Cumbre del clima
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Ambición y promesas sostenibles

Es necesario generar incentivos globales, como mecanismos de ajuste de carbono en frontera, para lograr hacer efectiva la meta de reducir las emisiones

Vista de una planta de generación termoeléctrica de Tula, en el estado de Hidalgo (México).
Vista de una planta de generación termoeléctrica de Tula, en el estado de Hidalgo (México).Carlos Ramírez (EFE)

Lograr la meta del Acuerdo de París de limitar el aumento de la temperatura global requiere caídas continuadas de las emisiones de carbono del orden del 5%-10% anual, lo que desde 1830 solo se ha registrado con recesiones o guerras. En los últimos 10 años, con comportamientos muy distintos entre economías, se va reduciendo la respuesta de las emisiones al crecimiento mundial, pero se necesita mucho más, y la ambición para lograrlo empieza a manifestarse.

La cumbre de líderes sobre el clima organizada por EE UU fue una sucesión de compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GHG) y de promesas de mayores ajustes a detallar en la próxima conferencia de las Naciones Unidas en Glasgow (COP26). EE UU, por ejemplo, se compromete a reducir a la mitad sus emisiones en 2030 respecto a 2005, multiplicando así casi por cinco la descarbonización lograda en la última década. Con ello, las caídas en emisiones se aproximarían al umbral del 5% anual en los próximos 10 años, pero con crecimiento económico y generación de empleo.

Si los ambiciosos objetivos están claros, la certidumbre sobre su logro no tanto. No por la falta de análisis sobre qué políticas de descarbonización existen y sus efectos, o porque no se haya tratado el asunto incluso en la misma cumbre, con propuestas del FMI. Más bien porque su implementación efectiva requiere de un gran salto adelante, de una ambición de las autoridades que sea pareja a la que ya muestran en los compromisos, y que, sobre todo, sea global.

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Las políticas de reducción de emisiones son domésticas, algo llamativo para un problema global. Los firmantes del Acuerdo de París comprometen unos objetivos de emisiones que en la práctica no tienen por qué cumplir, y de hecho no lo hacen. Es necesario generar incentivos globales, como mecanismos de ajuste de carbono en frontera, algo que tendrá más efectividad cuántos más países se incorporen al club que los utilicen, lo que requiere a su vez de mecanismos domésticos de precios, cumplimiento de regulaciones o incentivos, evitando así acusaciones de discriminación comercial. Esta internalización de costes del carbono incentivará además la imprescindible inversión en innovación para lograr la transición, que también ha de ser accesible para todos. También habría que asignar derechos de propiedad a la biodiversidad, el capital natural que atesoran algunas zonas del planeta, construyendo mercados que permitan pagar por los servicios que proporciona, desincentivando la deforestación y actividades contaminantes en países menos desarrollados, que son además especialmente vulnerables a políticas de reducción de emisiones de GHG, como ilustra un reciente trabajo de BBVA Research.

Hay que llevar la ambición de las políticas a la altura de la que impulsa los compromisos.

J. Julián Cubero, de BBVA Research

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