El que no corre huye | CULTURA Y ESPECTÁCULOS
Columna
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Horóscopo nuevo

Un día de los primeros noventa se anunció el descubrimiento de una nueva constelación en los cielos. Los primeros noventa eran unos años en que la gente vivía el verano sin aire acondicionado e incluso sudaba a veces en los coches porque los volantes eran de los que iban duro. También pasaba que casi nadie tenía móvil, y si alguien iba con un amigo que tenía y el móvil sonaba, los demás pasábamos una vergüenza horrorosa. Todo el mundo primero se sobresaltaba, buscaba con la mirada y la enfocaba hacia el timbrazo, que recordaba sádicamente al del despertador, pensando será hortera el tío. Pero había un truco legal contra la vergüenza. El amigo se alejaba, mientras vociferaba que no te oigo, que no te oigo, dando pasitos: dos para allá, tres para acá, doce para más allá, y luego colgaba, y luego volvía, dándose una carrerita desde lejos... y ahí estaban sus amigos, armados con todo el derecho del mundo, para decirle a gritos será hortera el tío y que si quería le sujetaban la cerveza porque ese trasto te tiene que dar unas agujetas que pa qué. Luego, los teléfonos se hicieron más pequeños, cupieron en casi todos los bolsillos y desarrollaron diferentes melodías para que nadie se avergonzara y se empezó a estilar hablar de las cosas de uno a grito pelao.

Es posible que, ahora mismito, un vecino o una sobrina esté contando memeces por teléfono al alcance de su córtex auditivo

Es muy posible que, ahora mismito, un vecino, una sobrina o un simple desconocido esté contando memeces por teléfono al alcance de su córtex auditivo. Y, aunque a usted no le interese lo más mínimo, se está enterando de algo tan impactante como que el niño ya pasó la rubeola el año pasado. O de que ya le funciona bien el calentador. O de que se acaba de comprar en el pueblo unas sandalias supermonas con un 50% de descuento. O que el jardinero de la urbanización ella cree que se lleva las herramientas comunes para usarlas él en su casa y eso no está bien. Y, escuchando, uno se plantea cómo las comunicaciones han nacido, han crecido, se han reproducido y nosotros nos hemos acostumbrado tanto a su cotidianeidad, que las usamos para no decirnos más que chorrás. Es que es el progreso.

En cambio, lo de la constelación nos dio igual. Se suponía que, de pronto, había un nuevo signo del horóscopo y una consiguiente alteración en los nuestros, pero la gente dijo: "Yo, que soy leo, yo me quedo leo, voy ahora a... qué va". Y la constelación desapareció. Y no pasó nada.

Igual podía haber pasado con los móviles. Hoy, la Tíajuana ha salido a la puerta de la casa y ha gritado: "Pepaaaa, te llamaaaaan". Porque Pepa no tiene teléfono y recibe las llamadas en la casa de Tíajuana. Y Pepa no ha venido porque no estaba. Y no ha pasado absolutamente nada.

Refresco del día: Si tiene usted la suerte de que le martilleen los oídos con conversaciones ajenas, no tenga miedo en desenmascarar a personas que, cerca de usted, gritan al móvil frases como sí, sí, Gerardo, estoy en Madrid, dime. Si efectivamente se encuentran ambos en una terraza de Altea, grite sin miedo ¡mentira, mentira, está en Altea! O ¡no te dejes engañar, Gerardo! También vale cantar que la detengan, que es una mentiroosa... Usted igual puede incluso acalorarse en un primer momento, pero el del móvil se va a quedar helao.

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