LA CRISIS DEL CORONAVIRUS
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El verano no espera

La irresponsabilidad no es la vuelta a la actividad, es la demora. Abrir las fronteras no es atraer al virus, sino a la recuperación

Hoteles cerrados y tumbonas recogidas, el 6 de mayo, en la playa del Inglés (Gran Canaria).
Hoteles cerrados y tumbonas recogidas, el 6 de mayo, en la playa del Inglés (Gran Canaria).Quique Curbelo (EFE)

Lo peor de la pandemia ha pasado y los primeros pasos en la desescalada coinciden con la llegada del verano. Este es el momento en el que comenzaría la temporada alta en muchos destinos turísticos. Sin embargo, este 2020 estará marcado por la crisis de la covid-19. Debemos afrontar ese cruce de caminos entre la reapertura de la economía y la llegada del verano con precaución, pero también sin demora.

El verano no espera. Pero depende de nosotros que seamos capaces de conseguir que el sector turístico supere esta gran prueba recuperando el tráfico de viajeros, la ocupación y el gasto por turista necesarios para que no hablemos de un año perdido. Y nos referimos a un año perdido para la economía, y para muchas empresas y familias. Quizás de un daño difícil de reparar en el medio plazo.

El sector turístico supone el 12,3% del PIB de España —un porcentaje que alcanza incluso el 45% en regiones especialmente volcadas en esta industria como Baleares—, y explica prácticamente el 12,7% del empleo total del país. De él dependen hasta 2,6 millones de personas. Solo el turismo internacional dejó en España más de 92.000 millones de euros en 2019, prácticamente la misma cantidad dispuesta por el Gobierno en forma de avales para aportar liquidez a las empresas en plena crisis de la covid-19.

La mitad de toda esta riqueza generada por el turismo tiene lugar durante la época estival, esto implica que ahora, cada semana que pase sin que se reactive el turismo, supondrá una pérdida milmillonaria y no solo debemos pensar en las aerolíneas o los hoteles, son también las pequeñas y medianas empresas de la hostelería, el comercio, el transporte, las agencias de viaje, el ocio o la cultura. Es una cadena de valor al completo que vertebra a todo un país y una sociedad sin que, hasta ahora, haya sido tan evidente.

Lo dicen las cifras y toda la comunidad internacional, que ha acabado por reconocer el papel del sector como creador de valor, como una actividad moderna y sostenible, con grandes empresas internacionalizadas, que en su conjunto hacen tanto por la Marca España. España es un líder mundial del turismo, algo que no se logra de la noche a la mañana, y que es una responsabilidad de todos proteger.

Mientras leemos estas líneas, otros países, competencia directa para el sector turístico español, están agilizando la apertura de sus fronteras al turismo. Alemania, Croacia, Portugal, Italia o Francia están en ese camino, invirtiendo grandes cantidades de dinero para reflotar el sector turístico, con lo que, si España no pisa el acelerador, llegará tarde.

Nuestra fecha en mente es el próximo 1 de julio —Italia abrirá sus fronteras este 3 de junio—. Para entonces necesitamos haber podido abrir nuestras puertas a importantes flujos de turistas a nivel nacional e internacional.

España puede acometer esa apertura equilibrando seguridad y oferta turística. Somos un país seguro, contamos con los protocolos y los equipamientos sanitarios necesarios para que podamos establecer líneas de entrada y salida de viajeros entre regiones en las que la crisis sanitaria está controlada. Pero no hay tiempo que perder.

La irresponsabilidad no es la vuelta a la actividad, es la demora. Abrir las fronteras, no es atraer al virus, sino a la recuperación. Cerrarlas es condenar a miles de empresas y trabajadores a un tránsito penoso hacia el final de la crisis, una oportunidad perdida que solo podemos aprovechar hoy.

Para ello, los empresarios de Baleares han diseñado un plan piloto de corredor seguro entre Alemania y el archipiélago ordenando el flujo de turistas extranjeros, principalmente alemanes, con todas las garantías sanitarias necesarias que les han aconsejado médicos y expertos, y podría estar operativo antes del 1 de julio. Seguros de que será todo un éxito, animo a que, una vez reciba el visto bueno, se pueda replicar en otras comunidades autónomas.

Será necesaria hoy más que nunca la colaboración público-privada para lograr que el sector turístico salga fortalecido de este verano. Las empresas turísticas van a necesitar de un marco legal y fiscal que les acompañe en este trayecto.

Será preciso que se garantice una prórroga de los ERTE durante seis meses más o que se permita mayor movilidad de los trabajadores para evitar ajustes de plantillas. Todo sin perder de vista las necesarias moratorias de impuestos, que deberían extenderse a lo largo del próximo año, o incluso una rebaja del IVA turístico para competir en igualdad con terceros países.

El sector turístico viene dando a España durante décadas un soporte económico irrenunciable. Es un sector ejemplar por su capacidad para atesorar ganancias de competitividad a golpe de una mayor calidad y sostenibilidad; nos hace más atractivos frente a otros países. Los ciudadanos españoles se merecen también tener un verano para descansar y reencontrarse. El país lo necesita. Pero el sector turístico, para brindarnos todo eso, necesita a su país.

Y el momento es ahora, porque el verano no espera.

Antonio Garamendi es presidente de la CEOE.

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