Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Atreverse con la desigualdad

En España, la pandemia ha vuelto a desbaratar la senda de reducción de la pobreza que había empezado en 2017

Un hombre pasa frente a la puerta de una oficina del SEPE, el pasado jueves, en Madrid.
Un hombre pasa frente a la puerta de una oficina del SEPE, el pasado jueves, en Madrid.Eduardo Parra - Europa Press (Europa Press)

La desigualdad no es solo una cuestión de diferencias de renta entre ricos y pobres. La desigualdad mata como ya tituló el sociólogo sueco Göran Therborn su investigación sobre esta materia. El profesor explicó que la desigualdad afecta directamente a la salud, causa exclusión en la educación, provoca muertes prematuras y es la principal causante de la pobreza, que cada vez adquiere más la forma de salarios paupérrimos.

Es también un hecho constatado la relación entre desigualdad e infelicidad. El premio Nobel Angus Deaton y su mujer Anne Case explicaron en Muertes por desesperación y el futuro del capitalismo (Deusto, 2020) los destrozos que estaba causando el esquema de bajos salarios y bajos impuestos en Estados Unidos. Un país que registró 158.000 muertos en 2017 “por desesperación”: por suicidios y alcoholismo entre los trabajadores blancos con bajo nivel de educación.

Entre los instrumentos empleados para reducir la desigualdad destacan los impuestos progresivos que han permitido la constitución de servicios sociales y la creación de instituciones como el salario mínimo interprofesional. Los impuestos elevados promovieron sociedades más igualitarias y la consolidación de una amplia clase media en muchos países occidentales entre 1950 y 1980. Durante las últimas tres décadas las ideas neoliberales impulsaron una drástica reducción de los tipos impositivos que agravaron el aumento de las desigualdades propulsado por la concentración de riqueza. El tipo del impuesto de sociedades en los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) ha bajado del 32,5% en 2000 al 23,9% en 2018. El profesor Thomas Piketty en su obra ya clásica El capital del siglo XXI (Fondo de Cultura Económica, 2014), demostró la estrecha relación entre la reducción de los tipos fiscales máximos y el aumento de las desigualdades.

En España, Hacienda ha revelado que las grandes empresas son las que pagan proporcionalmente menos impuestos. En 2019 pagaron el 4,6% sobre beneficios, que correspondía a un 18,9% sobre la base imponible. Ahora, el Gobierno ha propuesto que para 2022 el tipo sobre la base imponible sea del 15%. El mínimo acordado del 15% para las multinacionales es un punto de inflexión importante en la trayectoria bajista de las últimas décadas, pero no supondrá ningún esfuerzo extraordinario para estas corporaciones. Estamos muy lejos de los niveles de contribución de las empresas de la OCDE de hace 20 años. Los Papeles de Pandora han vuelto a poner al descubierto la evasión fiscal a través de los paraísos fiscales. Una evasión que en la UE supera los 135.000 millones de euros al año.

Aterrizando a la vida más cotidiana, comprobamos que en España la pandemia de la covid-19 ha vuelto a desbaratar la senda de reducción de la pobreza que había empezado en 2017. La estadística de Eurostat indica que España terminó 2020 con un 27% de sus ciudadanos en riesgo de pobreza o exclusión social, ocho décimas más que en 2019. En 2016 la proporción de familias que vivían en una situación crítica alcanzó el 28,8%.

La regulación de los ingresos de los trabajadores a través de salarios mínimos ha sido otro instrumento importante para la reducción de las desigualdades. El profesor Joseph Stiglitz, también galardonado con el Nobel, ha explicado la relevancia de las políticas públicas en esta materia en El precio de la desigualdad (Taurus, 2012). Precisó que “aunque las fuerzas del mercado contribuyen a determinar el grado de desigualdad, las políticas gubernamentales determinan esas fuerzas del mercado”.

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En materia de salario mínimo los últimos días hemos recibido noticias muy alentadoras. La Academia sueca acaba de conceder el Nobel al profesor David Card por sus estudios sobre el impacto del salario mínimo. Card y Alan Krueger demostraron hace años que el aumento de salario mínimo no implicaba una disminución de la creación de empleo. La defensa de salarios decentes ha recibido un importante apoyo.

Más relevante por su proyección en la economía real es la propuesta de las formaciones socialdemócratas, verdes y liberales en Alemania de aumentar el salario mínimo interprofesional un 25%. La subida significaría que los actuales 1.585 euros al mes en 12 pagas pasarían a ser 1.981. En España estamos en 1.126 euros en doce pagas (965 en catorce).

Los estragos causados por las desigualdades están forzando cambios en la academia y en los Gobiernos. El Gobierno de coalición ha presentado unos Presupuestos con un fuerte compromiso de reducción de las desigualdades. Es decisivo que ante la eventualidad de un menor crecimiento o las presiones de la oposición no renuncie a sus propósitos de crear una sociedad menos injusta y más estable.

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