Columna
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Mensajes que siguen faltando

Poco a poco, con más lentitud que en otros periodos poselectorales, se van fijando los marcos generales de la nueva legislatura. Los dos congresos, del PP y del PSOE, han sido interesantes en ese aspecto, pero ahora necesitan desarrollo y en esos procesos pueden quedar otra vez al descubierto problemas que no fueron solucionados.

El Partido Popular, por ejemplo, se ha complicado el poscongreso, en el que Mariano Rajoy renovó, con éxito y gran repercusión mediática, su equipo. Lo ocurrido después en Cataluña no tuvo gran importancia, pero sí volvió a sacar a la luz lo que continúa siendo el principal problema del PP: Rajoy ha cambiado de equipo y de imagen, pero sigue sin explicar hacia dónde quiere llevar a su partido y sigue sin dar señales o directrices fáciles de interpretar por los militantes y dirigentes populares.

Todos intuyen que ha terminado la época de la crispación y de los ataques indiscriminados en todos los frentes, pero todavía no saben cuáles son los mensajes que sustituyen a aquella fracasada estrategia.

En ausencia de un proyecto claro, en los partidos políticos suelen florecer las ambiciones personales y eso es lo que ocurrió en Cataluña, donde era difícil saber en qué se diferenciaban los candidatos. ¿La victoria de uno o de otro sector implicaba mayor o menor acercamiento a Convergència i Unió? ¿Tenían análisis distintos sobre el desastre ocurrido en las elecciones generales y estrategias diferentes para intentar modificar la situación en convocatorias futuras? ¿Qué línea impulsaba el presidente del partido? Imposible saberlo. Rajoy dijo a quién quería al frente del PP catalán, pero no dio ni la menor señal sobre qué quería que hiciera o defendiera.

El problema del PP no es un problema de falta de habilidad en el manejo del aparato, como algunos, en el entorno de Rajoy, intentan ahora justificar. La nueva secretaria general, María Dolores Cospedal, ha logrado salir sin un rasguño de su debut en Cataluña o del congreso de Baleares (conflictivo por otros motivos). No parece que sea capacidad de gestión lo que le falta al nuevo equipo. Lo que sigue necesitando es algo que no depende de la secretaria general ni del poderoso Javier Arenas, sino del propio Rajoy. Es esa falta de señales y mensajes claros, tan clásica en la carrera política de Mariano Rajoy, la que muchos, dentro de su propio equipo, empiezan a temer.

El congreso nacional del PP dejó además bastantes heridos por el camino y por ahora Rajoy no ha hecho ademán de recuperarles. El nerviosismo en ese grupo, que anhela "recolocarse", es muy patente. En su ayuda han llamado, incluso, a José María Aznar. El ex presidente del Gobierno, cada vez más enfadado porque no se le reconozcan, en su propia casa, sus grandes cualidades como gurú político (reconocimiento imprescindible para poder exhibirlas después fuera de España), apareció esta semana en Telemadrid para exigir "integración" y negociación interna. No parece que Rajoy tenga prisa en negociar nada, por lo menos antes de que se celebre el congreso del PP en Madrid y se compruebe el poder interno de Esperanza Aguirre.

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Por su parte, el PSOE, que está muy cómodo tras la victoria electoral y en el que es palpable la gran autoridad y reconocimiento de que disfruta José Luis Rodríguez Zapatero, no tiene todavía elementos suficientes para saber hasta qué punto han calado, o van calando, en el electorado los cambios efectuados por el PP y por Rajoy.

De momento, el congreso ayudó a marcar los campos en los que se va a intentar distinguir el "producto" socialista, las zonas en las que se procurará conducir la discrepancia y el enfrenamiento con el PP. Se trata, obviamente, de aquellas en las que los populares vayan a encontrar más dificultades para sacudirse la imagen de derecha pura y dura: aborto, relaciones con la jerarquía de la Iglesia, etc.

El discurso de clausura de Zapatero dejó también algunas pistas sobre la estrategia socialista en esta primera etapa de la legislatura. El presidente del Gobierno no tiene el mismo problema que Rajoy: sabe qué mensaje quiere transmitir y cómo. Da la impresión de que apuesta por reconducir inmediatamente el debate político al esquema más lineal derecha/izquierda y por dar una cobertura claramente ideológica al debate sobre la gestión de la crisis económica. Economía de Izquierda/economía de Derecha puede ser su gran leit motiv de los próximos dos años, siempre que la caja resista y que la recuperación se inicie en los plazos más o menos previstos.

Mientras tanto, sorprendió el inusual paso que dio Zapatero al convertir automáticamente las conclusiones del 37º congreso en compromisos del Gobierno. Hasta ahora se suponía que el único compromiso de un Gobierno era el programa con el que se había presentado a unas elecciones y que los acuerdos de los congresos políticos a veces se incorporaban a esos programas, y a veces, no, según las circunstancias.

PD. La fundación que dirigirá Caldera, y que ha quedado muy recortada, se llamará IDEAS. Lo curioso es que el PSOE se empeñe en convertir esa palabra en un acróstico: I, de Igualdad; D, de derechos... Con lo fácil que es entender la idea en sí misma. solg@elpais.es

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