Reportaje:

"Papá, eso no se hace"

Luis Fabiano dice que sintió vergüenza ante su hija tras su pelea a puñetazos con Diogo

La pelea con la que terminó el enfrentamiento entre el Zaragoza y el Sevilla en la noche del pasado sábado aún no ha acabado de lastimar a sus protagonistas. El Comité de Competición decidirá en primera instancia esta tarde las sanciones que impone a Diogo y Luis Fabiano, los dos futbolistas que fueron expulsados por el árbitro, Alberto Undiano Mallenco, tras liarse a puñetazos. El castigo que se espera es severo.

Ambos jugadores coinciden en que todo comenzó cuando Diogo pisó una mano del sevillista, que estaba sentado sobre el suelo tras la línea de fondo zaragocista. Luis Fabiano se levantó y se encaró con el uruguayo, al que intentó dar un cabezazo. De nuevo cara a cara, se insultaron mutuamente hasta que Luis Fabiano agarró por el cuello a Diogo. Éste respondió lanzando un puñetazo que impactó en un pómulo del brasileño, que se tambaleó e intentó devolver el golpe. Pero todo esto el árbitro no lo vio y en su acta -el documento base para las deliberaciones que realice el Comité de Competición- admite desconocer quién agredió a quién en primer lugar.

Las muestras de arrepentimiento se dice que ayudan a rebajar la dureza de los castigos de las instituciones disciplinarias. Cuanto más espontáneo y rápido sea, mejor. Así, Diogo ya se disculpó públicamente nada más finalizar el encuentro. Admitió entonces haber pisado la mano de Luis Fabiano, pero sin intención. Ayer insistió: "No tenía ningún motivo para pisarle a mala leche. Yo no soy así. Había terminado el partido y no tenía ninguna razón porque eso no sirve de nada. Él no lo entendió y luego pasó lo que pasó".

Luis Fabiano habló ayer por primera vez del asunto y se apresuró a pedir perdón al Sevilla y al sevillismo, aunque recalcó que él fue el primero en ser agredido: "Tengo mucho más que perder que Diogo. Esto ha ocurrido en un buen momento para el equipo, en el que hay una gran competencia entre los jugadores y para mí es un inconveniente, pues llevo una racha buena, marcando en los últimos tres partidos". Pero más que la sombra de Chevantón o Kerzakhov, lo que más le dolió fue la crítica de su hija, de tres años: "Me dijo: 'papá, te he visto peleando en la tele; eso no hace'. Me sentí avergonzado al ver lo que hice".

Por otro lado, el Sevilla recibió anoche en Salzburgo el premio al mejor equipo del mundo en 2006, según la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol. En la misma gala, el técnico del Barça, Frank Rijkaard, fue elegido como mejor entrenador. Juande Ramos quedó el tercero.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS