Objetivo: evitar la explosión del mercado único

Bruselas prepara un fondo para equilibrar las diferencias en la concesión de ayudas de Estado

La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Margrethe Vestager, el pasado viernes en Bruselas.
La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Margrethe Vestager, el pasado viernes en Bruselas.Delmi Álvarez

Jacques Delors ha repetido sin fatiga que Europa debe ir más allá del mercado único que él mismo se encargó de relanzar. Pero en la interminable búsqueda de esa “alma” por la que aboga el expresidente de la Comisión, la peor recesión en la historia del proyecto europeo amenaza la integridad de uno de los mayores activos de la UE. La respuesta descomunal de Alemania al salir al rescate de sus empresas y la timidez de otros países como España pone en riesgo la igualdad de condiciones en el tablero europeo. Bruselas apuesta por un fondo con 300.000 millones que equilibre esa respuesta. Y es la carta que juegan también España o Italia.

Alemania no ha dudado en inyectar 9.000 millones de euros a Lufthansa, su aerolínea de bandera. No es la primera empresa a la que saca del aprieto. Antes lo hizo con Adidas, TUI o Condor. Y Bruselas da por hecho que tampoco será la última. Según la Comisión Europea, Berlín tiene listos hasta 996.000 millones de euros, el equivalente al 29% de su PIB, para ayudar a sus compañías. En el otro extremo, hasta el 1 de mayo España había recibido el visto bueno de ayudas por 27.000 millones, el 2,2% del PIB. Fuentes de la Comisión sostienen que los números han variado, pero la brecha persiste: Alemania recibe concentra el 47% de todos los subsidios de Estado aprobados, y España, el 4%.

“El mercado único ha sido puesto en pausa”, recuerda Johan Bjerkem, analista del European Policy Centre (EPC). La gravedad de la crisis llevó a Bruselas a dar prácticamente barra libre a las capitales para rescatar a sus empresas. Los datos que maneja la Comisión son demoledores. Las corporaciones europeas perderán este año al menos 720.000 millones de euros, lo cual pondrá en apuros a entre el 25% y el 35% del tejido empresarial. En el peor escenario, incluso podrían acumular unos números rojos de 1,2 billones, lo cual llevaría a una situación delicada a la mitad de los negocios de todo el continente que, según la Comisión, “afrontarán un grave riesgo de quiebra”.

Bruselas quiere evitar a toda costa la mortalidad de empresas y puestos de trabajo. Y mucho menos cuando está en riesgo nada menos que la mitad del mercado. Pero también sabe que no todos los países tienen la potencia de fuego de Alemania. “No todos los Estados miembros tienen margen presupuestario para dar apoyo a las empresas. De hecho, las diferencias en el tamaño de las economías y los presupuestos europeos aumentan el riesgo de fragmentar aún más el mercado único”, advierte la vicepresidenta de la Comisión Europea, Margrethe Vestager. “Francia y Alemania han acudido a apoyar a sus empresas, mientras que los países del sur no han tenido esa misma capacidad. Para ellos es un reto y una amenaza”, añade Johan Bjerkem.

Los países solo podrán evaluar a fondo la magnitud de ese desastre cuando se reabran fronteras y mercancías y trabajadores circulen libremente. Si el desequilibrio actual persistiera, eso daría una gran ventaja a las empresas alemanas sobre el resto, que incluso podrían verse fuera del mercado. A esa situación podría llegarse también si la recesión es más intensa en el sur y se lleva por delante a más compañías y puestos de trabajo.

Beneficios del mercado único

Bruselas no quiere que Berlín deje de apoyar a sus empresas, pero tampoco desea una carrera por dar ayudas de Estado a mansalva. “Se podría llegar a la situación de una competencia entre países. Italia estaba rezagada respecto a Alemania, pero empieza a cambiar porque se ha dado cuenta de que el BCE está ahí para todos”, sostiene el investigador de Bruegel, Grégory Claeys.

La Comisión tampoco desea que los países del sur sufran una cascada de quiebras, en especial si hubiera un rebrote. Tampoco le interesa a los países del norte, que sí asumen las razones de España, Italia o Portugal cuando advierten sobre el riesgo de fragmentación del mercado único. “Es un argumento inteligente de Pedro Sánchez o Giuseppe Conte para conseguir un plan de recuperación, porque el mercado único es la principal preocupación de los países del norte. Es más, está arriba del todo en su agenda europea”, sostiene un diplomático.

Los números que maneja Bruselas indican que los países del norte, también los cuatro halcones (Dinamarca, Países Bajos, Suecia y Austria) son los más beneficiados por el mercado interior. Holanda, por ejemplo, exporta el 74% de sus productos dentro de la UE, mientras que en el caso de Austria esa proporción es del 71%. La Comisión también tiene calculadas las ganancias que aporta el mercado único a los países. De acuerdo con sus estimaciones, en Dinamarca son de 1.682 euros per cápita; en Austria, 1.583 euros; en los Países Bajos, 1.500 euros, y en Suecia, 1.302 euros. En cambio, en Italia son de 763 euros; en España, 589 euros, y en Portugal, 497 euros. En Bulgaria son muy inferiores: 193 euros.

Ese peligro ha movido a Alemania y ha abierto a los países del norte a negociar un paquete de ayudas, aunque en las primeras reuniones técnicas ya ha advertido de que mantendrá su línea roja de articularlo mediante créditos y no subsidios. La Comisión, aun así, ha propuesto dentro de su plan de recuperación la creación de un fondo que aspira a movilizar hasta 300.000 millones de euros mediante el uso de 31.000 millones del plan presentado por Ursula von der Leyen. Y en paralelo, quiere atar corto esas operaciones fijando límites y pidiendo, si es necesario, concesiones para abrir mercados antes de dar luz verde a las ayudas. Y estableciendo límites para evitar otro posible efecto secundario negativo: que el continente se llene de empresas zombies alimentadas de gasolina pública.

Sobre la firma

Lluís Pellicer

Es jefe de sección de Economía de EL PAÍS, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. Ha sido corresponsal en Bruselas entre 2018 y 2021 y redactor de Economía en Barcelona, donde cubrió la crisis inmobiliaria de 2008. Licenciado en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona, ha cursado el programa de desarrollo directivo de IESE.

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