Pacto del vino en la ‘milla de oro’ de las bodegas de Ribera del Duero

Arzuaga Navarro, Abadía Retuerta y Pago de Carraovejas lanzan un plan común de turismo para incentivar las visitas a denominación de origen

El enoturismo (en la imagen, visitas en Pago de Carraovejas) se ha convertido en el motor económico de la zona.
El enoturismo (en la imagen, visitas en Pago de Carraovejas) se ha convertido en el motor económico de la zona.Javier García

Viñas hasta donde alcanza la vista. Conducir por la nacional 122 entre Valladolid y Soria arroja una estampa de cepas por todas partes, con el río Duero como proveedor oficial de riego en un entorno idóneo para la producción vitivinícola. Esta imagen resulta inalterable durante kilómetros en la conocida como milla de oro del vino, pues allí se asientan decenas de bodegas que acumulan siglos mimando la uva. Tres de las más conocidas nacional e internacionalmente se encuentran en un rango de media hora al volante: Abadía Retuerta, Arzuaga Navarro y Pago de Carraovejas. Estas firmas coincidían hasta la fecha en su proximidad geográfica, en su pedigrí, en poseer sendas estrellas Michelin en sus restaurantes y en las experiencias enológicas ofrecidas al visitante.

Ahora han dado un paso más mediante la idea de aliarse, combinar sus virtudes y tratar de ofrecer una experiencia más amplia para el viajero, que en la mitad de los casos es extranjero y que viene sin mirar mucho el bolsillo. El proyecto se llama N-122 Valle del Duero y persigue mostrar que en esa zona no solo hay racimos y barricas, sino un amplio patrimonio cultural, paisajístico y gastronómico.

Las bodegas, aseguran sus representantes, han entendido que sus huéspedes no se contentan con pasar toda su estancia en el mismo sitio, así que han decidido agilizarles la búsqueda e incluso recomendarles visitar a la competencia. Se trata de “competencia amiga”, según Enrique Valero, director de Abadía Retuerta, que cuenta con el premiado restaurante Refectorio. Lo que es bueno para unos lo será para otros, sostiene, y beneficiará a la zona. “Nos costó cinco minutos ponernos de acuerdo”, presume quien propuso esta alianza. Abadía Retuerta se encuentra entre Sardón de Duero y Quintanilla de Onésimo; Arzuaga se ubica pasando Quintanilla y Carraovejas se asienta a unos minutos de Peñafiel. De momento, los tres grupos se guardan los proyectos que van a ejecutar para lanzar una campaña conjunta fuerte que pretende ampliar sus números en los libros de visitas.

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El último informe de la Asociación Española de Ciudades del Vino (Acevin), elaborado entre 2018 y 2019, concluye que los turistas acuden de media a 1,93 bodegas durante sus 2,4 días de estancia. Gastan 160 euros diarios, cifra superior a la del turista general y generan 81 millones de euros de ingresos directos y otros 200 millones de impacto indirecto en 2018. Jerez, la comarca del Penedés y Ribera del Duero fueron los destinos preferidos.

En total son tres grandes sellos en 30 kilómetros, empresas “con personalidades distintas”, según Valero, de una zona donde el enoturismo se ha convertido en un motor económico que ahora los bodegueros quieren mejorar. Ese “destino único” que pretenden crear, reivindican los responsables del plan, pasa por hacer ver al turista que hay muchos más atractivos además del vino.

El gerente de Abadía Retuerta destaca que Valladolid se encuentra a apenas media hora y ofrece alternativas como el Museo Nacional de Escultura o la Casa Cervantes, un bagaje cultural que su hotel también está intentando potenciar mediante la adquisición de una reciente escultura de Eduardo Chillida. Asimismo, anuncia, se encuentran en conversaciones con los centros de arte Chillida Leku (Gipuzkoa) y la Fundación Botín (Santander) para ampliar la gama artística con exposiciones. Sus instalaciones acogen a unos 12.000 huéspedes al año y 9.500 visitas en la bodega, cifra que cree que se puede aumentar “con vacunas y responsabilidad”. El informe de Acevin indica que el 63,5% de los turistas se animan a descubrir el entorno de los templos del vino, el doble que un año antes.

La diversificación del ocio en estos tres complejos de la milla de oro ya funciona. Arzuaga Navarro cuenta con unas amplias fincas con jabalíes y corzos que se pueden disfrutar dentro de las actividades de la bodega, que también ha apostado por la moda de la mano de la diseñadora y directiva de la firma, Amaya Arzuaga. Pago de Carraovejas, por su parte, ha utilizado un intangible, como los atardeceres en los incomparables parajes del Duero.

Viñas de Pago de Carraovejas en Peñafiel, Valladolid.
Viñas de Pago de Carraovejas en Peñafiel, Valladolid.

Pedro Ruiz, director general de la entidad, destaca que “no puedes estar todos los días bebiendo vino y viendo bodegas: queremos ofrecer alternativas para que los turistas se queden y nos posicionen en el mapa con las estrellas Michelin”, en su caso con el restaurante Ambivium. Por eso no hay problema en recomendar a la competencia o emplazar a comer en algún pueblo cercano, donde se puede comprar miel, queso de Sardón de Duero o artesanía. La clave, entiende el empresario, es que los tres aliados funcionan bien en lo económico y tienen la capacidad de generar un “motor de desarrollo para crear riqueza y empleo” en la comarca. Ruiz señala que antes de la pandemia tenían unas 5.000 visitas anuales a las bodegas, con un “cliente muy específico” que pagaba 70 euros por una “experiencia única”.

Restaurantes llenos

Los responsables de las bodegas aceptan que resulte “algo extraño” que tres empresas del mismo sector, tan cercanas geográficamente, decidan unirse. Ruiz alaba esa “competencia colaborativa” en busca de “sinergias” que propician restaurantes llenos, “teléfonos que suenan” y el objetivo de que la N-122 sea un “elemento vertebrador” que permita desarrollar una zona orientada al vino como se hace en la Toscana italiana o regiones de México o Argentina. Amaya Arzuaga, al frente de un sello que ha conseguido hacerse valer también por el diseño y la moda, celebra el afán de “crear sinergias, crear destino y complementarnos”, un plan que prevé que ayude a mejorar las 45.000 visitas de 2019, las 7.150 habitaciones reservadas en ese año o los 800 comensales semanales en su restaurante Tradicional. El Taller Arzuaga por Víctor Gutiérrez, con estrella Michelin, cuenta con una nutrida lista de espera cada fin de semana.

Los tres empresarios han asumido que se encuentran en una ubicación “perfecta” para seguir explotando el enoturismo. El objetivo que se han propuesto es que otros negocios puedan incorporarse a esta “N-122 comercial”.

Sobre la firma

Juan Navarro

Colaborador de EL PAÍS en Castilla y León, Asturias y Cantabria desde 2019. Aprendió en esRadio, La Moncloa, en comunicación corporativa, buscándose la vida y pisando calle. Graduado en Periodismo en la Universidad de Valladolid, máster en Periodismo Multimedia de la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo EL PAÍS.

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