Un giro vital gracias a las gallinas

Una veterinaria andaluza recupera sus orígenes con la cría ecológica de 15.000 ponedoras y en cinco años logra facturar un millón de euros

María Dolores López, en su granja en Albox.
María Dolores López, en su granja en Albox.

Volver a los 17, a la tierra de tus ancestros castigada por la emigración, recuperar la tradición agrícola familiar, dar trabajo a quien más difícil lo tiene y levantar un negocio relacionado con el bienestar animal. Ese era el sueño de la veterinaria María Dolores López, natural de Albox (Almería) —de donde se marchó a los 18—, y que empezó a hacerse realidad, casi por casualidad, cuando llamó a una granja de huevos ecológicos de su pueblo para ofrecerse como comercial. En lugar de eso, le compró la empresa (1.700 gallinas) a su paisano y empezó esta aventura con 100.000 euros propios, que hoy se llama Cotcodèt Food. Corría el mes de marzo de 2016, se había tomado un año sabático y meditaba qué hacer con su vida. “Como muchas personas, cuando llegué a los 40, quería un cambio. En mi caso: hacer algo que tuviera un valor para la sociedad”, profundiza al teléfono la empresaria albojense.

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Nunca había trabajado con gallinas, pero tuvo claro desde el principio que las criaría en las mejores condiciones, lejos de las jaulas y la alimentación industrial: “Una gallina feliz pone huevos de mejor calidad”. Las aves de Cotcodèt duermen en hangares climatizados, entran y salen cuando les apetece a un patio con vegetación para que picoteen insectos y se den baños de arena, y se recogen ellas solas con el ocaso (están 15 minutos con las luces en penumbra antes de que se apaguen para dormir). Hay cuatro calidades de huevo, marcadas con un número sobre su cáscara: el 3 para las gallinas en jaula; 2 para las criadas en suelo, pero en interior; 1, las camperas, con acceso a parques, y 0, para las criadas en libertad y con alimentación ecológica desde que nacen. Estas últimas son las de Cotcodèt Food. El 77% de los 45 millones de gallinas que se crían en España están enjaulados.

Pero el consumidor empieza a apreciar el bienestar animal porque solo seis meses después de abrir la primera granja, López abrió una segunda. La demanda comenzó a superar su capacidad de producción y construyó otra nave para 2.500 gallinas. Terminó su primer año de actividad facturando 90.000 euros y en 2017 se animó a abrir una tercera granja. 3.000 gallinas más.

En 2019 redobló la apuesta y abrió una cuarta que da cabida a 9.000 aves más. Inyectó 400.000 euros y los números le siguieron cuadrando, porque a finales de este año proyecta un quinto centro de puesta. Y así, la emprendedora fue duplicando la facturación cada año hasta llegar al millón de euros (con un 15% de beneficio) el pasado ejercicio, vendiendo a supermercados (como Alcampo, Hiperspar o Superdumbo), tiendas de comestibles y herbolarios. “Para vender intentamos no centrarnos solo en un tipo de cliente”, explica la avicultora, que avisa a navegantes: “Las grandes superficies son muy golosas, pero tienen un peligro: te pueden dar mucho volumen y luego lo puedes perder de golpe”. No han hecho ningún tipo de publicidad, solo algo de promoción en los puntos de venta.

El secreto de este crecimiento fulgurante está basado en un hábil pero arriesgado plan financiero. La creadora de Cotcodèt Food escuchó los consejos bancarios de esperar a amortizar la primera granja para abrir las siguientes. Pero no hizo ni caso. Acudió a caros préstamos a corto plazo de entidades de crédito no bancarias cuando su banco le negó el efectivo. Ella creía a ciegas en su proyecto. “En la práctica, he hecho un máster en finanzas para sortear todas las dificultades, negociando aplazamientos con los proveedores y sin ninguna ayuda institucional (en este sector casi no hay)”, ríe. “Les he demostrado que sí se podía, y eso que montar una granja ecológica no es barato. Todo cuesta el doble, por eso el precio final también es el doble que un huevo convencional. También la logística se hace más difícil si te instalas en un pueblo en el centro de Almería. Hay líneas de transporte que no llegan”. Cotcodèt emplea a dos personas en granja (y una más los fines de semana); otra en oficina y un repartidor. La mayoría tiene algún tipo de discapacidad, como Francisco, que hace de chófer “y un poco de todo”, como dice él mismo. “Las gallinas están locas, son muy asustadizas, te siguen como un perrito, un día vinieron los de Canal Sur con un dron y vaya susto que se llevaron. Pueden ser agresivas entre ellas, a veces se tiran a por una y, como no te des cuenta, la descuartizan”.

En breve, María Dolores López va a abrir una línea de venta por internet llamada “de la granja a la mesa” para vender el huevo más fresco posible, y también quiere comprar un molino para elaborar ella misma un pienso con cereales y verduras de mejor calidad. “Además, no me gusta utilizar tanta soja, ya que viene de fuera, se está utilizando para deforestar y no es muy sostenible”, prolonga la avicultora andaluza. En un futuro, Cotcodèt comercializará flanes y magdalenas ecológicas usando los huevos pequeños, que no tienen salida comercial.

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