Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Maniobras de verano

Los primeros calores del verano han pillado a los partidos políticos de maniobras. Son días de congresos, en que se reúne a una representación de los militantes para poner a la tropa en situación de revista cara al próximo futuro. Con las excepciones de rigor, podríamos decir que los congresos políticos se dividen en dos: los que se celebran estando en el poder, en que predominan las unanimidades y las adhesiones inquebrantables al líder que ha hecho posible el goce supremo; y los que se celebran estando en la oposición, en que abundan las refriegas, los damnificados y los resentimientos. De ambas categorías de congresos se pueden desprender dos reglas básicas: primera, que en política el principal enemigo está en casa; segunda, que en los partidos políticos la calidad democrática deja bastante que desear, bajo el control del poder orgánico y del poder carismático.

Mientras los barones populares ganan fuerza, los del PSOE pierden presencia

Sin embargo, en esta temporada congresual, que hace de puente entre la campaña electoral (con sus vencedores y vencidos) y un otoño, vestido de crisis, que se anticipa caliente, ha habido una coincidencia entre los dos grandes partidos que no puede pasar desapercibida: el motivo estrella de sus congresos ha sido el relevo generacional y la promoción de mujeres jóvenes, competentes y sin complejos. Por orden de aparición, el primer congreso ha sido el del PP y la renovación de personas no ha sorprendido a nadie porque llevaba toda una legislatura luchando con el pesado lastre de los residuos del aznarismo. Pero el PSOE venía de la dulce siesta que siguió a su victoria electoral, momento, por tanto, propicio para la aclamación de los vencedores. Y, sin embargo, Zapatero ha impuesto el mismo frenesí renovador que sus rivales perdedores. Ya lo hizo con la formación de Gobierno, en la que de nada sirvió formar parte del núcleo original de leales del presidente.

Quizás la respuesta a tanta mudanza de personal sea más simple de lo que parece: a falta de propuestas para renovar las ideas, resulta más fácil renovar las personas. Y más en tiempo de crisis económica, en que los malabarismos ideológicos pueden salir costosos. En vez de propuestas nuevas, personas nuevas. Al fin y al cabo, no hay ideas sin personas. Y en la sociedad de la imagen, un rostro nuevo puede resultar más efectivo que cien resoluciones de un congreso. Después, las personas tendrán que demostrar que son lo que se ha pretendido que representen. El objetivo del PP era el viaje al centro. Evidentemente, se corren muchos más kilómetros hacia este extraño conjunto, vacío ideológicamente pero repleto políticamente, sustituyendo a Eduardo Zaplana por Soraya Sáenz de Santamaría o a Ángel Acebes por Dolores de Cospedal, que con todas las resoluciones del congreso del PP. Del mismo modo, la promoción de Leire Pajín es un guiño a la izquierda más eficaz que los modestos ejercicios de laicismo vergonzante a los que se ha dedicado el congreso del PSOE.

Los códigos de la comunicación son más crueles de lo que sus actores piensan. Los rostros se queman rápidamente si no conjugan adecuadamente las palabras y los hechos. Véase Nicolas Sarkozy o Joan Laporta, dos casos, dignos de estudio, de cómo dos estrellas mediáticas pueden carbonizarse en tiempo récord. Para poner un ejemplo: cuando De Cospedal se apunta sin rubor a las viejas maneras, diciendo impunemente que Génova "no impuso a nadie para el PP catalán", un espectro aparece detrás de ella, Acebes. La cuestión es: ¿el relevo incesante de personas se convertirá en una nueva regla de la política, fruto de las exigencias de los medios de masas en un mundo acelerado y de la dificultad de levantar ideas y proyectos atractivos para los ciudadanos, o es un hecho coyuntural atribuible a la necesidad de responder políticamente a la emergencia social de la mujer?

Por otra parte, mientras en el PP los barones regionales han adquirido más fuerza que nunca, a la hora de formar la ejecutiva socialista los barones han perdido presencia. Creo que es el fruto de la combinación de tres elementos: el PP tiene una organización madrileña fuerte y ambiciosa, y sus barones tienen que defenderse de Madrid; el PSOE la tiene débil. El PP tiene un liderazgo débil, los barones le sostienen; el PSOE tiene un liderazgo asentado y fuerte, los barones a sus baronías. El PP no tiene organizaciones capaces de tratar de tú a tú al partido ni en Cataluña ni en el País Vasco. El PSOE, sí: el PSC y la Federación Andaluza, con capacidad para pisar fuerte. La temporada de maniobras está a punto de terminar, la batalla empieza en septiembre.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS