El coste de la energía sí que importa: ya supone la mitad del recibo de la luz que pagan los hogares

El alza espectacular del precio de la electricidad desplaza a los impuestos como principal cargo de la factura y permite a Hacienda recaudar más pese a la rebaja fiscal

Presa en Alcántara (Cáceres), gestionada por Iberdrola.
Presa en Alcántara (Cáceres), gestionada por Iberdrola.Carlos Rosillo

“El coste de la energía solo representa el 25% de la factura que paga el consumidor”. Los ciudadanos han escuchado y leído esta frase muchas veces en los últimos meses, lanzada insistentemente tanto desde el Gobierno, como por expertos y medios de comunicación. Se repite como un mantra tranquilizador en un momento en el que el precio mayorista de la luz bate récords día tras día. El argumento es que, por mucho que suba la energía, solo una parte mínima de ese aumento aparece luego en el recibo mensual que pagan los hogares. Pero la frase, que reflejaba el reparto tradicional del coste de la energía en el recibo, hace tiempo que quedó desactualizada por la espiral de subidas del mercado eléctrico. Ahora, el precio de la energía sí que importa, de hecho es lo que más pesa en la factura de la luz.

El precio mayorista de la luz, el que fijan todos los días las compañías productoras en un mercado virtual electrónico (conocido como pool), se ha triplicado en tan solo un año. Ha pasado de 46,16 euros por megavatio hora (MWh) en el primer jueves de septiembre de 2020, a 140,23 euros/MWh el pasado jueves, día 2, cuando se batió el récord histórico.

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Como consecuencia de ese espectacular incremento, el peso que tiene el consumo de energía en el recibo de la luz supera ya el 50% y se ha convertido, con mucha diferencia, en el principal cargo de la factura mensual que les manda el banco a los consumidores, desplazando a los impuestos, cargos y peajes, que hasta ahora ocupaban ese lugar de honor y que, hace tan solo un año, representaban tres cuartas partes del recibo.

Así, la factura del pasado mes de agosto de un usuario promedio que haya consumido 366 kilovatios hora (kWh) al mes con una potencia contratada de 4,4 kilovatios (kW), sería de 94,52 euros, de los que 48,73 euros corresponderían al coste de la energía puro y duro (sin peajes), es decir el 51,5% del total a pagar. Los impuestos (impuesto eléctrico e IVA) representarían el 13,5% y el restante 35% corresponderían a peajes (el coste de las redes de transporte y distribución) y cargos (los costes asociados a las primas a las renovables, a la subvención de las extrapeninsulares y a la compensación a las eléctricas por el déficit de tarifa).

Este cálculo se ha hecho mediante el simulador de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) sobre la base de un consumidor medio con tarifa regulada que consume el 45% de la energía en hora valle; el 29%, en hora punta y el 26% en horario llano. Hay que recordar que hay tres tramos horarios: el más caro (hora punta) es por la mañana, entre 10.00 y las 14.00 y por la tarde-noche entre las 18.00 y las 22.00; el precio medio (hora llana) es de 8.00 a 10.00 por la mañana, de 14.00 a 18.00 por la tarde y de 22.00 a 24.00 por la noche, y el más barato (hora valle) es entre las 0.00 y las 8.00.

El desglose de una factura real de Iberdrola de un consumidor tipo del pasado mes de julio —la última facturada por las eléctricas— y 4,4 kW de potencia arroja resultados muy parecidos: de los 88,73 euros pagados, el 53,2% corresponde a la energía; el 17,5%, a cargos; el 14,9% a peajes de transporte y distribución; el 11,5% a impuestos y el 0,9% al alquiler del contador.

Tarifa libre frente a regulada

El aumento del precio de la energía ha impactado más en general a los 10,7 millones de consumidores domésticos que están sujetos a la tarifa regulada PVPC (o Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor) que a los más de 16 millones que contrataron una tarifa libre con su comercializadora eléctrica. Lo admitía la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, durante su comparecencia el pasado lunes en el Congreso de los Diputados. En el primer semestre de 2021 aquellos consumidores domésticos que cuentan con una tarifa regulada, han visto cómo se incrementaba su factura en promedio un 6,9% con respecto al año 2020, mientras que los de la tarifa libre —más de 16 millones— veían reducida su factura un 4,6% en ese periodo. Hay que tener en cuenta en esa comparación que el año pasado el coste de la energía fue especialmente bajo por la pandemia, el menor de los últimos 15 años, con una promedio de 33,96 euros/MWh.

Ese incremento del peso del consumo en el recibo frente al resto de conceptos se debe fundamentalmente al alza del precio de la electricidad mayorista pero también, aunque en menor medida, a la decisión del Gobierno de reducir el tipo de IVA del 21% al 10% (solo para los consumidores con potencia contratada menor a 10 kW) y suspender temporalmente el impuesto de generación desde el pasado mes de junio. De todas formas, el usuario tampoco debe felicitarse en exceso por ambas reducciones fiscales: el precio de la energía ha subido tanto desde entonces que Hacienda recauda ya casi más por IVA en el recibo de la luz con el tipo reducido que cuando aplicaba el 21%. Es decir, que el consumidor no solo paga mucho más en su factura porque el precio del gas o los derechos del CO₂ hayan disparado el coste de la energía, sino que paga también más impuestos.

Así lo admite el Ministerio de Transición Ecológica: “En los últimos años la composición de la tarifa regulada (PVPC) ha sido, a grandes rasgos, un tercio el precio del mercado eléctrico, un tercio los impuestos y otro tercio los peajes. Los porcentajes son variables, porque el precio de la energía en el mercado cambia cada hora. En los últimos meses, la proporción ha variado por dos motivos: en primer lugar, se ha incrementado el precio de la energía en el mercado, porque la cotización internacional del gas se ha multiplicado por 5,5, y el precio del CO₂ se ha más que duplicado; en segundo lugar, el IVA se ha reducido del 21% al 10% el pasado mes de junio, y se ha suspendido el impuesto del 7% a la generación, por lo que el peso relativo de mercado y peajes ha aumentado”, asegura un portavoz del departamento que dirige Teresa Ribera.

No obstante, el ministerio defiende que en todo caso, el PVPC durante el primer semestre ha sido un 20% más bajo, en promedio, que los precios pagados por los consumidores con contratos en el mercado libre. “La Comisión Europea permite a España mantener esta tarifa regulada [que no existe en otros países, como Alemania], precisamente porque evoluciona en función del precio del mercado y ofrece una señal dinámica de precio que induce respuestas adecuadas de los consumidores. De hecho, la nueva normativa europea exige que todas las comercializadoras de un determinado tamaño comiencen a ofrecer contratos dinámicos, indexados al mercado spot, similares al PVPC”, aseguran las mismas fuentes.

La previsión de la ministra Ribera que, a comienzos de año, decía que no había motivos para el alarmismo porque la subida de la energía solo supondría “unos cuantos euros” en el recibo, ha cambiado ante la situación del mercado eléctrico desbocado. Ahora admite que esa alza supondrá un recibo un 25% más caro en 2021 respecto a 2020, de 512 a 644 euros para el consumidor promedio. Una diferencia que es más de unos cuantos euros.

Sobre la firma

Ramón Muñoz

Es periodista de la sección de Economía, especializado en Telecomunicaciones y Transporte. Ha desarrollado su carrera en varios medios como Europa Press, El Mundo y ahora EL PAÍS. Es también autor del libro 'España, destino Tercer Mundo'.

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