Entrevista:ALMUDENA CID | Gimnasta | FIESTAS DE LA BLANCA

"No soy chica de salir mucho"

En los últimos años, Almudena Cid (Vitoria, 1980) sólo ha acudido a las fiestas de su ciudad natal para oficiar de pregonera. Gajes del oficio de una gimnasta rítmica que reside en la actualidad en Barcelona, donde mantiene su ritmo de entrenamientos en pleno agosto tras su excelente actuación en los pasados Juegos del Mediterráneo de Almería.

Pregunta. ¿Cómo vive las fiestas una atleta?

Respuesta. En mi caso, por la televisión y el teléfono, siguiendo la bajada del Celedón en la distancia.

P. Hace dos años, fue pregonera. Todo un honor para alguien tan joven.

R. Lo cierto es que el día en que me llamaron para ofrecerme ese papel, dije que sí casi antes de que acabara la pregunta. Luego me entraron las dudas, porque los elegidos suelen ser gente con cierta experiencia vital, pero también es cierto que en mi deporte soy una de las gimnastas más experimentadas.

P. Cuando ha estado en Vitoria, ¿cómo ha disfrutado de La Blanca?

R. Sin excesos, como vivo el resto del año. Las fiestas, en general, no son más que una pequeña extensión de los hábitos diarios. El que sale los fines de semana de juerga, se pasa seis días de juerga. De todos modos, nunca he sido una chica de salir mucho.

P. El programa de La Blanca no le presta una especial atención al deporte, salvo la pelota, ¿Qué le parece?

R. Mal, pero tampoco son días para organizar una maratón; la gente quiere relajo y espectáculo.

P. ¿El fútbol es deporte?

R. Sí lo considero, pero creo que está en otro escalón, nada comparable al resto, salvo el baloncesto, pero esto no ocurre en todo el mundo. En Rusia, por ejemplo, la práctica de la gimnasia rítmica es un signo de distinción social.

P. Usted es una excepción en la gimnasia rítmica. Sigue como profesional y triunfando a los 25 años.

R. Soy un caso aparte, sobre todo porque he ganado con los años y ahora vivo lo mejor de mi carrera.

P. Proyectos futuros.

R. Seguir vinculada al mundo deportivo, aunque me atraen la moda y la publicidad.

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