Carlos Felipe Jaramillo: “Me preocupa el impacto de la subida de tasas en EE UU sobre América Latina”

El vicepresidente del Banco Mundial rebaja el optimismo sobre un superciclo de materias primas y cree que no se regresará al nivel de riqueza prepandemia hasta 2023

El vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Carlos Felipe Jaramillo.
El vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Carlos Felipe Jaramillo.

El hombre fuerte del Banco Mundial para América Latina, Carlos Felipe Jaramillo (Bogotá, 59 años), suma ya dos décadas a de trayectoria en el multilateral. Ha sido director para Kenia, Ruanda, Somalia y Uganda, y jefe de Macroeconomía, Comercio e Inversión. Hoy, al frente la relación del organismo con sede en Washington y los países del bloque, atiende a EL PAÍS por videoconferencia desde Washington. Son cerca de 45 minutos, en los que pasa revista a todos los temas de la región: le preocupa la inflación y el impacto que la subida de los tipos de interés en Estados Unidos pueda tener sobre el bloque. Atisba una recuperación desigual, a múltiples velocidades; descarta un superciclo de las materias primas como el de hace una década; y llama a los Gobiernos del bloque a seguir el ejemplo de Ecuador con reformas fiscales progresivas para aumentar la recaudación y reducir la desigualdad.

Pregunta. ¿En qué punto está la recuperación en América Latina?

Respuesta. La crisis ocasionada por la pandemia ha sido la peor contracción desde hace más de 100 años. Pero, afortunadamente, en los últimos seis meses, en la mayor parte de la región vemos una recuperación. Hay países que están andando muy rápido: Perú, Chile, Colombia, Guatemala, Brasil o, curiosamente, Argentina, a pesar de sus problemas. Pero hay otros que no están logrando recuperarse a un ritmo importante: especialmente las islas del Caribe, que dependen mucho de los ingresos del turismo y en las que la variante ómicron ha vuelto a generar problemas.

P. ¿Cómo está siendo el impacto de ómicron en la región?

R. Había mucho temor de que podría hacer un impacto similar al de la variante de esta, pero no. La mayoría de países no han respondido con políticas tan restrictivas para como en fases anteriores, y la economía ha seguido funcionando bien. Esperamos un impacto económico relativamente leve.

P. ¿Cuándo recuperará la media del bloque el nivel de PIB prepandemia?

R. Va a depender del ritmo que veamos este año, pero en nuestro pronóstico es que se regrese al PIB per cápita de fines del 2019 en algún momento del 2023.

P. ¿Teme una recuperación a dos velocidades?

R. Grosso modo sí. Aunque me atrevería a decir que van a haber múltiples velocidades, más de dos. Algunos países, como Ecuador, van a salir de la crisis haciendo reformas. El Gobierno del presidente [Guillermo] Lasso viene moviéndose bien y es uno de los poquísimos que ha logrado aprobar una reforma fiscal progresiva, con aumentos de impuestos a los estratos más altos. Ese es el tipo de iniciativas que la región necesita en estos momentos. Luego hay un segundo grupo de países donde va a ser difícil hacer reformas y que van a tener tasas de crecimiento bajas, similares a las que a las que se daban antes de la pandemia. Y en un tercer grupo, más preocupante, pongo a un buen número de países del Caribe de los que hablaba: economías muy dependientes del turismo, que han quedado excesivamente endeudadas después de la pandemia y que van a requerir de nuevo procesos de consolidación fiscal complejos.

P. ¿Cuánto va a ayudar a la región el encarecimiento de las materias primas? ¿Estamos ante un superciclo?

R. Nuestro grupo de expertos en predicciones no cree que venga un superciclo. Ven la situación como muy coyuntural, relacionada con este gran rebote de la economía global. En el corto plazo, los mayores ganadores en el corto plazo son principalmente Chile y Perú por sus enormes exportaciones de metales, y los exportadores de petróleo, que en nuestra región ya son relativamente pocos, pero diría que Ecuador y México, Trinidad y Tobago y Venezuela hasta cierto punto, aunque su capacidad de producción está muy venida a menos. Pero en el mediano plazo volveremos a precios promedio. No veo un panorama demasiado positivo por este factor exógeno, por eso lo más importante es que los países hagan su tarea interna y traten de obtener dinamismo económico con sus propios esfuerzos. Soy muy optimista en que, con buen liderazgo y consensos, los países puedan ir hacia una agenda de crecimiento más y más dinámico que en el pasado.

