Emprendedores

Antonio Banderas ayuda a Smart Protection a acorralar a los piratas

El actor malagueño fue el primer cliente de la ‘start-up’ que detecta y elimina enlaces ilegales de contenido audiovisual y páginas de productos falsificados

Javier Perea entre los fundadores de Smart Protection, Manuel Moregal y Javier Capilla, a la derecha.
Javier Perea entre los fundadores de Smart Protection, Manuel Moregal y Javier Capilla, a la derecha.MISTA

La historia de Javier Capilla y Manuel Moregal es de película: dos universitarios con la idea para una start-up que en cinco años recopilan 20 millones de dólares de inversión con el apoyo de un mentor y la aparición estelar de Antonio Banderas. Su estreno podría ser en alguna plataforma digital y es seguro que piratas informáticos ofrecerían ilegalmente su descarga gratuita desde algún rincón de internet. Ese mercado ilícito es justo contra el que luchan estos emprendedores desde Smart Protection. Su labor es detectar falsificaciones de activos digitales o marcas y acabar con ellas. Radiografían las fuentes abiertas de internet y acumulan información para la eliminación de enlaces contando con la confianza de Google, Facebook, Youtube y otros gigantes. Entre sus clientes se encuentran Warner Bros, Netflix o Movistar, firmas como Pikolinos, la Unión Deportiva Las Palmas o Ediciones SM y el DJ Alan Walker. En sus primeros cinco años de vida han facturado cinco millones de euros —1,7 en 2019, último dato disponible—. Su balance aún está en números rojos, aunque esperan equilibrarlo en 2023.

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El embrión de Smart Protection nació en 2014 de un plan de negocios elaborado para una asignatura de la carrera Ingeniería de Organización Industrial, en la Universidad de Cádiz, donde estudiaban Capilla y Moregal. Se hicieron fijos en la biblioteca: querían aprobar, pero también hacer realidad el proyecto para eliminar enlaces de contenido audiovisual pirata. Lo lograron. Entonces llamaron a las grandes productoras de Estados Unidos. “Les gustaba el producto, pero nadie quería ser el primero en probarlo”, recuerda Capilla. Decidieron cambiar de objetivo. Hicieron un estudio sobre un caso real: cómo estaba afectando la piratería a Autómata, película producida por Antonio Banderas. El informe impactó a su director, Gaby Báñez, que les facilitó una cita con el actor. Tenían 20 minutos para mostrarle las cifras, pero la charla se alargó dos horas y Banderas se convirtió en su primer cliente.

El malagueño les abrió las puertas de Hollywood y comenzaron a crecer allí. También en casa, especialmente a partir de 2016, cuando Movistar+ les contrató para proteger su contenido. Además, les propuso formar parte de Wayra, la aceleradora de empresas de Telefónica donde cambiaron su nombre original —3Ants— por Smart Protection. En 2017 lanzaron su primera ronda de inversión: recibieron 750.000 euros y se unió al equipo Javier Perea, su actual consejero delegado, procedente de Big Sur Ventures. “Su experiencia [en los años 90, Perea creó el primer antivirus español, Anyware, y luego llegó a ser vicepresidente de Intel Security en Europa] dio otro nivel a la compañía”, dice Moregal. “Hay que apoyarse en las mejores personas para crecer: el equipo es básico para el éxito”, subraya su socio. Aquel verano eran una decena de empleados y hoy son ya 152, 60 de ellos incorporados en el último semestre. Esperan cerrar 2021 con casi 200 trabajadores y una facturación recurrente de diez millones. Planean su próximo salto en 2022, con nueva ronda de inversión y apertura de oficina en Estados Unidos. Hoy, desde Madrid, trabajan ya en 30 países.

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La compañía se asentó en el mundo audiovisual protegiendo películas, series o eventos en vivo como partidos de Champions League y carreras de Fórmula 1 y Moto GP. También salvaguardan contenido de las grandes plataformas digitales y la mayoría de ligas de fútbol de Latinoamérica. En los últimos tres años, la firma ha avanzado hacia la protección de marcas para que pierdan lo menos posible por ventas fraudulentas. A través de una serie de indicadores —desde el precio al marketplace o el origen del vendedor— averiguan quién vende online falsificaciones de camisetas, calzado, relojes o cualquier otro producto. Incluso medicamentos, como rastrearon al inicio de la pandemia. “Somos como un antivirus de falsificaciones”, dice Javier Perea. Trabajan con compañías gigantes, pero también pequeñas. “Cualquiera puede falsificar un producto y hacértelo llegar a tu casa desde cualquier parte del mundo. Eso puede ser fatal para las grandes, pero también para pequeños creadores. Y nosotros podemos ayudarles”, añade. Un estudio de la compañía refleja que cuatro de cada cinco pymes sufren falsificaciones y abusos de marca. Todos sus procesos son automáticos, aunque a veces requieren del visto bueno del cliente.

El gran activo de la start-up es el respaldo de gigantes como Facebook, Amazon o Google —solo ahí han eliminado ya más de 15 millones de enlaces— que les han otorgado certificados de confianza, algo que solo tienen una quincena de firmas en el mundo. Ello les permite borrar directamente contenido ilegal en buscadores y redes sociales. Cada día, además, emiten unas 10.000 peticiones a las plataformas de venta, proveedores de dominios o empresas de alojamiento para que supriman enlaces donde se ofertan falsificaciones. Una labor legal tech que les lleva fracciones de segundo evitando largos procesos burocráticos. En plena explosión del comercio digital, los ingenieros que se unan al equipo en próximos meses reforzarán el departamento de inteligencia artificial y el de machine learning. Su objetivo es que la información captada sea traducida también en contenido útil para sus clientes, que podrán controlar mejor su reputación conociendo quién vende sus productos o dónde y cómo lo hace.

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