Juicio por el mayor atentado en España

La Policía Científica dio orden de analizar la posible presencia de suicidas

La Policía Científica dio instrucciones a los forenses que participaron en las autopsias de los cadáveres de los asesinados el 11-M para que tuvieran cuidado ante la posibilidad de que entre los cuerpos pudiera hallarse el de un terrorista suicida.

Carlos Corrales, el entonces comisario general de Policía Científica, relató ayer que se pidió a los forenses que tuvieran cuidado con cualquier sustancia extraña que pudiera haberse adherido a los cuerpos por si pudiera ser explosiva. Corrales hizo esa advertencia a la vista de "los destrozos en los cadáveres", de que ya se sabía que se había hallado una cinta islámica en la Renault Kangoo y de los conocimientos de los agentes de su unidad sobre los atentados suicidas perpetrados en Israel y Palestina.

Corrales explicó que con la visión de los cadáveres sobre las mesas de autopsias se le vino a la cabeza la posibilidad de que hubiera suicidas. "Eran sólo indicios de suicidas, una cosa que le comenté a los operativos, pero no era una cosa para contarla a la prensa", declaró el ex comisario general. "Como a media tarde del día 11, le dije a mi gente, y le pedí que se lo dijeran a los forenses, que tuvieran cuidado en la autopsia por si veían alguna sustancia o podía haber un terrorista suicida", añadió.

Esa misma tarde, los forenses analizaron un cadáver con un tipo de destrozos que, en aquellos momentos, se consideraron "compatibles" con los que hubiera sufrido el cuerpo de un suicida. Horas después, se comprobó que se trataba del cuerpo de una funcionaria del Estado. El ex comisario, que aseguró que no regresó a su casa en una semana, relató que "en tres o cuatro cuerpos se halló una sustancia de color azul, que resultó ser polvo de extintor". Y también explicó que durante las autopsias de los cadáveres despedazados de los siete suicidas de Leganés había pegados "restos de explosivos".

Las identificaciones de los fallecidos en el Ifema concluyeron días después del 11-M y, finalmente, no se halló rastro alguno de terroristas suicidas. Corrales admitió que era "el primer atentado" en el que tuvo que intervenir como policía en su dilatada trayectoria "en el que se dieron instrucciones de mirar si había terroristas suicidas".

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