieron sus mínimos anuales en la segunda quincena de abril, y han experimentado desde entonces revalorizaciones más que notables.

Uno de los casos más espectaculares ha sido el de la Bolsa rusa cuyo índice RTS de Reuters ha subido desde abril casi un 30% lo que ha llevado a los fondos que invierten en Rusia, y que están autorizados para la venta en España, a acumular en el año una rentabilidad media del 33% (y una rentabilidad media anual compuesta del 38% para los tres últimos años) tras haber dejado atrás, aparentemente al menos, la crisis provocada por la intervención de la compañía Yukos por parte del Gobierno, algo que hizo temer a la inversión extranjera por la seguridad jurídica y la protección de los derechos de propiedad.

No son éstas, sin embargo, las rentabilidades medias más altas conseguidas en los siete primeros meses de 2005: los fondos que invierten en renta variable coreana alcanzan casi el 40%, y los que lo hacen en Noruega, el 35%. En general, son los fondos de renta variable los que acumulan las rentabilidades más elevadas, ya que la categoría de los que invierten en Tailandia (que es la que peor se ha comportado en 2005) acumula, con todo y con eso, un 4,8%.

La aplicación a los fondos de renta fija del aforismo que aconseja vender en mayo tampoco hubiera dado, en general, mejores resultados: en promedio, las 34 clases de fondos de renta fija en que se agrupan los que se distribuyen en España proporcionaron una rentabilidad de 2,9% en los primeros cuatro meses del año y 5,34% desde comienzos de mayo hasta aquí.

Bien es verdad que en este caso las rentabilidades medias están fuertemente sesgadas al alza por algunas categorías como la de renta fija emergente global (11,4% desde el 1 de mayo; 14,5% desde comienzos de año); o como la de renta fija a largo plazo en dólares (7,5% desde mayo y 12,5% desde comienzos de 2005) que están considerablemente incrementadas al calcularlas en euros, habida cuenta de la fuerte revalorización que ha tenido el dólar. Incluso para los fondos de renta fija a largo plazo que nos son más próximos, los que invierten en emisiones denominadas en euros, el haber mantenido la inversión desde comienzos de mayo hubiera merecido la pena (dentro de lo que es una tónica de rentabilidades bajas), ya que desde mayo han añadido, en promedio, una rentabilidad de 0,81% al 0,93% que habían acumulado entre enero y mayo.

Los aforismos a veces se equivocan, estruendosamente. Sin embargo, lo que no ha sido válido para el mes de mayo, ¿podría llegar a serlo para el de septiembre? A comienzos de 2005 la mayoría de los pronósticos auguraban para los mercados de renta variable occidentales una revalorización anual del orden del 10%. Esa subida de las bolsas ya se ha producido con creces; de tomarse en serio los pronósticos, poco quedaría por ganar en Bolsa desde aquí hasta finales del ejercicio. Los partícipes de fondos de renta variable que se tomaran los pronósticos en serio estarían a estas alturas del año traspasando su inversión hacia otra clase de fondos, bien de menor riesgo (los monetarios, por ejemplo) bien con riesgo elevado, pero con expec-tativas que no estuvieran agotadas.

Los mercados de renta variable han entrado en el mes de agosto con buena parte de la fuerza de la que gozaban en los tres meses anteriores, haciendo muy probable el que la fiesta dure aún todo el mes de agosto y parte del de septiembre; a pesar del desafío que representa para la lógica tradicional el que el precio del petróleo no cese de subir (está 20 dólares por encima de donde estaba hace un año) y que los tipos de interés de corto plazo se hayan triplicado en EE UU, en ese periodo también. Una combinación de factores que ha coincidido en ocho de sus últimas 10 recesiones. Y todo ello cuando el ciclo alcista de las bolsas está a punto de cumplir lo que se considera su duración media, los tres años.

Juan Ignacio Crespo es director general de Finanduero.

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