Editorial:
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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Cerco a Hamás

Un alto funcionario israelí ha dicho que no se trataba de que los palestinos se murieran de hambre, sino que tuvieran que hacer un poco de dieta. Se refería a la victoria del movimiento terrorista Hamás en las legislativas del 25 de enero en Palestina. E Israel puso inmediatamente en práctica su estrategia reteniendo los cuarenta y pico millones de euros que recauda mensualmente en nombre de la Autoridad Palestina, mientras que EE UU anunciaba inicialmente que hasta que Hamás renunciara a la violencia y reconociera al Estado sionista suspendía también toda ayuda.

El viaje de la semana pasada a Oriente Medio de la secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice, cuyo objetivo era, entre otros, recabar de Egipto, Arabia Saudí y los Emiratos del Golfo que dejaran de ayudar a los palestinos hasta que Hamás abandonara las armas, ha fracasado porque ningún régimen árabe puede aceptar hoy semejante petición sin echarse encima a toda su opinión pública; muy al contrario, Riad ha garantizado que su aportación seguiría; El Cairo ha pedido tiempo para juzgar el comportamiento de Hamás; posiblemente por ello, el propio Departamento de Estado rectificaba ayer diciendo que continuaría la ayuda, pero sólo a través de organizaciones humanitarias. Paralelamente, la UE mantendrá su apoyo económico hasta la formación del Gobierno palestino, en las próximas semanas, aunque también exige a Hamás el reconocimiento de Israel para no tener que suspenderlo.

El boicot ha fracasado, pero hay quien se alegra de que se impusiera. Con el petróleo por las nubes, Teherán no desea nada mejor que acudir en ayuda de los palestinos, igual que proliferan las colectas en todo el mundo árabe. La iniciativa de Jerusalén y Washington de cercar por hambre a Hamás, mucho más comprensible en el caso de Israel, que no quiere facilitar medios a quien proclama el deseo de destruirle, mejora la posición diplomática del gran enemigo de EE UU, Irán. Por eso, no puede haber términos medios: Hamás ha de renunciar a la violencia y anunciar su voluntad de reconocer a Israel, pero la ayuda nunca habría debido de cesar: no vale retirarla porque no guste lo que vota su destinatario.

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