El precio disparado del butano ahoga a los hogares: “En lugar de tres bombonas al mes, ahora consumo dos”

La botella de este gas derivado del petróleo alcanza los 19,55 euros, un nuevo máximo histórico

Un butanero repartiendo bombonas de este gas en el distrito de Carabanchel (Madrid).
Un butanero repartiendo bombonas de este gas en el distrito de Carabanchel (Madrid).KIKE PARA

Desde hace tres décadas, cada dos meses, la visita del butanero al hogar de Gloria Carrasco es una cita fija. Vive con sus padres en un bloque de pisos de más de 50 años situado en un barrio humilde de Huelva. “La estructura es antigua y no es viable instalar un sistema de energía renovable”, cuenta al otro lado del teléfono. Toda su familia contribuye en los gastos habituales del hogar, por lo que la escalada de precios de la bombona de butano no ha pasado desapercibida. “Hace años veía a mis padres abonarle al butanero 10 euros por una botella, más una propina. Hoy son casi 20 y no le damos nada más”.

La hoguera inflacionaria está pasando una importante factura sobre los gastos de vivienda. La bombona de butano tradicional, de 12,5 kilos, se acerca a toda velocidad a los 20 euros. Su precio se revisa cada dos meses por la Dirección General de Política Energética y Minas, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, tomando en consideración —sobre todo— el precio de la materia prima en los mercados internacionales. En mayo, según una resolución publicada el pasado martes en el Boletín Oficial del Estado, su precio ha sido de 19,55 euros, un nuevo máximo histórico. La subida supone un incremento de casi el 5% respecto a la anterior revisión (en marzo) y del 34% en comparación con un año atrás. Es la décima subida consecutiva desde septiembre de 2020, cuando empezó la tendencia alcista.

El ascenso no es inesperado. El fuerte aumento se debe principalmente al encarecimiento del crudo (+6% en el período), en gran medida por la invasión rusa de Ucrania, aunque no solo: la escalada del petróleo —y, por tanto, del butano— había empezado bastante antes. A ello se suman el aumento en el coste de los fletes (que ha subido casi un 10%) y la depreciación del euro frente al dólar. Las actualizaciones del precio de la bombona no pueden variar en más de un 5%: los incrementos adicionales se van acumulando para aplicarse en revisiones posteriores, como recuerdan desde la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). De no existir ese límite, el precio sin impuestos de la botella se habría incrementado un 8%. El gas natural, el principal competidor del butano, tampoco ha sido inmune al encarecimiento general que ha sufrido el mercado energético. Con respecto a hace exactamente un año, este lunes costaba un 211% más.

La mayor comercializadora de butano en España es la petrolera Repsol, que cuenta con alrededor de 200 agencias distribuidoras desplegadas por todo el país. En ellas trabajan más de 2.000 butaneros que entregan las bombonas a los domicilios de los usuarios. Además, cualquier consumidor puede adquirirlas en las estaciones de servicio y llevárselas a casa por su cuenta, siempre que tenga contrato. Roberto Rodríguez, encargado de la agencia distribuidora de Repsol en Medina de Pomar (Burgos), es consciente de que el encarecimiento del gas ha creado un profundo malestar entre sus clientes. “A todos les parece un precio excesivo para un bien de primera necesidad. Muchos, en lugar de coger dos botellas, compran una sola y se esperan para ver si dentro de dos meses se ponen más baratas”, señala.

A pesar de la inquietud, algunos trabajadores del sector dicen que las ventas de butano no han descendido. Raquel García, encargada de un punto de venta en Montijo (Badajoz), asegura que ante el repunte del precio de la luz, varios clientes han cambiado los aparatos eléctricos por aquellos a gas. “Aunque parezca un retroceso, es más barato y así no tienen que estar atentos a los tramos horarios para gastar menos”, comenta. Según Juan Antonio Sánchez Calero, butanero desde hace más de 20 años, aunque el ritmo de compra no se ha reducido, la mayoría de los usuarios ya no suele guardar ninguna bombona en casa: “Van a por otra justo cuando están a punto de terminar la que tienen. Es una forma de distribuir los gastos mes a mes”.

En sus pedidos diarios, los butaneros son testigo de las dificultades económicas por las que pasan algunos de sus clientes. Antonio Sánchez Claudio empezó a repartir botellas de este gas con 13 años, cuando salía del colegio. “Es penoso ver cómo algunas madres buscan hasta la última monedita a la hora de pagar. A veces he vuelto a mi casa hasta con lágrimas en los ojos. Han llegado a decirme en mi propia cara: ‘Antonio, ¿me puedes dejar una botella de butano para bañar a los niños que llevo tres días sin hacerlo? Ya te lo pagaré después”, asegura.

Gastos más controlados

Cerrar el grifo es la estrategia más común para disminuir los gastos. Carrasco, por ejemplo, enciende menos el termo durante las tareas del hogar. “Son pequeños detalles que contribuyen a alargar la vida de la bombona”, advierte. Sara Camacho, que comparte un piso con su pareja en el barrio madrileño de Hortaleza, también intenta reducir al máximo el consumo de agua caliente: “Hago duchas más templadas y más cortas, y a la hora de fregar los cacharros de la cocina me apaño con agua fría. En lugar de tres bombonas al mes, ahora consumo dos para tratar de amortiguar la subida de precios”, admite.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) prevé que en la próxima revisión, que tendrá lugar en la mitad de julio, se alcanzará el límite de los 20 euros. “Bastaría una subida ligera para situar el precio de la bombona de butano por encima de ese umbral. Es un duro trago para los miles de usuarios de este combustible, que a menudo no pueden acceder a otras alternativas”, señalan fuentes de la asociación. Sánchez Claudio hace hincapié en que ahora las estufas y los calentadores no funcionan tanto, pero cuando llegue el próximo invierno muchas familias no podrán permitirse cambiar la bombona de butano. “De momento, dos botellas cuestan 40 euros, lo que equivale a un día entero de trabajo. Es un abuso”, zanja.

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