EE UU golpea el sistema de envío de remesas a Cuba en medio de la crisis económica por el coronavirus

El Gobierno de Trump ha incluido a Fincimex, corporación financiera a través de la que miles de cubanoamericanos envían dinero a sus familias, en una nueva lista negra que endurece la política de embargo económico

Varias personas hacen compras en un mercado agropecuario, esta semana en La Habana (Cuba).
Varias personas hacen compras en un mercado agropecuario, esta semana en La Habana (Cuba).Ernesto Mastrascusa (EFE)

Dice el dicho que siempre que llueve escampa. Pero cuando se trata de la Administración Trump y de Cuba, resulta que no. En medio de la pandemia de coronavirus, que ha puesto en una situación extrema a la débil economía cubana, con cero ingresos por turismo, desabastecimiento galopante debido a la mínima capacidad importadora, y además la reducción sensible de las remesas a causa de la crisis internacional, Washington aprieta todavía más.

Solo unos días después de volver a incluir a Cuba en la lista de países que no “cooperaron plenamente con los esfuerzos antiterroristas de EE UU”, primer paso para que la isla regrese a la famosa lista negra de “patrocinadores del terrorismo”, el secretario de Estado, Mike Pompeo, anunció más leña contra el Gobierno cubano, y de la que duele.

Dijo Pompeo que, desde ya, otras siete entidades cubanas, la mayoría vinculadas al turismo, pero también la corporación financiera Fincimex —agente en la isla de la Western Unión, a través de la cual decenas de miles de cubanoamericanos envían dinero a sus familias—, ingresan a la famosa “lista negra” por lo que los norteamericanos no pueden tener trato alguno.

En esta lista, que desde que Trump llegó a la Casa Blanca se ha alargado como un chicle, se incluyen más de un centenar de empresas, la mayoría hoteles —incluido el Iberostar Grand Packard, en el que se alojaron los Reyes de España durante su histórica visita a la isla el pasado mes de noviembre—, y hasta floristerías y tiendas de juguetes por estar bajo el paraguas de la corporación militar GAESA, que administra buena parte de la economía cubana.

El argumento, para variar, es que estas “subentidades” —así las denominó el jefe de la diplomacia norteamericana— “benefician desproporcionadamente a la dictadura de los Castro”, pues se considera que “las ganancias de estos negocios" son utilizadas “para oprimir al pueblo cubano y financiar su interferencia en Venezuela”. El Departamento de Estado asegura que “la mayor parte de la industria turística de Cuba es propiedad y está operada por el Ejército cubano”, y en un comunicado exhorta a aquellos que viajen a la isla a ser “consumidores responsables y evitar proporcionar fondos adicionales al régimen represivo y abusivo de los Castro".

Como parte de la misma lógica, se insta a los turistas a apoyar "a los pequeños empresarios cubanos que luchan por tener éxito a pesar de las fuertes restricciones impuestas por el régimen", una recomendación no exenta de veneno, pues deja a los cuentapropistas en una situación incómoda por razones obvias.

El mantra para justificar el nuevo apretón de tuercas norteamericano es el usual: "el pueblo cubano merece un Gobierno democrático, libertad de expresión y religión o creencias, prosperidad económica y respeto por los derechos humanos". Según Washington, las nuevas medidas contribuyen a este fin, aunque ciertamente esto es algo más que dudoso si se tiene en cuenta que la política de embargo lleva en vigor 60 años, y nada.

Aunque desde diversos Gobiernos e instituciones, incluida la Unión Europea y el jefe de su diplomacia, Josep Borrell, se ha pedido a la Administración Trump que afloje las sanciones mientras dura la pandemia, EE UU se mantiene en sus trece e insiste en la estrategia del cuanto peor, mejor.

Sin duda, la inclusión en la nueva lista negra de la corporación financiera Fincimex -junto a algunos hoteles y marinas- está pensada para hacer sangre. Las remesas que envían los emigrantes a sus familias son una de las fuentes importantes de ingreso de divisas del país —el cálculo es impreciso, pero diversos economistas cifran en unos 3.000 millones de dólares anuales lo que supone este concepto, casi tanto como lo que aporta el turismo—.

Las remesas inyectan liquidez a la economía cubana, pero sobre todo alivian las necesidades de las familias, así que el golpe que pueda derivarse de esta nueva sanción podría afectar sobre todo a los hogares. Y llueve sobre mojado, pues debido a la crisis internacional ocasionada por la epidemia de coronavirus, los envíos de dinero de los emigrados podrían caer este año más de un 30 %, según cálculos conservadores. A ello hay que sumar ahora el efecto de la inclusión en la lista negra de Washington del agente financiero con el que trabaja la empresa de transferencia de remesas Western Unión, que tiene presencia en 16 provincias y 168 municipios del país.

“La incorporación de la institución financiera Fincimex a la lista restringida de Cuba ayudará a abordar los intentos del régimen de controlar el flujo de divisas que pertenece al pueblo cubano", afirma el Departamento de Estado. La Habana rechazó las sanciones de inmediato y consideró “vergonzoso y criminal” recrudecer el embargo económico y financiero contra la isla en momento en que se lucha contra el coronavirus. Son medidas “diseñadas para afectar a las familias cubanas", denunció el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez. Y las que quedan.

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