Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Eurogrupo ibérico

La candidatura de Nadia Calviño es una excelente noticia. Ya forma parte del club y no habrá sorpresas. Se sumaría a Ursula von der Leyen en la Comisión y a Christine Lagarde en el BCE

La vicepresidenta económica Nadia Calviño y el presidente del Eurogrupo, Mário Centeno.
La vicepresidenta económica Nadia Calviño y el presidente del Eurogrupo, Mário Centeno.Thierry Monasse

En el verano de 2018 invité a Mário Centeno, entonces ministro de Hacienda de Portugal, a clausurar un curso de la Universidad Menéndez Pelayo sobre el futuro de la Socialdemocracia en el siglo XXI. Sin ningún complejo defendió la necesidad de reducir la deuda pública para conseguir reducir las primas de riesgo, como condición necesaria para favorecer la inversión, la creación de empleo y los ingresos públicos que permiten hacer sostenibles el estado de bienestar.

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En 2015, el socialista Antonio Costa ganó las elecciones en minoría y necesitó el apoyo de los comunistas y del Bloco de Esquerda, el equivalente a Podemos en Portugal, para gobernar. La economía portuguesa seguía “troikada” y las heridas tras los duros recortes del rescate aún no habían cicatrizados. El fichaje de Centeno le doy a Costa auctoritas para negociar con Bruselas. Portugal entre 2015 y 2019 redujo la deuda pública más de 10 puntos de PIB.

La presidencia del Eurogrupo es un puesto no ejecutivo que realiza una labor de coordinación muy compleja para buscar consensos entre los países. Mário Centeno exigía procesos de consolidación fiscal a otros países, entre ellos España que fue el último en cumplir el Pacto de Estabilidad, y les convencía con el ejemplo. Un país muy afectado aún por la anterior crisis, con un gobierno de izquierdas que defendía la reducción de deuda pública. Centeno representa a la escuela socialdemócrata clásica que consideraba que la mayor amenaza para el estado de bienestar es la insostenibilidad de la deuda pública.

La candidatura de Nadia Calviño para presidir el Eurogrupo es una excelente noticia. Ya forma parte del club y no habrá sorpresas. Es una mujer que se sumaría a Ursula von der Leyen en la Comisión y a Christine Lagarde en el BCE. Y es ibérica y del sur como Centeno. España con unos gobiernos de derechas no redujo nada su deuda pública sobre PIB entre 2015 y 2018 al incumplir sistemáticamente sus compromisos de déficit. El problema es que Nadia Calviño también incumplió el compromiso de déficit en 2019. En enero del pasado año presentó unos presupuestos con una previsión de déficit del 1,3%, tres meses después envió a Bruselas el Programa de Estabilidad con un objetivo del 2%. Y cerró el año con el 2,8%.

La pandemia continúa y la incertidumbre es máxima. Los retos a los que se enfrenta el Eurogrupo el próximo año son enormes. Facilitar la recuperación y reducir el desempleo generado por la crisis sin que las elevadas deudas públicas provoquen otra crisis del euro como en 2012. El mayor problema es Italia con una deuda pública superior al 160% del PIB, un déficit de dos dígitos, con crecimiento potencial bajísimo desde hace décadas y ocho veces más deuda emitida que Grecia.

Calviño, como Centeno, deberá coordinar el proceso de consolidación fiscal en los próximos años sin poner en riesgo la recuperación de la economía. Y será condición necesaria que empiece ella por cumplir los compromisos de déficit. Que la fuerza la acompañe.

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