La industria alimentaria española llama a aprovechar la tregua comercial para recuperar terreno en EE UU

El país norteamericano es uno de los principales destinos de los productos agroalimentarios españoles

Planta de envasado de aceite de oliva de Deoleo en Córdoba.
Planta de envasado de aceite de oliva de Deoleo en Córdoba.Deoleo

Desde hace 20 meses, cuando una botella de aceite de oliva, un trozo de queso, o un envase de embutidos llegaba a un hogar estadounidense, lo hacía con un sobreprecio geopolítico que lastraba la competitividad de las empresas exportadoras: el de los aranceles del 25% aplicados por Washington a ciertos productos agroalimentarios europeos como represalia por el conflicto entre Boeing y Airbus. Como se esperaba, el cambio de inquilino de la Casa Blanca ha destensado las relaciones entre ambas potencias, y eso va a tener repercusiones inmediatas en las cuentas de muchas compañías: la UE y EE UU han pactado dejar en suspenso durante cinco años los aranceles que se habían cruzado como consecuencia de este conflicto, que gravaban la entrada de productos europeos por valor de 7.500 millones de dólares (6.200 millones de euros). Y Estados Unidos deja de ser un dolor de cabeza para la industria alimentaria española.

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Tras la enmienda de Joe Biden al proteccionismo de Donald Trump, las perspectivas cambian. El director general de la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), Mauricio García de Quevedo, ve en el acuerdo una oportunidad para recuperar el terreno perdido en EE UU. “Recibimos este acuerdo con mucho alivio. Los alimentos y bebidas españoles han sufrido durante mucho tiempo las consecuencias de un conflicto ajeno al sector y que ha supuesto un importante retroceso para muchas empresas en favor de otros países competidores. Ahora es el momento de fortalecer nuestra posición y recuperar la presencia en un mercado imprescindible para los alimentos y bebidas como es el estadounidense”. Según la entidad, EE UU es el quinto destino de las ventas externas de la industria de alimentación y bebidas y el segundo socio comercial extracomunitario por detrás de China.

La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, se ha sumado a ese deseo de que el acuerdo permita “recuperar las operaciones de exportación e inversión españolas en el mercado estadounidense, clave para nuestras empresas y para la recuperación de la economía española”.

Bruselas calcula que durante el tiempo que han estado en vigor los negocios europeos y estadounidenses han desembolsado un total de 3.300 millones de dólares en aranceles. Aunque es difícil cuantificar cuánto han costado exactamente a las empresas españolas, los números advirtiendo de su impacto no han dejado de aparecer desde que se pusieran en marcha el 18 de octubre de 2019. El campo español perdió en los primeros siete meses de aplicación unos 200 millones de euros, por lo que sus representantes han calificado de “excelente noticia” el pacto para dejar en suspenso las tasas. La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) calcula que “salva más de 2.000 millones de euros anuales para nuestras exportaciones agroalimentarias a EEUU, el principal destino de nuestras exportaciones fuera de la UE, sobre todo aceite de oliva, vino y mosto, conservas de aceitunas y quesos”.

Esa cantidad coincide con los datos reportados al otro lado del Atlántico. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) cifra las exportaciones de alimentos a Estados Unidos desde España en 2.362 millones de dólares en 2019 (cerca de 2.000 millones de euros). Sin embargo, según cálculos de EL PAÍS a partir de los códigos arancelarios, la cantidad real sujeta a aranceles ronda los 930 millones de euros, dado que algunas categorías están excluidas. El aceite de oliva y el vino fueron, según estos cálculos, los más afectados, con más de 620 millones de euros en exportaciones sujetos a aranceles, seguidos de determinadas categorías de carne de cerdo congelada, varias clases de fruta, como las clementinas o los limones, y algunos tipos de licores.

El sector del calzado, pendiente de un acuerdo

En medio de una atmósfera de alivio generalizado, la portavoz socialista en la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo, Inmaculada Rodríguez-Piñero, ha recordado que todavía quedan otras amenazas de represalias comerciales que solucionar con EE UU, como las que afectan al sector del calzado español por el cobro de la tasa Google en España. “El acuerdo de hoy es el camino”, demandó. A comienzos de este mes, Washington anunció que impondrá tarifas adicionales a productos procedentes de seis países, entre ellos España, en respuesta a los impuestos adoptados por cada uno de ellos contra compañías tecnológicas estadounidenses como Amazon o Facebook, aunque los dejó en suspenso seis meses a la espera de un acuerdo en las negociaciones en curso en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el G-20.

Además, EE UU aplica a la aceituna negra de mesa española desde el verano de 2018 un arancel del 34,75% al considerar que las ayudas que recibe de la Política Agraria Común (PAC) son ilegales. La decisión, tomada por Donald Trump cuando estaba en la Casa Blanca, llegó tras la denuncia de competencia desleal por parte de varios productores californianos, que acusaban al sector español de beneficiarse de subvenciones supuestamente injustas que les permiten vender por debajo del precio del mercado.

Sobre la firma

Álvaro Sánchez

Redactor de Economía. Ha sido corresponsal de EL PAÍS en Bruselas y colaborador de la Cadena SER en la capital comunitaria. Antes pasó por el diario mexicano El Mundo y medios locales como el Diario de Cádiz. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster de periodismo de EL PAÍS.

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