“Los cambios económicos en Cuba están plagados de decepciones”

El economista cubano Ricardo Torres reflexiona sobre la legalización de las pequeñas y medianas empresas privadas en la isla

El economista cubano Ricardo Torres, en una imagen tomada el pasado 16 de julio en las calles de La Habana.
El economista cubano Ricardo Torres, en una imagen tomada el pasado 16 de julio en las calles de La Habana.Yander Zamora

Como muchos economistas cubanos, Ricardo Torres (Villa Clara, 1981) viene reclamando desde hace años cambios urgentes y estructurales en el modelo productivo de su país para hacerlo viable. Torres fue investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana y ahora ejerce de profesor en la American University de Washington D.C, desde donde analiza una de las más esperadas reformas cubanas: la legalización de las pequeñas y medianas empresas privadas en la isla, una medida que estaba prevista desde 2011 pero que ha tardado 10 años en implementarse. Torres aplaude el paso dado y considera que abre un escenario económico nuevo, aunque cree que las limitaciones impuestas a las nuevas pymes son excesivas y contraproducentes. “El momento óptimo de la reforma se acabó hace ya varios años”, afirma, señalando que en Cuba los decisores otra vez “van por detrás de lo que requieren los nuevos tiempos”.

Pregunta. Luego de una espera de diez años, por fin las pymes en Cuba son una realidad. Sin embargo, la legislación que permite su creación contempla diversas restricciones ¿le ha decepcionado, o era lo esperado?

RESPUESTA. Yo aplaudo que se haya dado este paso. Dicho esto, los cambios económicos en Cuba están plagados de decepciones, y uno tiene la sensación de que siempre estamos por detrás de lo que requieren los nuevos tiempos. Aquí nos volvemos a quedar cortos.

P. ¿Estamos ante un cambio trascendental, que transforma la economía y la sociedad cubana radicalmente, o su alcance es limitado?

R. Este paso encierra un gran potencial, que se empieza a diluir cuando se aprecian las limitaciones más evidentes. La reforma se detuvo casi completamente desde comienzos de 2016, y solo en 2020, bajo el azote de la covid-19 y las sanciones de EE UU, se retomaron algunos cambios. Como medida, es positiva, pero no resuelve todos los problemas. A mi juicio lo realmente transformador sería incluir este cambio dentro de un conjunto más amplio de reformas, con un objetivo más reconocible y concreto. Y eso es lo que no veo por ningún lado. Salir del atolladero y proyectar al país en el siglo XXI son dos cosas muy diferentes. Uno tiene la sensación de que ahora, como antes, se quiere hacer que el sector privado y cooperativo se “ajuste” a las reglas de juego del modelo más general. Eso no funcionó en el pasado en ningún lado, y no creo que Cuba será la excepción.

P. ¿Cuáles son las luces y las sombras de esta reforma?

R. La medida en sí misma es bienvenida, aunque muy demorada. Es muy bueno que se haya adoptado un marco conjunto para PYMES, cooperativas no agropecuarias y trabajo por cuenta propia, junto a la posibilidad teórica de crear PYMES de capital mixto, lo que daría una flexibilidad que necesita desesperadamente la economía cubana. Pero se mantienen viejas costumbres: un proceso centralizado de aprobación, el régimen tributario, las limitaciones para el ejercicio de muchas actividades profesionales, el limbo para la asociación con el capital extranjero, el límite arbitrario de los 100 trabajadores sin un camino claro para crecer más allá de ese límite. Es difícil imaginarse el progreso si no aprovechamos bien el talento humano que tiene Cuba, y las prohibiciones inexplicables que se mantuvieron frenan esa posibilidad. Como también lo es el hecho de “penalizar” el éxito, generando incertidumbre para las que más crecen.

P. Las restricciones al ejercicio profesional, o para ser socio de varias pymes a la vez, o para que los inversionistas extranjeros puedan participar en las nuevas empresas privadas, han sido criticadas por diversos economistas. ¿Crees que las autoridades rectificaran en el corto plazo, o se seguirá con las demoras?

R. Hay aspectos que se dejaron fuera, creo yo intencionadamente, para recabar más argumentos y vencer resistencias, ojalá sean la mayoría y se logren los apoyos imprescindibles pronto. Como dije antes, el tiempo óptimo de la reforma se acabó hace ya varios años, en lo económico y lo político. Ahora hacemos control de daños. Pero seguimos sin estar a la altura del momento histórico.

P. ¿Qué otras medidas urgentes debiera adoptar el Gobierno para reactivar la economía y complementar esta reforma?

R. La inestabilidad macroeconómica es un serio problema ahora, que se venía cultivando desde hace varios años. Algunos errores del “ordenamiento” y la crisis económica han exacerbado la espiral inflacionaria y es impostergable acometer un programa de saneamiento financiero sólido, aunque las autoridades no tienen ya muchos instrumentos a su disposición. Asimismo, se requiere eliminar las restricciones para el acceso del sector privado y cooperativo al comercio exterior, y comenzar a diseñar e implementar cuanto antes una reforma profunda del sistema financiero para que cumpla las funciones que le corresponde en una economía que ha cambiado y lo hará más todavía en el futuro. Sin embargo, hay que decir que el “elefante en la habitación” es qué hacer con la empresa estatal, y por extensión con todo el sector público. Eludir esta compleja discusión no hará sino empeorar las consecuencias de hacer algo, ni siquiera dentro de las empresas estatales hay uniformidad en las reglas de juego. De todas las soluciones posibles se ha optado por el peor camino, que es establecer privilegios sobre la base de criterios cuestionables y opacos…

P. ¿Cuán importante es que se estimule de verdad la inversión extranjera en estos pequeños negocios, sobre todo la de los cubanos emigrados?

R. Las particularidades económicas y geopolíticas de Cuba indican claramente que una de las pocas fuentes de capital disponibles a medio plazo son los recursos de la diáspora cubana. Para aprovechar esos recursos se requiere un marco político y económico que no existe ahora. Y se requiere en algún momento la participación del Gobierno de Estados Unidos. Es algo que se puede poner en la mesa de negociaciones. No sé si los que toman decisiones en La Habana se percatan de la importancia estratégica de avanzar en esta dirección.

P. Se insiste en que no se permitirá la concentración de la riqueza y de la propiedad… ¿Estamos en el camino de un modelo de socialismo asiático, o estamos todavía muy lejos?

R. No creo que estemos en el camino asiático, nos falta mucho pragmatismo para transitarlo. Existe un temor enorme a todo lo que se relacione con la iniciativa privada o formas asociativas no bendecidas por el Gobierno, y eso se ve en todos los ámbitos, no solo en la economía. Esto genera una cuantiosa pérdida de recursos, incluyendo potencial humano. El mayor problema del modelo cubano es que, como otros similares en su momento, no ha creado una alternativa de desarrollo viable más allá de la casi completa estatización. Siempre me ha resultado curioso que cuando se quiere estimular la economía en tiempos de crisis, se recurre, una y otra vez, al sector privado. Supongo que algún mérito tendrá.

P ¿Basta con cambios económicos, o en Cuba hacen falta también cambios políticos para que la sociedad avance?

Todos los cambios económicos requieren de un marco político que los legitime y confirme. La ausencia de cambios políticos es lo que explica en última instancia las dudas, titubeos y retrocesos constantes que caracterizan la “reforma” cubana. Una parte significativa de los grupos sociales interesados en la verdadera reforma, no están representados en la toma de decisiones. La inestabilidad política que vemos actualmente es el resultado inevitable de la falta de evolución de un modelo que ya no es viable en la Cuba del siglo XXI.

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