Ecuador cierra un préstamo de 6.500 millones de dólares con el FMI

El Gobierno de Lenín Moreno accede a nuevo financiamiento que le permite consumar la renegociación de bonos pactada a mediados de agosto

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, durante una cumbre de la ONU, en 2019.
El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, durante una cumbre de la ONU, en 2019.Drew Angerer (Getty Images)

El Fondo Monetario Internacional quería que Ecuador llegase a un acuerdo con sus acreedores de deuda soberana antes de prestarle más dinero y, a la vez, los prestamistas internacionales exigían un nuevo programa entre el FMI y el país sudamericano para consumar la renegociación. El ciclo se cerró este viernes, al borde de terminarse el plazo. El Gobierno de Lenín Moreno accederá a 6.500 millones de dólares de financiación del Fondo a través de un programa que durará 27 meses, que le exigirá hacer ajustes del gasto público y una reforma tributaria y que le permitirá sellar la reestructuración de su deuda externa. El Ejecutivo y el multilateral anunciaron el pacto después de dos semanas de pulir los últimos detalles.

”El nuevo acuerdo complementa un canje de deuda exitoso de 17.400 millones de dólares en bonos globales entre las autoridades y sus tenedores de bonos, y se espera que catalice apoyo financiero adicional bilateral y multilateral”, concluye el comunicado del FMI en el que se dio a conocer el resultado de un “diálogo franco y constructivo”. A diferencia de ocasiones anteriores, las autoridades ecuatorianas se ciñeron a ese anuncio y a un mensaje en Twitter del presidente Moreno para confirmar el paso, sin ofrecer más detalles. El próximo martes 1 de septiembre concluía el plazo -que se había prorrogado desde el 15 de agosto- para completar las negociaciones y consolidar el canje de la deuda externa que asfixiaba a Ecuador por nuevos bonos con un periodo de gracia de cinco años, una quita de 1.500 millones de dólares y una rebaja de tasas de interés.

A cambio del crédito, el Fondo espera de Ecuador la determinación para “reducir el gasto relacionado con la crisis el próximo año e implementar un paquete de reforma fiscal que incluye una moderación del gasto corriente y de capital, una reforma tributaria inteligente e integral, y una mejor gobernanza del gasto público, mientras se continúa expandiendo la cobertura de la protección social”. Se pronostica un cierre de año con estrecheces, un decrecimiento del 11% del PIB y un aumento del déficit fiscal debido al impacto económico del parón provocado por la pandemia de la covid-19 y al arrastre de los bajos precios de petróleo. Pero el programa de rescate tiene por objetivo ayudar a la nación andina a “estabilizar” su economía y “preparar el terreno de la recuperación”.

En la confirmación del acuerdo, ni el FMI ni Ecuador han concretado los detalles de las metas fijadas para el ajuste de gasto, de la inversión, ni en qué consistirá la reforma tributaria exigida. En su escueto mensaje presidencial, Lenín Moreno envió un agradecimiento al equipo negociador y a Kristalina Georgieva, directora general del Fondo, con miras a seguir trabajando juntos. El ministerio de Finanzas solo precisó que la tasa de interés es del 2,9 %, el plazo de pago es de 10 años con cuatro años de gracia.

El Gobierno ecuatoriano llevaba en conversaciones con el FMI para renovar el acceso a financiación desde que el programa de rescate anterior fue oficialmente suspendido en mayo de 2020. Un año y medio antes, en marzo de 2019, se había pactado un préstamo de 4.200 millones de dólares, aparejado de 6.000 millones de dólares más de organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o el Banco Mundial, que entonces dirigía la misma Georgieva. Ese acuerdo rompía 10 años de distanciamiento entre el FMI y un Ecuador gobernado por el expresidente Rafael Correa.

El país comenzó a caer en incumplimientos debido a sus dificultades para cerrar la brecha entre ingresos y gastos, el nivel de endeudamiento y el bloqueo político interno que frenó las reformas fiscales pautadas. Este nuevo pacto, no obstante, tendrá que lidiar con el cambio de Gobierno que llegará el próximo año de unas elecciones presidenciales en las que no participará Lenín Moreno y el oficialismo no tiene un candidato claro.

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