Análisis:BAM | MERCÈ05
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Churros, tómbolas y sonidos 'indies'

No fue una noche de grandes sobresaltos musicales la primera de la Mercè 2005. El amplio programa de fiestas, en el que se solaparon la nutrida oferta del BAM con la popularidad de los artistas convocados por la Cadena 40 en la plaza de Catalunya, no dio un resultado musical brillante, por lo que la noche tuvo como mayor atractivo el descubrimiento del Fórum como un recinto tan versátil que hasta puede convertirse en algo así como el corazón de una feria de abril en pleno septiembre. Con sus churrerías, norias, tómbolas y esos bares itinerantes que ofrecen "chorizo de mi pueblo" sin que jamás se llegue a saber cual es éste, el Fórum acogió la oferta musical nocturna ocupado por una multitud que mayoritariamente utilizó el transporte público para acercarse a esa parte de ciudad que, de tan lejana, convierte el traslado en viaje. Pero todo ello ocurrió ya entrada la noche, una vez apagados la mayor parte de los sonidos que en el centro de la ciudad recordaron a todo el mundo que las fiestas ya están aquí.

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Con acento local

Quien se llevó la parte del león fue la Cadena 40, que este año tiró de Coti y Melendi, dos artistas con nombre de defensas del Getafe que tienen en común ser varones. Nada más. Uno es cantautor eléctrico, argentino, compositor para artistas de renombre, atractivo, un pelín sensible y melódicamente muy comercial. Es cierto que también es algo cursi y que sus letras no brillan por su profundidad, pero los tiempos parece que están para artistas de este perfil.

Más tarde fue el asturiano Melendi quien se elevó como héroe de la noche. Baste decir que su música tiene bastante paralelismo con su aspecto, el cual sin duda le habría puesto en el punto de mira de la Guardia Urbana en las pasadas fiestas de Gràcia. Su música tiene ese punto callejero que quizá por extremadamente cutre le ha convertido en una celebridad.

Mientras en una tranquila Rambla del Raval los sonidos mestizos se hacían reyes de la noche, en el coqueto escenario de la plaza de Joan Corominas los alemanes Donna Regina cantaban Northern classic y demás gemas de indietrónica plácida ante un público bastante numeroso. Todo un descubrimiento este rincón patentado por el Sónar para los conciertos.

Con los sonidos apagados en el centro, llegó el turno del Fórum. Al entrar, sonaba Malú en el escenario de la Cadena 100; olía a churro; Llach cantaba la Estaca invitado por Mousse & Hakim, dos franceses de origen argelino; el trabajador de una tómbola pregonaba un sorteo con una voz similar a la de Sabina, y los gritos de vértigo de los ocupantes de un tobogán en caída libre componían un friso de verdadera fiesta mayor. Eso es mestizaje. Un ambiente espléndido. En lo musical no hubo nada destacable. En el escenario MTV, con el público achicharrado por los focos que lo iluminaban para salir guapo en la tele, The Raveonettes hicieron canciones de pop ochentero y The Sunday Drivers casi rock setentero.

Así las cosas, lo mejor de la jornada fue la vuelta en metro. Un cordón de seguridad controlaba la marea humana de forma que no colapsase al andén, y una vez dentro de los convoyes, comenzaba el espectáculo. De entrada llamaba la atención ver a un solo tipo de público, jóvenes con aspecto de haber ganado una batalla a los puntos. Mientras algunos se besaban apurando la noche, otros contaban chistes de Eugenio a voz en grito.El toque siniestro lo pusieron algunos convoyes cuyas luces se habían fundido misteriosamente y viajaban con las tripas oscuras. Eran las 5.30 horas, y mientras en el Fórum los últimos de Filipinas bailaban techno, el río humano ya estaba de vuelta a casa.

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