Una inyección fiscal para la economía británica

El Reino Unido fía su recuperación al proceso de vacunación y a unos presupuestos expansivos basados en la subida de los impuestos

El primer ministro Boris Johnson en su visita a un centro de vacunación contra la covid el pasado febrero.
El primer ministro Boris Johnson en su visita a un centro de vacunación contra la covid el pasado febrero.Jeremy Selwyn

La economía británica va a ser una de las últimas en recuperarse de la pandemia”, titulaba el Financial Times a primeros de 2021 su encuesta anual sobre el año entrante. Una encuesta muy sombría a pesar de que ya entonces habían empezado a inyectarse las primeras vacunas contra la covid-19. “El crecimiento de la economía británica el año que viene será el más rápido desde 1948”, proclamaba The Guardian exactamente dos meses después. Eso es lo que pronosticó la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria británica en vísperas de que el canciller del Exchequer y ministro de Economía, Rishi Sunak, presentara su proyecto de presupuestos a los Comunes a principios de marzo.

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Parecen mensajes contradictorios, pero no lo son. El primero es una visión con cierta perspectiva del futuro a corto plazo. El segundo es una foto de lo que ocurrirá en 2022, y punto. Dicho de otra manera: la economía británica está recibiendo un chute de anticuerpos que se traducirá, si se cumplen los pronósticos, en un crecimiento del 4% este año y un espectacular 7,3% en 2022, el dato de crecimiento más alto desde 1948. Pero eso no es más que el rebote desde el abismo actual y no va a tener continuidad: las previsiones futuras son mucho más moderadas, con crecimientos en torno al 1,6% y 1,7% entre 2023 y 2025.

La inyección de anticuerpos se refleja en el índice de confianza de los consumidores de la consultora YouGov, publicado días antes del debate presupuestario, y que se sitúa en 105,4 puntos, dos más que en enero, pero todavía por debajo de los 107,5 puntos de hace un año. La confianza de los consumidores es clave en un año en el que el crecimiento económico se supone que va a llegar de la mano del consumo interno. “No me sorprendería que las cifras mejoren a medida que nos vamos adentrando en la primavera si tenemos en cuenta que se ha prolongado el mecanismo de ayudas de los expedientes de regulación de empleo, la fortaleza con la que se está llevando a cabo el despliegue de las vacunaciones y el reciente anuncio de la hoja de ruta para salir del cierre de la economía”, opina el director de reputation research de YouGov, Darren Yaxley.

Desde luego, esa mejora no parece que pueda llegar del sector exterior, que se desplomó de manera espectacular en enero, en particular el comercio entre el Reino Unido y la UE. Las importaciones británicas procedentes de Alemania, Francia e Italia cayeron un 29%, un 13% y un 38%, mientras que las exportaciones británicas a esos países cayeron de forma aún más pronunciada: 56%, 20% y 70%, respectivamente. Los expertos, sin embargo, prefieren no ser muy tajantes sobre el significado de esas cifras a largo plazo porque hay diversas incógnitas, desde la influencia de la pandemia hasta la acumulación de mercancías justo antes del Brexit por miedo a que no hubiera acuerdo o, simplemente, la posibilidad de que esas caídas sean un efecto temporal por el desconcierto que se vive en las fronteras en las primeras semanas de aplicación de la nueva legislación que rige entre la UE y el Reino Unido.

Lo que sí parece estar claro es que Londres ha decidido que, desde el punto de vista de la comunicación política, el Brexit no existe. El Brexit fue el elefante invisible en la presentación de los presupuestos. En su discurso de más de 6.000 palabras en los Comunes, Rishi Sunak no pronunció ni una sola vez la palabra maldita, Brexit, y solo mencionó dos veces a la Unión Europea. La primera vez, para enfatizar las ventajas comparativas del techo del IVA británico frente al europeo, y la segunda, para confirmar la creación de diversos puertos francos, “una política que solo podemos poner en marcha ahora que estamos fuera de la UE”. Una afirmación por otra parte incorrecta porque el Reino Unido tuvo puertos francos hasta que en 2012 decidió suprimirlos.

Lo que no pudo ocultar el canciller del Exchequer es que las políticas económicas británicas de los próximos años suponen un cambio revolucionario en el credo político del Partido Conservador. El presupuesto del Gobierno de Boris Johnson es tan político como económico, algo que no debería sorprender porque para eso están los Presupuestos del Estado: para hacer política.

Cuentas públicas

El presupuesto de los tories se podría resumir de forma muy sintética y así lo ha hecho la prensa británica: “Gasta hoy, paga mañana”. Gasta hoy significa que Sunak ha prorrogado la práctica integralidad de las ayudas públicas por la covid-19, y en particular el esquema de protección a los trabajadores desempleados, equivalente a los ERTE en España, y ventajas fiscales para las empresas. En total, los incrementos de gasto para el actual año fiscal rondan los 65.000 millones de libras (casi 76.000 millones de euros), incluyendo 23.000 millones de euros para desempleados y autónomos y casi 20.000 millones de ayudas a corto plazo para las empresas.

Para pagar todo eso y mucho más (el déficit presupuestario rozará el 17% del PIB este año, el nivel más alto desde 1944, y el crecimiento de la deuda pública alcanzará los 600.000 millones de libras, más de 700.000 millones de euros, en dos años de pandemia), el Gobierno ha anunciado a partir de 2023 la mayor subida de impuestos en el Reino Unido desde 1993. Aunque la medida estrella es el espectacular aumento del impuesto de sociedades, que pasará del 19% actual al 25%, también los salarios modestos van a pagar la factura a través de la congelación del mínimo exento de tributación del IRPF, uno de los mecanismos más populares y diáfanos de reducción de impuestos de todo el sistema fiscal.

Hasta ahora, el último canciller del Exchequer que aumentó el impuesto de sociedades fue el laborista Denis Healey en 1974, y los presupuestos amenazan con asociar la imagen del Reino Unido con un régimen de altas tributaciones precisamente coincidiendo con la puesta en práctica del Brexit. El actual optimismo de los británicos puede durar poco si acaban haciéndose viejos pagando la factura de la covid-19… ¡y del Brexit!

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