El miedo derriba las Bolsas y lleva el euro al mínimo en nueve años

Las advertencias alemanas sobre Grecia castigan a todos los bonos

Símbolo del euro a las puertas del Banco Central Europeo, en Fráncfort.
Símbolo del euro a las puertas del Banco Central Europeo, en Fráncfort.EFE

El día que España celebró el primer dato de creación de empleo anual en siete años y la mayor caída del paro desde 1998, la Bolsa española sufrió su tercera peor jornada en 12 meses y los inversores exigieron más intereses a sus bonos. Nada como la jornada de los mercados de este lunes para asumir que el relato económico de España no se puede leer de forma independiente y que su tan debatida salida de la crisis puede entrar en barrena ante la incertidumbre europea. El miedo a una salida de Grecia de la zona euro resucitó de la mano de Berlín y sacudió la divisa, las Bolsas y la deuda pública: la cotización del euro llegó a tocar los 1,186 dólares, el nivel más bajo desde comienzos de 2006, para acabar la jornada en 1,19 dólares, el mínimo en cinco años.

El temor volvió a los parqués impulsado por la incertidumbre que generan las próximas elecciones en Grecia y las advertencias lanzadas desde Berlín: Grecia se verá abocada a dejar el euro si gana el partido de izquierdas Syriza con su propuesta de reestructurar la deuda. La caída del petróleo lastró además a los pesos pesados de la Bolsa afectados, también en Wall Street, y reforzó la expectativa de una baja demanda.

Todas las grandes Bolsas cayeron: Milán se dejó el 4,92% y Madrid, el 3,45%, un descenso solo superado en el último año por el 3,59% del 15 de octubre y el 3,64% del 24 de enero. París también perdió el 3,31% y Fráncfort, el 2,99%. Atenas resultó la peor parada, con un descalabro del 5,63%.

La divisa europea encoge también frente a la libra, el franco suizo y el yen

Los griegos eligen a su nuevo Gobierno el 25 de enero y los sondeos dan por vencedor a un Syriza que reclama suavizar la política de austeridad impuesta por Bruselas a la rescatada Grecia y reestructurar el pago de la deuda pública que soporta. Alemania advierte de que, a diferencia de 2012, cuando la zona euro no estaba preparada para la salida de un país miembro, ahora el riesgo de contagio es limitado. El mensaje había aparecido el domingo en el semanario Der Spiegel sin que la Cancillería lo desmintiera.

Pero los inversores demostraron este lunes no tenerlo tan claro y pulsaron el botón de aversión al riesgo. Del castigo a los bonos públicos no se libraron siquiera los alemanes, a pesar de su condición de inversión refugio y que suelen salir beneficiados del río revuelto porque el dinero vuela hacia el papel germano. Este lunes, en cambio, los bancos de negocios y fondos de inversión incrementaron la rentabilidad que exigen por comprar los títulos alemanes, italianos, franceses y, por supuesto, griegos.

El revés fue peor para los periféricos y por eso el diferencial con Alemania en los bonos a 10 años, la prima de riesgo, saltó de golpe para España de los 99 a los 109 puntos básicos (1,09 puntos porcentuales). El bono español acabó con una rentabilidad del 1,6%, frente al 0,51% del alemán o el 1,83% del italiano, cuya prima también empeoró de 114 a 132 puntos básicos.

De un plumazo se borró la mejora de la semana pasada, en la que la prima española había logrado bajar de los 100 por primera vez desde 2010 y los bonos alemanes a cinco años pagaban un interés negativo por primera vez en la historia del euro. La expectativa de que el Banco Central Europeo (BCE) anunciará este mes la compra directa y masiva de deuda pública (el llamado QE, en sus siglas en inglés) no compensó la incertidumbre, aunque sí sirvió para seguir lastrando el euro.

La economía de la zona euro sigue anémica y la inflación lejos del objetivo de cerca del 2% pese a que los tipos de interés están en casi cero y que en verano el BCE ya impulsó otro gran paquete de estímulos, así que el mercado descuenta que el organismo de Mario Draghi se lanzará a esas medidas más contundentes. La moneda única europea, ya por debajo de ese listón simbólico de los 1,20 dólares, no se encogió solo frente al billete verde, sino que el lunes también lo hizo con relación a divisas como el yen japonés, el franco suizo o la libra esterlina.

La bajada del euro debería contribuir a subir la inflación europea y facilitar las exportaciones a mercados con otras divisas: ahora con un dólar se pueden consumir más productos europeos que antes. Pero esta fortaleza también retroalimenta la depreciación del petróleo. El barril de brent, que es la referencia en Europa, bajó un 6%, por debajo de los 53 dólares, lo más barato que se había visto desde 2009.

Sobre la firma

Amanda Mars

Corresponsal jefe de EL PAÍS en EE UU. Comenzó su carrera en 2001 en Europa Press, pasó por La Gaceta de los Negocios y en 2006 se incorporó a EL PAÍS, donde fue subjefa de Economía y corresponsal en Nueva York. Desde 2017 vive en Washington. Ha cubierto dos elecciones presidenciales, unas legislativas, dos impeachment y un asalto al Capitolio.

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