Por qué suben los precios y otras preguntas sobre el repunte de la inflación

La electricidad y los carburantes empujan los precios a cifras nunca vistas en casi tres décadas

La mayor o menor duración de la inflación es uno de los grandes debates económicos que se libran ahora entre analistas, bancos centrales y otras instituciones internacionales. La consecuencia última de una subida de precios es un consumidor que paga más, pero sus implicaciones van mucho más allá: pueden alterar la política de estímulos de los bancos centrales, fundamental para que la recuperación no descarrile y para que los países más endeudados sigan pagando bajos intereses por el dinero que toman prestado en los mercados.

En el caso de España, la inflación supera la media de sus socios del euro (el 5,4% de octubre frente al 4,1% en los países de la moneda única). Y el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha aportado este viernes nuevos datos sobre la evolución de los precios.

¿Qué se está encareciendo más en España?

Vivienda y transporte están detrás de la fuerte subida de los precios, la mayor desde 1992. En el caso de la primera, es la partida de electricidad la que ha resultado más determinante. El INE calcula que ha subido un 62,8% desde octubre del año pasado. Y el dato diario del precio del megavatio hora (MWh), donde también se desglosa las horas más caras y las más baratas, se ha convertido este año en una de las cifras más seguidas, como sucedía con la prima de riesgo en la crisis de deuda.

¿Por qué suben los precios?

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El impulso de la electricidad viene motivado por los altos precios del gas y de los derechos de emisión de dióxido de carbono (CO₂). En el caso de los carburantes, por la espectacular subida del crudo en los mercados internacionales a lomos de la recuperación económica, con el barril de brent encareciéndose un 60% en lo que va de año y sin visos de bajar a corto plazo tras superar hace mes y medio los 80 dólares. La mejora de los establecimientos hoteleros y de la hostelería influyen también, pero en menor medida.

Existen además otros casos puntuales, como el de las bicicletas, que se encarecen un 7,6% en medio de los problemas de suministro y la alta demanda pospandemia que está retrasando sus entregas. El del aceite de oliva, un 26% más caro debido a una cosecha más pequeña unida a la alta demanda internacional y al incremento de la energía utilizada para producir; o los refrescos, que desde el 1 de enero de este año soportan un IVA mayor tras elevar el Gobierno dicho impuesto del 10% al 21% para las bebidas azucaradas.

¿Cuánto durará la inflación?

Es la pregunta del millón. El Banco Central Europeo (BCE) prevé que los precios vayan moderándose a lo largo de 2022. La entidad atribuye el grueso de la subida al encarecimiento de la energía y vigila dos fenómenos: los cuellos de botella en la producción y las negociaciones salariales. Sin embargo, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, cree que los atascos en las fábricas y en los puertos irán deshaciéndose en los próximos meses y los precios de la energía relajándose, lo cual permitirá que la inflación también vaya cayendo.

La Comisión Europea prevé para España una senda descendente de la inflación del 2,8% previsto para este año hasta el 2,1%, en 2022 y el 0,7%, en 2023.

¿Cómo afecta la subida de la electricidad?

El IPC solo recoge los precios para los hogares, que con el encarecimiento de la electricidad un 62,8% respecto al año pasado han de dedicar una parte mayor de sus ahorros a la factura de la luz. Ese dinero deja de gastarse en otros servicios y bienes de consumo, lo cual es negativo para la recuperación económica. El Gobierno ha tratado de aliviar la factura rebajando impuestos, y en octubre se ha notado algo el impacto: sin la reducción, el IPC hubiera sido siete décimas mayor, del 6,1%.

En el caso de las empresas, sus tarifas son distintas porque negocian contratos bilaterales a más largo plazo con las eléctricas, aunque también se están viendo golpeadas, especialmente la industria electrointensiva, que está reclamando compensaciones para abordar los altos precios, dado que la electricidad representa una porción importante de sus gastos. Está por ver hasta qué punto las compañías repercuten esos gastos energéticos crecientes en los productos que ofrecen a sus clientes.

¿Y qué pasa con los combustibles?

El diésel ha subido en el último año un 30,5%, y la gasolina, un 26,5%. Otros como el butano y el propano lo han hecho un 33,4%, y los agrupados en la categoría de combustibles líquidos, aún más, un 57,1%. Llenar el depósito de gasolina o gasóleo está en sus niveles más caros de los últimos nueve años, y tras encadenar diez semanas consecutivas de subidas, se acercan a máximos históricos. La gasolina se paga a 1,51 euros el litro, y el diésel, a 1,38 euros. Ese ha sido uno de los desencadenantes de la convocatoria de una huelga de transportistas para Navidad.

¿Los precios están subiendo solo en España?

Ni mucho menos. La ola inflacionista es global. En EE UU los precios están en el 6,2%, y en la zona euro, en el 4,1%. Países como Alemania, tradicionalmente beligerantes con este fenómeno, han visto dispararse los precios un 4,5% en el último año, lo cual supone haber alcanzado máximos desde 1993, lo cual está alentando a ciertos sectores a criticar al Banco Central Europeo por no retirar estímulos ni subir los tipos de interés para contenerla.

Junto a la crisis energética, los problemas en la cadena de suministro y la alta demanda propiciada por la recuperación y el ahorro embalsado se presentan como los principales factores que alimentan la subida de precios.

¿Por qué no subir todos los salarios al mismo ritmo que los precios?

Ese escenario, de momento improbable, es uno de los mayores miedos del Banco Central Europeo, aunque por ahora cree que es improbable. Una subida de salarios en la misma cuantía que la de los precios contendría momentáneamente el golpe para los bolsillos de los trabajadores que supone la inflación, pero a la larga se entraría, según los expertos, en una espiral inflacionista: el mayor gasto en salarios de las empresas llevaría a estas a aumentar sus precios, y la subida de precios haría a su vez que los trabajadores reclamaran nuevas alzas salariales, en un bucle perjudicial para la economía.

La Comisión Europea cree que algo así es difícil que pueda suceder en España, dado que la mayor lentitud en la recuperación del empleo respecto a sus socios “debería ayudar a contener los salarios” y limitar una espiral de precios al alza.

¿Cómo está afectando a la economía?

La inflación y su capacidad de absorber parte del ahorro embalsado durante los confinamientos es uno de los factores que amenazan la recuperación global. Instituciones y servicios de estudios están trasladando a 2022 parte de las tasas de crecimiento que antes auguraban para 2021, aunque los resultados empresariales están siendo sólidos, sobre todo en EE UU, donde las Bolsas cotizan en zona de máximos históricos. La subida de precios se une así a los cuellos de botella y su impacto en la cadena de suministros como uno de los factores que más inquietan.

¿Es completamente negativa una subida de precios?

Los países más endeudados —caso de España—, pueden beneficiarse de una subida de la inflación, dado que ayuda a diluir el valor de la deuda pública. Pero ese influjo positivo depende en gran parte de que los bancos centrales resistan la tentación de subir tipos y retirar estímulos, pues en ese escenario la financiación de la deuda se encarecería y el Estado tendría que dedicar más recursos a pagar sus deudas.

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