La inflación argentina llega en marzo al 4,8% mensual

La subida de precios en el primer trimestre llega al 13% y aleja al Gobierno del objetivo del 29% para todo 2021

Varias personas caminan por una zona de ventas informales en Buenos Aires, el pasado 23 de marzo.
Varias personas caminan por una zona de ventas informales en Buenos Aires, el pasado 23 de marzo.Juan Ignacio RONCORONI (EFE)

La inflación sigue descontrolada en Argentina. En marzo, los precios aumentaron un 4,8%. Eso supone que en el primer trimestre de este año la subida es ya del 13%, lo que convierte en muy inverosímil el objetivo del 29% para todo 2021 establecido en la ley de presupuestos. Alimentos y bebidas siguen encareciéndose a un ritmo muy alto y afectan de forma directa al nivel de pobreza: a final de 2020, el 42% de los argentinos eran pobres. Es decir, no podían cubrir sus necesidades en vivienda, alimentación y vestido.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, de gira por Europa para recabar apoyos ante el vencimiento de la deuda con el Club de París (unos 2.000 millones de dólares) y la necesidad de reestructurar la deuda con el Fondo Monetario Internacional (44.000 millones de dólares), participó telemáticamente el miércoles en una reunión del gabinete económico y aseguró que la inflación de marzo sería la más alta del año, para luego descender progresivamente.

Los analistas privados consideran, en cambio, que por pura inercia en abril se mantendrá en torno al 4%, y que no cerrará el año por debajo del 46%. En 2020, los precios subieron un 36,1%, gracias al efecto deflacionario del confinamiento y al cierre temporal de industrias por la pandemia.

La inflación de marzo fue la más alta desde septiembre de 2019, después de que el peso sufriera una devaluación del 35% en un solo mes, agosto, y los mercados financieros y bursátiles argentinos se derrumbaran.

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Horas antes de que el Instituto Nacional de Estadística y Censos publicara el dato del mes de marzo, el director del Departamento para el Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner, declaró en Washington que la elevada inflación argentina generaba “preocupación” y que era necesario un programa macroeconómico para controlarla y evitar ulteriores erosiones en los niveles de empleo.

Sin embargo, el Gobierno de Alberto Fernández tiene serias dificultades para ordenar sus cuentas. En 2020, el déficit financiero del presupuesto alcanzó el 8,5%. Y, sin acceso al crédito exterior (los bonos de deuda pública cotizan a nivel de default pese al acuerdo logrado hace unos meses con los acreedores privados y el FMI ya no presta más dinero), ha sido necesario emitir billetes de forma masiva para financiar el déficit, lo que reduce el valor del peso y alimenta la inflación.

También poco antes de que se conociera el dato de marzo, el Gobierno argentino anunció controles más severos sobre la exportación de carne (se interpreta que los precios internacionales fomentan la inflación local) y la incorporación de 500 nuevos inspectores destinados a vigilar la política de “precios controlados”. El gobierno impone precios máximos sobre los productos de primera necesidad para frenar la inflación; agricultores e industriales, a su vez, aseguran que esos límites sobre los precios eliminan su margen de ganancias y les condenan a sufrir pérdidas. Los productores de leche, por ejemplo, dicen perder dos pesos por cada litro de leche que sale al mercado.

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