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¿Propósito de enmienda?

Persistimos en la anomalía. Una anomalía marcada por un Gobierno de coalición forjado a partir de tres candidaturas electorales, pero que esconde cuatro partidos políticos y a Ciutadans pel Canvi. Una anomalía que sustituye a un presidente de la Generalitat con pedigrí, y que partió con ganas de crear un estilo nuevo y de proyectar una mirada propia a la construcción colectiva de la realidad plurinacional española, por otro presidente nacido en Córdoba que pretende gestionar bien la cada vez más compleja y abigarrada realidad política y social catalana. Una anomalía que es vista como exótica y delirante en el resto de España y que desde aquí se ve como una bocanada de pluralidad en el mundo en blanco y negro con el que se despierta cada mañana el resto del país. Una anomalía que proclama sus ganas de seguir siéndolo, aunque manifieste en este renovado inicio un claro propósito de enmienda. Y surge así la pregunta, ¿debe haber enmienda? ¿Han de cambiar mucho las cosas en relación con el periodo anterior?

Deberíamos empezar aceptando que, pese a haber transcurrido sólo tres años, la misma realidad política ha cambiado notablemente. Se ha superado el debate estatutario. Toca ahora desplegar las evidentes potencialidades que el nuevo Estatuto permite. Ello posibilitará hablar más de políticas y menos de esencias, y, al propio tiempo, no exigirá el complicado equilibrio al que obligaba la cláusula de los dos tercios que se exigían para modificar el Estatuto y que convertía en imprescindible a CiU dándole un protagonismo que ahora le será más difícil de conseguir. Tenemos por delante dos ciclos electorales (municipales y generales) en los que los grandes asuntos de agenda, o bien son específicos de cada municipio, o bien se sitúan en dinámicas que previsiblemente no tienen por qué generar grandes conflictos internos en el seno del nuevo Gobierno de la Entesa. Si se examina el balance de realizaciones del tripartito al concluir la legislatura pasada, a mí me lleva a pensar que cuanto menos propósito de enmienda, mejor. Me inclino más bien por los procesos de continuidad y de refuerzo de las dinámicas emprendidas. Así, en educación es necesario profundizar en la dinámica generada en el Pacte Nacional, insistir en el proceso de implicación territorial y municipal en las políticas educativas, avanzar en procesos de autonomía de los centros, mejorar las transiciones entre ciclos educativos y, especialmente, generar impactos potentes en el olvidado tema de la educación de adultos. En política territorial, la dinámica del Plan de Barrios o el Plan de Protección Urbanística de la Costa Catalana son claros ejemplos de políticas que proseguir e impulsar. Hay que lograr aprobar de una vez la ley de vivienda o la ley de servicios sociales. Debería la nueva Entesa culminar la división territorial y relacionarla con un nuevo sistema electoral. Avanzar en la descentralización del sistema sanitario. Superar el estancamiento de instalación de nuevos centros penitenciarios. Y tratar de clarificar el modelo de desarrollo que combine capacidad de generar riqueza para aumentar la inclusividad social y al mismo tiempo evitar los peligros de ciertas decisiones que pueden tener claros efectos de insostenibilidad en temas clave. Todo ello impulsando nuevos mecanismos de participación ciudadana y de implicación en procesos decisorios complejos, como el gran asunto de la gestión de cuencas hidrográficas al que nos obliga la Directiva Europea del Agua, por poner sólo un ejemplo.

Espero, por tanto, que en muchos aspectos, los más sustantivos, la acción del Gobierno de la Entesa no haga demasiado caso de los que piden "propósito de enmienda", e insista en profundizar unas políticas públicas y un modelo de desarrollo que atienda imperativos medioambientales y evidentes exigencias sociales de equidad y de respeto a la diversidad. Pero, dicho esto, es evidente que en los aspectos más operativos y funcionales de la labor gubernamental, el renovado tripartito ha de aprender de sus pasados errores. Funcionaban demasiadas máquinas de triturar papeles en las dependencias de la Generalitat. Demasiadas desconfianzas cruzadas. Constantes interferencias diluían y tapaban los avances en las políticas. En todas partes son conocidas las tensiones entre dirigentes gubernamentales, partidos de procedencia y grupos parlamentarios de cada quien. Ello se explica por las lógicas institucionales y los intereses coyunturales que presiden de cada ámbito. En el anterior Gobierno, los partidos eran demasiado evidentes, y el perfil específico del Gobierno lo era en mucha menor medida. No hubo periodo de acumulación que antecediera la natural reclamación de la labor efectuada por parte de cada componente de la coalición. Se destruía sin haber construido, y cuando se quiso mostrar lo realizado, la gente sólo se acordaba del ruido generado. Con el Estatuto aprobado, con presencia personal de los responsables directos de los partidos en el seno del Gobierno, con un presidente que no tiene una agenda propia que sepamos al margen del que "las cosas vayan bien", el nuevo Gobierno parte con significativas expectativas. Reduzcamos, pues, el propósito de enmienda a los modos y no traslademos el asunto a los contenidos. Sin esos contenidos, por singulares que fueran, hoy no tendríamos por dónde justificar esa reedición entenimentada del tripartito.

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB.

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