P. ¿Qué hay de las remesas? Su comportamiento ha sido infinitamente mejor de lo que se preveía al inicio de la pandemia.

R. Es cierto. Está asociado el éxito en el manejo de la crisis en los países desarrollados. Mientras las economías desarrolladas sigan bien, ofreciendo empleo, las remesas se van a mantener.

P. Es más optimista, entonces, que con las materias primas.

R. Sí, pero mi optimismo es moderado: no veo a las remesas como una fuente de dinamismo económico para la región. Dan estabilidad macroeconómica, sobre todo en épocas de crisis, y eso está bien. Pero usualmente no son fuente de inversión y crecimiento futuro. Son muy importantes para el bienestar de las familias que las reciben, y tiene algún efecto multiplicador. Pero no he visto todavía ningún caso de una economía que haya podido desarrollarse y fundamentalmente financiada por remesas. No lo veo como el gran factor jalonador de la economía.

P. La Reserva Federal ya ha empezado a retirar estímulos, y apunta a marzo como fecha probable para la primera subida de los tipos de interés. ¿Teme un nuevo taper tantrum en la región, como en 2013?

R. Me preocupa bastante. No podemos descartar la posibilidad de reacciones así, fuertes y desordenadas, al estilo del taper tantrum. No estoy pronosticando que eso vaya a suceder, pero los mercados financieros suelen ser difíciles de predecir en momentos de cambios en las tasas de interés. Lo que más me preocupa es que toma la región en una situación vulnerable. La deuda ha aumentado en los dos últimos en cerca de 15 puntos del PIB. Es un salto muy grande: estamos llegando a cifras muy cercanas a las de la crisis de los años ochenta. Aunque afortunadamente una parte importante es deuda interna, lo que pase con las tasas de interés en dólares y en euros tiene un impacto. La región tiene que empezar el proceso de consolidación: los países que van a salir mejor de este período son aquellos que empiecen a hacer públicos pronto sus planes para estabilizar estos niveles tan altos de deuda. No es necesario reducirlos dramáticamente, ni hacerlo este año. Pero sí, por lo menos, tener un plan claro de manejo de ingresos y de gastos.

P. Y la inflación está de vuelta.

R. También seguimos este tema con preocupación. Especialmente porque está teniendo un componente alimentario grande, y tiene un impacto mucho más fuerte sobre los segmentos de menores ingresos de la población. Son los que más han sido golpeados por la pandemia, y ahora la subida en los precios de los alimentos puede ser otro golpe adicional. Tengo la esperanza de que sea bien manejado y solo de corto plazo. Pero nos ha sorprendido a todos la fuerza que ha tenido. Vamos a seguirlo con mucho cuidado.

P. La pandemia ha traído consigo también un aumento de la inequidad en todo el mundo. Pero en América Latina llueve sobre mojado: es la región más desigual del planeta. ¿De cuánto será el retroceso?

R. Hubo logros importantes en los últimos 20 años, con una reducción notable de la desigualdad. Sin embargo, nuestros datos muestran que ha habido un retroceso muy gordo. Todavía estamos haciendo los cálculos para el 2021, pero nuestra predicción es que vamos a regresar a los niveles de desigualdad de mediados de la década del 2000. Es un retroceso de más de una década: las secuelas sociales de esta pandemia van a perdurar y va a ser fundamental tener políticas muy activas el empleo. También que los más vulnerables puedan tener apoyos para entrar al mercado laboral.

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Sobre la firma

Ignacio Fariza

Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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