El seguro de decesos crece con la pandemia

Un total de 22 millones de españoles, casi la mitad, ha contratado este producto cuya facturación ha subido un 4% hasta septiembre de 2021. El 40% de los jóvenes de entre 20 y 35 años tiene uno

Dos conductores introducen un feretro en el interior de un vehiculo fúnebre en el tanatorio de Sancho de Avila (Barcelona).
Dos conductores introducen un feretro en el interior de un vehiculo fúnebre en el tanatorio de Sancho de Avila (Barcelona).Albert Garcia (EL PAÍS)

El funeral propio no es un tema de conversación agradable. Pero después de haber soportado una traumática pandemia, que sigue matando, con unas cifras oficiales de casi 90.000 fallecidos, el asunto ha pasado a un primer plano. En la sociedad se ha reavivado el temor a la muerte, y con él, a los gastos importantes que supone un sepelio (cifrado en unos 3.700 euros de media aunque es superior en las grandes capitales).

El hecho es que, pese a la crisis, hasta septiembre pasado la facturación del seguro de decesos, que es como se denomina en el sector, ha elevado su facturación un 4% sobre el mismo periodo de 2020. Con las cifras de cierre de ese año, hay 22.083.286 españoles tienen contratado este seguro, lo que supone el 46,6% de la población. Son dos millones más que en 2012.

La aseguradora líder del mercado, Santalucía, considera que el incremento de este año “sí está relacionado con la pandemia; es probable que este crecimiento se vea reforzado por la concienciación de la sociedad sobre la necesidad de contar con un seguro de decesos y se acentúa ante una situación tan traumática como la que hemos vivido”, indican Alfredo Santos, director de Seguros Personales e Israel Bartolomé, gerente de Desarrollo de Productos, ambos de Santalucía. Esta compañía tiene una cuota de mercado del 29,6% según el ranking oficial, con 6,25 millones de asegurados a septiembre de 2021.

Desde Mapfre, la tercera compañía del sector, coinciden en que el mayor empuje de este tipo de seguro, que lo cifran en medio punto porcentual, “muy probablemente sea fruto de una sensación de mayor necesidad” tras la llegada de la covid-19.

Un seguro para el borrado de datos digitales

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En las tablas recién publicadas por la patronal del sector, Unespa, aparece que más de un 40% de los jóvenes de 20 a 35 años (incluso más jóvenes) lo tienen contratado. Aunque el nivel de aseguramiento es creciente con la edad —alcanzando una cota máxima de en torno al 60% entre las personas de entre 75 y 79 años—, es sorprendente el porcentaje de jóvenes que cuentan con él. Desde Santalucía apuntan a dos elementos que influyen en este hecho: “En primer lugar, el carácter familiar de este tipo de seguro y, en segundo lugar, la propia naturaleza de estos seguros, que van más allá de la mera cobertura del sepelio, incluyendo servicios de interés para todos los grupos de edad”.

En su opinión, estas pólizas tienen un carácter “de protección familiar, por lo que, generalmente, incorporan a todos los miembros de la unidad familiar, incluidos los jóvenes, debido a la preocupación de los padres más que por la de ellos mismos”. La segunda compañía del sector, Ocaso, tiene una opinión similar y añade que “los asegurados jóvenes valoran positivamente el seguro de decesos y muy en especial ciertas coberturas complementarias como el borrado de la huella digital, el soporte legal y fiscal o el apoyo psicológico”.

Desde la patronal Unespa insisten en el carácter familiar de esta póliza y recuerdan que han incorporado facetas como el testamento notarial, el testamento vital o labores digitales como la recuperación de archivos en la nube y cierre de cuentas en redes sociales, correos electrónicos, foros, etc.), lo que le convierte en un seguro atractivo para personas de todas las edades”.

Las dos Españas de este seguro

Otro de los aspectos llamativos es su dispar penetración en España. Su extensión arranca por los horrores que se vivieron en la Guerra Civil, donde en muchos casos no hubo un lugar apropiado para el enterramiento. Según las estadísticas del sector, hay un mapa diferente de Madrid hacia arriba, donde son escasas las contrataciones, y del centro para abajo, donde el porcentaje de población asegurada supera el 70%. Las provincias donde tiene una mayor aceptación son Cádiz, Ávila, Badajoz y Ciudad Real. En cada uno de estos territorios, siete de cada 10 ciudadanos tienen su entierro asegurado. Los lugares donde la gente es menos propensa a asegurar su adiós definitivo son Huesca, Baleares y Teruel.

¿Por qué esta diferencia? ¿Es un tema cultural? Desde Santalucía estiman que el seguro de Decesos “está muy arraigado en la cultura española y está muy sujeto a los usos y costumbres locales de aquellas zonas donde se le da más importancia a disponer de este tipo de producto”. Ocaso apunta que existe un elemento diferenciador: el nivel de renta. “En sus orígenes creció con más fuerza en algunas regiones con menor nivel de renta. El carácter familiar de las pólizas ha contribuido a mantener en el tiempo esta diferente penetración”.

Mapfre insiste en la clave de la renta y cree que el paso del tiempo no lo ha cambiado: “Históricamente tenía mayor aceptación en áreas de menor poder adquisitivo y ahora, aunque las diferencias socioeconómicas entre zonas ya no son tan acusadas, la tradición permanece y no parece que esto esté cambiando sustancialmente”. La patronal Unespa apunta un aspecto más para explicar este fenómeno: el arraigo religioso. Y añade que “en las zonas donde tiene menos presencia, aparecen tasas de capilaridad superiores al 20%. Es decir, una de cada cinco personas tiene un seguro de decesos en lugares como Soria, Huesca o Baleares. Esto es una presencia nada desdeñable”.

¿Compensa este seguro?

Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), solo cuatro de las 50 pólizas analizadas por ellos “cobrarían un importe similar al que pagaría un particular contratando directamente con una funeraria”. La organización afirma que hay alternativas más interesantes, “como reservar un dinero en el banco destinado a pagar los gastos del sepelio o contratar un seguro de vida”. Ahora bien, “si ya se tiene un seguro contratado y la esperanza de vida es corta, interesa mantenerlo”, advierten.

La única ventaja de estos seguros frente a la contratación directa de los servicios básicos con una funeraria “son ciertas garantías complementarias, como cubrir los traslados del cuerpo desde otras provincias o incluso desde el extranjero, formalizar parte del papeleo (certificado de defunción, consultas al registro de seguros…) o la asistencia en viaje, aunque en este caso la cobertura suele ser limitada y a veces se limita a casos de gravedad”, según la OCU.

Por último, cabe señalar que los bancos están volcándose en la venta de seguros, pero en este ramo no parecen competidores peligrosos. “La distribución a través de agentes, corredores y las propias oficinas de las aseguradoras abarcaba el 91% del total de volumen de negocio del ramo a cierre de 2020″, afirman en Unespa.

Sobre la firma

Íñigo de Barrón

Es corresponsal financiero de EL PAÍS y lleva casi dos décadas cubriendo la evolución del sistema bancario y las crisis que lo han transformado. Es autor de El hundimiento de la banca y en su cuenta de Twitter afirma que "saber de economía hace más fuertes a los ciudadanos". Antes trabajó en Expansión, Actualidad Económica, Europa Press y Deia.

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